|
<<
Anterior
Y hablando de tiempo... ¿en
qué momento artístico te sientes?
Yo siempre me he encontrado a mí mismo, pero sabes
que hay altibajos. Es todo tan complicado y, últimamente,
intervienen tantas historias ajenas al baile y al arte...
Eso no me gusta nada. Se nota mucho la diferencia entre los
artistas que venden otra cosa que no es bailar y los que sólo
ofrecen su arte. Y cuando ese tipo de artistas tiene en la
mano oportunidades que a los demás nos cuesta la vida
tener, van y la desaprovechan. Todo eso te frena un poco.
¿Por qué te tienes que pelear con estas cosas?
Antes sólo consistía en cantar, bailar y tocar.
Y el que mejor lo hacía era el que estaba arriba.
Yo me siento bien, pero querría tenerlo más
fácil para hacer muchas más cosas. Ahora, además,
tenemos la política en medio y ya no es sólo
luchar con un manager. Ahora es doble. Y depende de que le
gustes a la persona que te recibe, es complicadísimo,
cada vez más. Ahora es el político el que manda.
Y eso limita. Creo que el deporte, al que soy muy aficionado,
funciona igual y está también limitado, con
criaturas que se machacan y ven cómo el tiempo pasa...
Lo veo muy cruel. Y en el flamenco, me gustaría que
otra gente tuviera oportunidades. Siempre que me preguntan
por artistas nuevos, intento hablar bien de ellos, pues tienen
derecho a un sitio.
Javier Barón con
Diego Carrasco, Diego del Morao y Bo
(Foto: Daniel Muñoz) |
|
| |
|
¿Cómo ves a la generación de
bailaores que llega ahora?
Van muy ligeros todos, tienen pilas alcalinas. De fuerza,
están sobrados todos. Y de técnica y de preparación
están fantásticos. Pero llega un momento en
el que corren más que los Ferrari. Eso se lo da su
tiempo, el ansia de demostrar, de que los vean. Y no lo puedes
frenar. Lo entiendo, cuando yo era joven también tenía
el ansia de demostrar y de llegar. Me gustaría que
fueran más despacio las cosas, más matizadas,
más lentitas, pero lo entiendo. La evolución
que se va llevando en tantas cosas de la vida, en la tecnología...
va todo con mucha rapidez. Y hay gente muy buena, que se le
ve destacar. Se ve rápidamente cómo va a ser
un bailaor dentro de cuatro o cinco años. Y veo que
el flamenco, en general, se está viendo de otra manera.
Está en un momento grande en el mundo.
¿A pesar de las dificultades que has mencionado?
Es que, en conclusión, te gusta esto y por esto se
intenta luchar. Una de nuestras mayores satisfacciones es
el reconocimiento del público. El aplauso final de
un trabajo que has hecho y en el que has creído, es
lo más bonito que nos puede pasar. Y eso es lo que
me da el ímpetu para seguir y para luchar. Equivocaciones
las tenemos en todo, pero el aplauso del público es
la vitamina que necesitas para meterte en el siguiente berenjenal.
Y no me quiero quedar con las ganas de plasmar las ideas que
me rondan la cabeza, por mucho que cuesten los materiales
de la obra... porque quieres materiales buenos, no de segunda
mano. Y eso cuesta.
Además de tus propios proyectos, has colaborado
en espectáculos como ‘Los Juncales’. ¿Qué
tal te has sentido con esa ‘pandilla’?
Aparte del ‘Dime’, es lo más divertido
que me ha pasado. Son bellísimas personas y grandes
artistas todos. El que no baile ahí con ellos, es que
no sabe hacer nada de esto. Lo que hacen ellos es música,
aparte de ritmo y compás. Ahí hay una cosa tan
sencilla y tan grande que no se sabe ni explicar. Es una experiencia
dentro de mi vida, incluso el hecho de ensayar con ellos.
Saben cómo eres tú. Yo sé cómo
son ellos, que son más que yo... por lo menos, en número.
Jajaja. Y al final te metes en su historia. Con decirles
cuatro cosas, ya va todo solo. Diego
Carrasco sí me conoce por el ‘Dime’
y conoce mi forma de trabajar y cómo quiero llevar
las cosas, pero esto es otra historia. El primer día
que nos vimos me dijo: “Maestro, aquí cuanto
menos ensayar...”. Y yo comprendo la forma y el tema
de ellos. Ya sólo escuchando a cada uno, te olvidas
de todo y tiras para delante: a Moraíto, a Diego, a
Manuel Molina, a Tomasito. Ha sido una experiencia maravillosa
sólo que hayan querido acogerme. He ido como artista
invitado, pero con mucho respeto hacia ellos. Ha sido un placer
y un honor.
Será un respiro de vez en cuando no tener
‘guión’...
Eso es ser libre. No debería llamarse ‘Los Juncales’,
se debería llamar ‘Libre’. Es una forma
de ellos, que me encanta conocerla. Cada uno hablando a su
manera, te tienes que tirar de risa con cada uno.
¿Crees que al flamenco podría destapar
más la vis cómica?
| |
Javier Barón en 'Dime'
(Foto: Daniel Muñoz) |
| |
|
En ‘Dime’
fue una experiencia tremenda. Yo no sabía qué
iba a decir el público con tanta broma, pero me sorprendí
cuando vi la reacción en el Teatro Central. Y tengo
la esperanza de poder retomarlo. Lo piden de algunos sitios
y quizás el año que viene lo volveremos a hacer
en Sudamérica. He tenido una sensación tan bella
de ese espectáculo... En principio, era como una casa
de locos, pero después hubo tanta unión entre
todos nosotros, éramos seis que parecíamos veinticinco.
Qué piña, qué unión tan tremenda
para llevar eso adelante. Todo el mundo me sigue hablando
de eso. Fue un orgullo y el éxito... al final fueron
como treinta representaciones, hasta en La Habana. Yo tengo
mucho respeto a Lorca. Fue un encargo de su sobrina, Laura
García Lorca, que me conocía y tenía
muchas ganas de que hiciera algo en la Huerta de San Vicente,
donde organiza un minifestival en julio. Y a mí se
me vino el mundo encima. Con las cosas tan importantes que
se han hecho sobre Lorca... Al final, gracias a que me rodeé
de un magnífico equipo, el concepto era muy bueno porque
estaba hecho para entendidos, para el que no entendía,
un poco de teatro... Había variedad y a cada uno le
llegaba de una manera. Después la alegría esa,
se han hecho tantas cosas dramáticas sobre Lorca que
darle la vuelta a la tortilla daba como vértigo. Pero
me decían si tu baile es alegría, hay que trasladarla
a la Huerta, donde había invitados, donde se hacían
bromas...
También sigue de gira ‘Notas al pie’,
¿cómo evoluciona?
La verdad es que gusta mucho ese montaje. Cuando hago algo,
lo mantengo así, no me gusta volver. Ya me meto en
otra cosa. Terminas una producción, arreglas tres o
cuatro cosas más y no quieres saber más. Lo
acabamos de hacer en mi pueblo, en Alcalá, para clausurar
el Congreso de Flamenco. Hacía ocho años que
no actuaba allí y nunca lo había hecho con mi
compañía. Y se ha portado muy bien el pueblo
de Alcalá. Siempre me han visto un bailecito en el
Festival Joaquín de la Paula, pero eso no es lo mío.
Es bonito tener reconocimiento en tu pueblo, he sido ‘Alcalareño
del año’, me han dado la insignia de oro de la
Peña la Soleá... Estoy muy agradecido. Parece
que uno se hace mayor cuando empiezan los homenajes. Jajaja.
Pero creo que los reconocimientos llegan en el momento que
tiene que ser.
<<
Anterior
revista@flamenco-world.com
|