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Hay mucho contraste en el espectáculo
en cuanto a baile. ¿Cómo cambias el chip
para pasar del estado del martinete al de la alegría?
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Isabel Bayón
en 'Del alma'
(Foto Daniel Muñoz) |
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Simplemente, escucho. Yo sé que
ahí se para y que va a entrar el martinete, pero
en el momento en el que escucho a ese hombre cantar, surge
algo que a mí me hace llorar. No es algo que sea
difícil sino que, simplemente, lo escucho y lo
paso por mí... me rompe el pecho. Hay veces que
se me pone el puchero y tengo que respirar antes de seguir
bailando por alegrías, tengo que tomarme mi tiempo
porque es brusco. A veces, los niños me dicen “reacciona,
que estamos ahí detrás congelados”.
Ellos están deseando que empiece para poder romper
la posición que tienen. Pero me tengo que tomar
mi tiempo, me cuesta cambiar en ese momento a la alegría.
Pero luego cuando entro en la alegría no sé
cómo explicarte, es como una explosión pero
de alegría. ¿Cómo puede ser tan rápido
y tan rotundo pasar de la risa al llanto? Como los niños
chicos, igual. Porque es pasar del llanto a la alegría
más absoluta, es el momento más feliz del
espectáculo y de muchos momentos de mi vida. Y
se trata de unos segundos. Es salir del martinete y te
pega un subidón que no hay palabras.
¿Los sentimientos que
se ven son reales?
Cada número es una parte de mí.
Si hago la milonga estoy en mi parte más sensual,
en la alegría soy más pícara... Son
distintas partes de mí. Todas son yo. No es una
biografía, pero soy yo. Y es una de las cosas que
pretende el espectáculo.
Y todo ello sucediendo en ese
espacio, en esa habitación en la que te ‘desnudas’...
Yo no la siento como una habitación
física, es mi interior, es lo que yo siento. Y
cuando me desnudo es un poco poético. Todos los
cambios que suceden en esta habitación son los
cambios que yo voy sintiendo.
Tiene relación con ‘Del
alma’ en el sentido de intimidad...
Un poco sí. Este es más
íntimo todavía, si cabe. En ‘Del alma’
quería hacer ver la parte que no ve el público,
ese nervio de cuando estamos antes de bailar o de cuando
estamos entre cajas. Yo me suelo santiguar, suelo estirar,
no paro entre cajas, porque si paro me voy para atrás,
no pongo el pie en el escenario. Y son unos segundos de
pánico que tengo que superar. Yo cada vez que salgo
al escenario tengo que perder un poco el sentido porque
si no, no soy capaz. Yo he hecho ‘puenting’
y es la misma sensación. Si lo piensas, no saltas.
Por unos segundos dejo de pensar y es como tirarte al
vacío. Una vez que estás en el vacío,
estás encantada de la vida, pero son unos segundos,
bueno, unos minutos más bien, de auténtico
pánico. Y eso es lo que quería mostrar en
‘Del alma’, esa parte que no ve el público,
esa sensación de salir, el ensayo general, entre
cajas... Pero no es la intimidad de ‘La puerta abierta’,
que es más de sentimientos que de hechos.
Isabel Bayón
en 'Del alma'
(Foto Daniel Muñoz) |
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¿Y ese pánico no
se pasa con el tiempo?
No. Y soy profesional desde los cinco
años. Claro que con esa edad no eres consciente.
Da como miedo verte tan niña
en fotos y vídeos con Antonio
Mairena, con Chano
Lobato...
Pero para mí era como estar jugando.
Era mi juego, jugaba a bailar. Yo pecaba de eso. La gente
me decía que si no me ponía nerviosa y yo
decía que no, que por qué. Pero a medida
que vas sabiendo más, que te vas exigiendo más,
que te vas poniendo más metas y entras en un círculo
que te hace estar a una altura, todo eso te va creando
cada vez más responsabilidad. Y lo que te hace
es ponerte cada vez más nerviosa, sentir cada vez
más respeto por este mundo. Es tan difícil
dedicarte a este arte... Aparte de dar lo que tienes,
que no es poco, hay muchas cosas que rodean a este arte
que son mucho más difíciles que bailar.
Pero no puedes desconectar de eso y todo te va creando
cada vez más responsabilidad. Va pesando y creo
que le pasa a todo el mundo, no creo que yo sea especial
y, además, es lo lógico. Te van exigiendo
cada vez más... o tú crees que te van exigiendo
cada vez más. Yo lo único que intento es
estar tranquila con lo que hago, mostrar lo que siento
y ser coherente y honesta. Y acostarme tranquila después
de un espectáculo, por haber hecho lo que realmente
me apetecía, por haber disfrutado haciéndolo
y, además, por que la gente ha disfrutado viéndolo.
¿Qué más puedo pedir?
Aunque para exigencias, ‘La
mujer y el pelele’...
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Isabel bayón
en 'La mujer y el pelele' (Foto Daniel Muñoz)
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Ya no me quedaba nada más por
hacer. Canté, hablé, bailé, hice
un poco la payasa... Me lo pasé como nunca. Además,
me pareció un espectáculo completísimo:
hay buen baile, buen cante, buena música, buen
teatro... Había un poco de todo. Hasta había
una parte de mi vida, porque hay un documento audiovisual
que para mí es muy especial, lo saqué del
cajón, lo vieron Pepa y Antonio Álamo, y
fliparon. Es un espectáculo muy rico, muy divertido,
siempre terminas el espectáculo con la sensación
de habértelo pasado superbien, no con el pellizco.
‘Del alma’ y ‘La puerta abierta’
te dejan un pellizco en el estómago, pero ‘La
mujer y el pelele’ era todo lo contrario, lo soltabas
todo... Tomasito
está fantástico, Juan
José Amador está increíble...
Todos. Me lo paso bien desde el principio hasta el final.
Sin parar de reírnos. Un espectáculo muy
abierto al gamberrismo. Jejeje. Los artistas
que vamos somos un poco gamberros. Y cada vez que lo hacemos,
cada uno se deja llevar por el momento y saca su parte
más creativa.
¿Le hace falta al flamenco
sacar más esa parte desenfadada?
Sí, absolutamente. Estamos todos
muy apretados. Pero creo que se está yendo un poco
a esa línea. Yo, por lo menos, quiero ir hacia
esa línea, reírnos un poco de nosotros,
de lo que está pasando.
¿Qué está
pasando?
No sé, los movimientos, las movidas.
Hay mucha diversidad y cada uno está buscando donde
puede... y a veces nos los tomamos todo demasiado a pecho.
Me gustaría hacer un montaje en el que me ría.
No de nadie ni de nada, sino una risa sana, como una parodia
de nosotros mismos. Que vayamos al teatro a pasar un rato
superdivertido.
Isabel Bayón
en 'Del alma'
(Foto Daniel Muñoz) |
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¿Cómo ves el momento
actual del baile flamenco?
Hay de todo. Creo que es un momento muy
amplio, hay mucha diversidad, hay gente muy dispar y muy
distinta que busca. El baile está en ebullición...
y el flamenco, en general. Hay una variedad para todo
tipo de gustos. Y eso está bien, es muy positivo,
la gente está viva y con ganas de decir cosas.
Cuando Matilde
Coral salió de ver ‘La puerta abierta’
en el Teatro Villamarta de Jerez dijo que era tan difícil
bailar sencillo...
Para mí es lo fácil porque
es lo que siento. Aunque sí que es verdad que muchas
veces en la sencillez está la dificultad; es una
sencillez entre comillas. Muchas veces el arte más
sutil es el más complicado de hacer. Y si se refería
a eso, es cierto que es realmente complicado hacer de
algo fácil algo intenso y atractivo. Si tú
haces ‘chimpún’ con una ráfaga
de luz y una carretilla impresionante y rematas y le tiras
un beso al público es mucho más fácil
que si haces todo lo contrario, que si estás bailando
hacia dentro y desde dentro.
¿Estás ya embarcada
en nuevos proyectos?
Estamos en ello. De nuevo, el dúo
Pepa Gamboa y yo. Como nos va bien, seguimos. Tenemos
muy buena relación, nos entendemos muy bien. Ella
da ideas, ideas, ideas, y como tenemos tanto respeto la
una por la otra, vamos llegando a un sitio bastante cómodo
para las dos.
¿Quizás para la
próxima Bienal?
Quizás para Bienal.
Y, de hecho, unos días después
de esta conversación, en el programa
de la Bienal de Flamenco de Sevilla 2008 se confirma
el estreno de un nuevo espectáculo de Isabel Bayón:
‘Tórtola Valencia’. El estreno está
previsto para el 29 de septiembre en el Teatro Lope de
Vega de Sevilla, con la dirección de Pepa Gamboa
y la colaboración especial de Matilde Coral.
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