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Isabel Bayón, bailaora de flamenco. Entrevista

“El arte más sutil es el
más complicado de hacer”

Silvia Calado. Jerez, marzo de 2008

‘Del alma’ confirmaba toda sospecha. ‘La mujer y el pelele’ la superó. Y, finalmente, ‘La puerta abierta’ la consagró. Isabel Bayón ha sabido hacerse, paso a paso, un sitio propio en el panorama actual del baile flamenco. A la sevillana no le han hecho falta grandes alardes técnicos, ni coloridos cuerpos de baile, ni cuadros orquestales. Con los ingredientes justos, ha sabido cocinar su propia receta, guisada con el reposo propio de los maestros, pero sazonada con la frescura de quien cree en sí mismo y en su tiempo. Y ello no quiere decir que haya perdido el vértigo al siguiente paso... que ya está al venir.


Isabel Bayón en 'Del alma' (Foto Daniel Muñoz)

Un poquito de balance, para empezar. ¿Cómo ha evolucionado ‘La puerta abierta’ desde el estreno?

El espectáculo ha ido cambiando bastante. Cuando empezó, no sabíamos bien lo que iba a salir. Y es que surgió casi sin pensar. Pepa Gamboa y yo decidimos montar algo nuevo después de ‘La mujer y el pelele’, estábamos en un momento en el que nos apetecía hacer algo más pequeño, más íntimo. Surgió la fecha de la Fundación El Monte, el 1 de diciembre de 2005, y decidimos ponernos manos a la obra. Poquito a poco, fuimos dándole forma, pues no sabíamos exactamente qué queríamos, pero sí pequeño formato, poca gente, gente que me gustase. En este caso, el cantaor fue Juan José Amador; Jesús Torres el guitarrista –que sigue siendo el mismo-; y Sergio Martínez a la percusión. No llevábamos nada, ni escenografía ni nada porque, además, la sala es de recursos limitados y los utilizamos lo mejor que pudimos. Realmente, lo que se hizo fue una puesta en escena en aquel momento, Pepa le dio algo de forma y elegimos los palos que me apetecía bailar: quería bailar milongas, quería bailar por alegrías, que hacía mucho que no la bailaba... Y luego, yo tenía también los martinetes de La Piriñaca y de Agujetas. Era una selección de martinetes que me pasó Fernando Romero, porque él tiene una discoteca impresionante de cosas antiguas y de cosas que nadie sabe que existen. Yo en el 'minidisc' le tengo puesto la etiqueta ‘pa llorar’. Y es que me pasaba eso, que cada vez que lo escuchaba, me hacía llorar. Tenía claro que quería hacer algo con eso.

A lo que se sumaron las ‘Variaciones Goldberg’...

Exactamente. Pepa quería algo, en principio, de copla. Luego cambiamos a un instrumento solo, a un clarinete, y al final yo encontré a Glenn Gould haciendo las variaciones de Bach al piano, que es un personaje alucinante, un pedazo de artista, y me emocionó mucho. Era una pieza tan delicada, que iba tan acorde con todo lo demás, que las dejé para ese momento de apertura. Y además se escucha su voz, la voz del pianista, cantando la variación mientras toca.


Isabel Bayón y Miguel Poveda en 'La puerta abierta'
(Foto Daniel Muñoz)

Y de aquel preestreno a la presentación en la Bienal de Sevilla 2006, donde se hizo con el premio al mejor espectáculo, hubo un gran salto, ¿no?

Yo tenía ganas de hacerlo en la Bienal. Planteé a la Agencia Andaluza del Flamenco poderme ayudar con este espectáculo, fui allí intentando saber en qué podía ayudar a la gente del flamenco, porque exactamente no sabía qué cometido tenía. Fui con este proyecto a medio terminar y ellos me ayudaron con la producción, un diseño de luces, un diseño de escenografía y una escenografía. Y para esa ocasión, yo tenía muchas ganas de trabajar con Miguel Poveda, con quien ya había colaborado anteriormente, hacía bastante tiempo, y es uno de los cantaores de ahora que me emociona. Me decidí porque yo no soy muy echada p'alante para esas cosas, pero lo llamé, hacía mucho que no hablaba con él, pero en el momento que se lo planteé no me hizo falta explicarle nada, aceptó sin ningún problema, con gusto.


Isabel Bayón en 'La puerta abierta'
(Foto Daniel Muñoz)
 
   

Lo hiciste también con El Pele. ¿Cómo cambia según muevas esa ficha del cantaor?

Cambia muchísimo, son dos espectáculos diferentes. Yo es como si hiciera un espectáculo distinto cada vez que lo hago con uno. Cambia la sensación, la intensidad, los matices... un espectáculo distinto. Con Miguel el espectáculo está más medido, más sutil. Y con El Pele cambia de registro, es mucho más salvaje, está un poco más eléctrico y está el factor riesgo. No sabemos muy bien por dónde va a salir, no está atado todo. Pero hay algo que me gusta de eso... soy arriesgada, aunque parezca que no. Me gusta tener las cosas no demasiado atadas. Con Miguel también está eso, pero con El Pele se acentúa.

¿Cómo se vive el ‘momento pasodoble’ en el que cuentas con la complicidad del cantaor... al baile?

Es un momento, además, que esperamos en el escenario. Ese número sí que no lo tenía pensado. Fue una propuesta de Paco Arriaga, que me dijo que por qué no hacíamos un pasodoble. Yo no lo veía... bailado, flamenco. Pero me dijo que esperara, que iba a sacar algo. Y cuando me lo dio, me enamoré del pasodoble. Es flamenquísimo y me parece que está perfecto. Y luego como Pepa le puso ese ambiente de velá; huele a fiesta, a noche, a verano. Estamos esperando ese momento porque siempre hay una reacción si no del público, nuestra. Disfrutamos mucho ese pequeño bailecito.

Miguel Poveda dice que está deseando que lo saques a bailar...

Pues cuando se lo dije la primera vez se echó a temblar. Y luego se da hasta una pataíta... Le ha cogido el gusto y ya baila en sus espectáculos. Lo pasamos muy bien, la verdad.

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