Israel Galván
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"Cruce de caminos"

 

 

"Donde me
encuentro
bien bailando
es encima
del riesgo"

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Entrevista a Israel Galván, bailaor:

"Me gusta que, sobre el escenario,
la gente me vea como una porquería"

Silvia Calado Olivo. Jerez, marzo de 2002

Al camerino del jerezano Teatro Villamarta llegó descontento de su actuación junto al trío de Gerardo Núñez la noche del 4 de marzo de 2002: "Nunca me puedo recrear". Israel Galván se dice a sí mismo que "es culpa de esa relación amor/odio que tengo con el baile". Quizás la misma relación que el bailaor sevillano pueda tener con el público. Su propuesta, que no es más que su personalidad, tiene casi más detractores que seguidores. Y es tan consciente de ello, que admite que sus movimientos despierten tanto el ole como el asco.

 

Israel Galván (Foto: Daniel Muñoz)

Te presentan como el Nijinsky del baile flamenco, como un artista innovador, experimental... ¿es buscado o cuestión de personalidad?

Buscado a propósito, no. Cuando algo sale forzado se ve. Donde me encuentro bien bailando es encima del riesgo. No es porque tenga una estrategia, ni me he planteado ser el más vanguardista. Sale. Creo que también, el estado de ánimo en el que se encuentre el artista dentro de su arte -en este caso, el baile- es determinante. Yo sé que no soy el típico bailaor de flamenco que tiene su punto de referencia sólo en el baile flamenco, pero tampoco es que yo quiera innovar, fusionar con el contemporáneo... Lo que pienso, lo que está en mi cabeza, son muchas imágenes, muchos movimientos del cuerpo, muchas posibilidades dentro de la música.

A pesar de lo transgresora que pueda ser tu propuesta, las raíces son bastante sólidas. De hecho, nacen de la escuela sevillana...

Si me meto en una cosa nueva, innovadora o que nunca se ha hecho es siempre desde la raíz. Te voy a dar un ejemplo. Al hacer 'La Metamorfiosis', yo me basé para cada pieza en varios bailaores. Cogí a Vicente Escudero, a Enrique el Cojo... porque veía en sus personalidades fragmentos del libro. Cuando la situación era que el insecto estaba saltando, por ejemplo, siempre me iba a ver la energía de Farruco.

¿Has asumido la condición de bicho raro?

La verdad es que a mí me gusta bailar, de vez en cuando, haciendo pellizquito. Es un diálogo con el público de ole. Pero también me gusta que, sobre el escenario, la gente me vea como una porquería. Me gusta despertar esas sensaciones desde el escenario. Y eso me da una experiencia que me va a servir. Yo creo que ningún bailaor de flamenco, que yo sepa, cuando sale al escenario, quiere que la gente diga "qué asco". Yo valoro esas reacciones.

¿Prefieres convencer a esa mayoría o quedarte con la minoría que te entiende?

Ante todo, prefiero encontrarme bien yo mismo. Me gustaría, con el tiempo, tener mi propio público, porque eso me va a dar continuidad. Yo, por lógica, entiendo que, cuando ve que mi propuesta es radical, la gente se vaya. Igual que yo cuando veo 'Operación Triunfo'. Yo digo "qué asco" ante esa propuesta radical desde el ámbito del márketing. Lo entiendo y apago la tele. Y entiendo que la mitad del teatro se vaya al verme a mí, pero esa es la propuesta que quiero dar.


Israel Galván (Foto: Daniel Muñoz)
 

¿Con qué objetivos desarrollas tu trayectoria artística?

No me lo planteo, voy día a día. Lógicamente, con el paso del tiempo, se te ocurren ideas y, según se vayan desarrollando, iré cambiando yo. Pero día a día, no me planteo que en unos años formaré compañía ni nada de eso. A ver lo que sale.

Formar compañía, siendo tu baile tan personal, no parece fácil, ¿no?

Si llevara grupo, no sería un cuerpo de baile, sino que intentaría crear situaciones con distinta gente. Nunca sería la compañía típica de flamenco clásico español.

Algunos bailaores más veteranos denuncian que sienten que las nuevas generaciones están perdiendo el rumbo...

Creo que en este momento hay gente para todo. Hoy, por ejemplo, hemos bailado tres (el programa incluía 'Mano a mano' de Andrés Marín y Rafael Campallo) y cada uno tiene su mundo. Rafaelito se acerca más al baile tradicional, entonces tampoco es que todos los jóvenes estén haciendo cosas raras. El Pipa también mantiene esa línea. Creo que los jóvenes que nos atrevemos a demostrar otras cosas lo hacemos porque creo yo que haber ido al colegio, tener Internet, DVD, ver películas... vivir la vida como está ahora no te da los mismos referentes. Todo eso te influye. No es lo mismo un artista de antes que iba a las fiestas, al tablao y luego salieron al teatro. Aún así, yo veo las coreografías de Mario Maya y sus ideas y sus posturas y creo que algún flamenco en su época diría "¿dónde va este?". Yo mismo he bebido de Mario. Sólo deseo que cuando tenga yo la edad de ellos, salgan jóvenes haciendo cosas y que yo diga "esto no vale". Creo que hay gente veterana que es muy abierta...

Te has acercado a gente con tanta personalidad y capacidad creativa en el cante y la música como Enrique Morente o Gerardo Núñez. ¿Qué entiendes que os conecta?

La influencia es positiva porque, como bailaor, no sólo aprendo ensayando y viendo cuántos pies hago o cuánta técnica tengo, sino sabiendo crear, buscando cómo me puedo plantear un baile. Los campos, los climas que ellos tienen, te abren a la hora de hacer unas alegrías, a la hora de hacerlo todo. Aparte, están la fuerza y la energía que desprenden. Tengo la suerte de aprender de ellos, no sólo cuando te dicen mira cómo toco o mira cómo canto, sino también de la manera en que te dicen, "ven, tómate algo". Son muy grandes, son muy flamencos pero, a la vez, tan personales y tan inteligentes... Como personas, son filósofos... sin licenciatura.

 

Más información:

Entrevista a Andrés Marín

Entrevista a Gerardo Núñez

 
 
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