Javier Latorre
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Compañía de Javier Latorre

VI Festival de Jerez. Teatro Villamarta, 7 de Marzo de 2002
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"Los palos del flamenco. Colección completa"
(21 vídeos)

 

 


ENTREVISTA A JAVIER LATORRE, BAILAOR Y COREÓGRAFO

"El idioma del arte es un Esperanto para los artistas, con las ideas nos entendemos"

Silvia Calado Olivo. Córdoba, julio de 2002
Fotos: Daniel Muñoz

Punto de inflexión. El estreno de la comedia flamenca 'Rinconete y Cortadillo' y la simultánea creación de una nueva compañía marcan un inicio de etapa en la trayectoria profesional de Javier Latorre... la que da pie a la progresiva retirada de los escenarios -que no de la trastienda- del bailaor y bailarín valenciano. El objetivo es firme: "Crear repertorio y crear una institución de danza que me sobreviva, que sólo por su nombre genérico ya sea sinónimo de calidad". En el montaje basado en la novela cervantina, primera referencia del repertorio de este organismo, asume el reto de hacer reír con el flamenco y no del flamenco, con una propuesta que "ofrece calidad de imagen y calidad de sonido, como cuando compras un televisor. Y buen baile". Sin renunciar a la ironía, al humor y a la irreverencia que se derrama en el escenario, Javier Latorre analiza el desarrollo y resultado de su obra, sus proyectos y, de paso, el contexto en el que se desenvuelve el baile flamenco.

¿En qué criterios fundamentas la etiqueta acuñada para 'Rinconete y Cortadillo'?

Más que una etiqueta es una forma de definirlo y una forma de diferenciarlo de lo que se ha hecho hasta ahora. Históricamente, en el flamenco sólo se han contado historias trágicas, de amores imposibles, de cuernos, de puñalás, de sangre y de malos rollos. Y, si por el contrario, analizas a la gente que compone el flamenco, creo que somos uno de los gremios con más vis cómica y más sentido del humor de todas las disciplinas del teatro. Era incongruente que no se hubiera tocado casi nunca, tan sólo algunos esbozos pero no de modo tan ambicioso en cuanto a duración y argumento. Hay ejemplos como el de Cristina Hoyos en 'Arsa y toma', donde ya hizo un apunte de lo que podía ser parodiar el flamenco; o en 'El sombrero de tres picos', que contiene algún apunte muy naïf; y yo mismo lo he hecho en algunas de mis obras, con apuntes más que humorísticos, sarcásticos o irónicos. Era una cuenta pendiente porque estaba harto de ver que los flamencos solamente son cómicos cuando salen del escenario.

Javier Latorre en 'Ambivalencias'

En el montaje, no sólo tienen papel los bailarines, también músicos y cantaores...

El cásting ha sido importante. Había que elegir a los personajes con un físico acorde a cómo Cervantes los describe en la novela, de forma que tuvieran que interpretar lo menos posible, pues para un guitarrista o un cantaor es muy difícil mantener un papel. Pepe Quero, el director del grupo teatral Los Ulen, ha hecho un trabajo increíble de puesta en escena y dramaturgia tanto de los músicos como de los bailarines.

Hay ocho músicos, de los que cinco están en escena y tres en el foso que se encargan de la percusión, los coros y los efectos sonoros... la obra tiene efectos sonoros al uso de Benny Hill, del cine mudo, pues todo lo que potencie la hilaridad está presente... tomamos motivos de todo tipo de historias: desde las chirigotas de Cádiz a Les Luthiers, pasando por Los Morancos o Chaplin. Todo lo que pueda hacer reír ha sido usado.

¿Cómo han respondido cantaores y guitarristas a la interpretación?

De primeras, pues yuyu, evidentemente! Pero ahí han estado nuestras neuronillas para convencerles poco a poco y explicarles que, si lo que querían eran pasar desapercibidos, más les valía mezclarse con el grupo que no quedarse sin hacer nada. Ha costado poco trabajo hacérselo descubrir y en cuanto lo hacen, gozan como niños.

En el caso de Enrique el Extremeño, tiene un papel que es ni más ni menos lo que él representa en la vida real, su apariencia física, su forma... él es el capo di capi, lo sientas en un sillón en el centro del escenario moviéndolo todo y manejándolo todo y él es feliz. Y ya sabemos todos quién es Enrique y cómo canta Enrique. Cuando le preguntaron que si quería hacerlo no puso ningún pero... las cosas son mucho más naturales de lo que parecen.

Estamos llenos de temor al sacrilegio. Y no tiene sentido. Antonio Gades lleva haciendo eso veinticinco años: en todas sus obras los guitarristas y los cantaores se mueven por el escenario y tienen un papel que representar y nadie ha encontrado nada extraño nunca. Lo que puede tener de extraño esta obra es su cariz cómico. ¡Si es que los flamencos son los más cómicos del mundo! Están en su salsa. En cuanto cogen el papel, no es que tengan dificultades para representarlo, es que ya echan mano de cosecha propia y sacan cosas de su propio registro que no venían en el guión. Y ahí es donde uno se da cuenta de que el papel está asimilado, está mascado y la gente está agustísimo. Se lo pasan como indios en el escenario.

¿Qué fue antes la novela o la idea?

Primero fue la idea. El guión lleva escrito diez años por mi compañero, amigo y manager Raúl Comba. Cuando nos conocimos, hace siete años, lo primero que hizo fue pasarme el guión y decirme que le echara un vistazo a ver si en un futuro se podía llevar a cabo. Y a mí el mero reto de hacer reír con el flamenco y no del flamenco, que es lo que estamos acostumbrados a ver últimamente, me parecía ilusionante. Lo que pasa es que no hemos tenido financiación o coproducción hasta ahora. Y recalco coproducción y no financiación porque sigo en mis trece: no quiero subvenciones ni quiero dinero regalado de nadie, sino gente que invierta en mis proyectos y luego rentabilice sus inversiones.


Escena de 'Rinconete y Cortadillo'

¿Se ciñe el guión a la novela ejemplar cervantina?

Completamente. Sólo nos hemos permitido una licencia geográfica, pues en la novela Rinconete y Cortadillo se encuentran en un punto indeterminado de Andalucía, camino de Sevilla, y la hemos localizado en la Posada del Potro. Es también un pretexto para usar las alegrías de Córdoba, que no se suelen usar, y también es un pequeño homenaje a mi ciudad adoptiva y donde vivo y donde espero no morirme nunca.

Musicalmente, ¿qué peculiaridades tiene el montaje?

Tanto en el plano musical y de las letras, todo lo que hay en la obra es absolutamente original. No se puede hablar de refrito en ningún sentido porque no hay ni el más mínimo pretexto para que hayamos echado mano de cualquier melodía clásica o antigua. Ni en la música, tanto la flamenca como la clásica -de Juan Carlos Romero y de Mauricio Sotelo- aparece una sola nota anterior, ni las letras son previas, pues están escritas por José Luis Ortiz Nuevo para la obra específicamente. No se han grabado anteriormente ni se han usado nunca en ningún espectáculo, por lo tanto, la obra es totalmente original.

¿Cómo se plantean el baile y la coreografía?

Para contar algo cómico tienes que buscar otros argumentos y otros recursos. La música ayuda mucho porque, a pesar de que parece un contraste, Juan Carlos Romero es un músico de vanguardia, pero flamenco, y Mauricio Sotelo es uno de los grandes virtuosos de la composición contemporánea en todo el mundo. A primera vista, podría parecer que eso pudiera chocar, sin embargo, cuando me hablan de fusión yo hablaría más bien de comunión entre artistas. Yo creo que el idioma del arte es un esperanto que sirve para los que realmente son artistas, no hace falta hablar el mismo idioma, con las ideas nos entendemos.

Y tanto la música de Mauricio como la de Juan Carlos me han apretado las tuercas para buscar la coreografía, igual que los cuadros de Abraham Lacalle, que es uno de los pintores figurativos más importantes de este momento y me parece que es uno de los grandes talentos del momento... y, evidentemente, la pintura que desarrolla tampoco tiene nada que ver con el siglo XVI. Pero hemos conseguido una unidad de lenguaje que ha tenido que ser enriquecida en la coreografía con recursos nuevos. No sirve montar pasos. Montar pasos sirve para las escenas corales, para las escenas de grupo y, aún así, mientras están bailando están manteniendo su papel, cada uno dentro de su carácter. No se olvidan del papel para empezar a bailar por la cara, como estamos acostumbrados. Usamos técnica contemporánea, técnica clásica, por supuestísimo, porque siempre la he usado y nunca voy a dejar de usarla... me ha costado mucho trabajo aprenderla. También usamos el mimo. Y es impresionante el trabajo de Pepe Quero a nivel actoral y a nivel dramatúrgico porque es gente que, en su mayoría, no está acostumbrada a interpretar. Me parece que tanto Daniel Navarro como Nacho Blanco, que son Rinconete y Cortadillo, consiguen algo impresionante.

¿Y cuál está siendo la respuesta del público?

En el estreno en el Generalife de Granada fue muy duro porque es un público que está acostumbrado a la tradición del ballet de argumento y de seriedad. Ofrecerle de buenas a primeras una obra flamenca cuando todos estamos acostumbrados a ver tragedia... La predisposición era complicadilla. Tenía clarísimo que si la gente en el Generalife respondía a la obra, sería un éxito indudablemente en cualquier teatro del mundo porque es de los más difíciles del mundo de contentar. La gente se rió donde esperábamos, disfrutó con la obra y aplaudió durante siete minutos.

Es más difícil hacer reír que transmitir drama...

Además es histórico en el mundo del espectáculo. Es infinitamente más difícil hacer reír que hacer llorar, más cuando los recursos están muy trillados y es muy difícil sacar gags nuevos. Hay que ajustar muchísimo el personaje para que entre dentro de la trama siendo totalmente creíble. La verdad es que es muy jodido. Hay un hilo finísimo entre que se rían contigo y que se rían de ti. Y yo creo que esta obra ha conseguido no ser ridícula en ningún momento. Puedes llamarla zafia y puedes decir que hay humor fácil, de lo cual estoy orgulloso porque el humor fácil es el que llega a todo el público. Y aquí no estamos hablando de lumbreras que llenen teatros. Además, de las lumbreras es de lo que más reniego, de los que quieren un humor más exquisito. Yo me remito a los cómicos, sin ir más lejos, que hay ahora mismo en el mercado español. La inmensa mayoría de la gente se descojona con Chiquito de la Calzada y una minoría lo repudia, pero no hay término medio. Y yo no quiero término medio ni para esta obra ni para ninguna de las que monte. Seguramente, habrá gente a la que no le guste porque mi forma del humor y de ver la vida sea zafio o ácido o sarcástico o irreverente. Pero es indiscutible que se ofrece calidad de imagen y calidad de sonido, como cuando compras un televisor... y buen baile.

Pero no ejecutado por Javier Latorre...

En la obra no bailo, es otro de los objetivos de la compañía. Yo sigo mi lucha con lo que no comparto de todo lo que está pasando en el flamenco. Tengo muy claro que esta compañía no se va a retirar cuando yo me retire y a mí me queda muy poco para retirarme... en el sentido de bailar a tope como he bailado siempre. Ni mi físico me lo permite ni mi edad tampoco ni mis objetivos son ya esos. Como bailarín puedo decir que he conseguido todo lo que me he propuesto y llevo treinta y cinco años bailando y unas cuantas operaciones ya en las piernas y soy asmático, etcétera, etcétera. Mi objetivo es crear obras y crear una institución que sobreviva a mí y a todos, quiero un Netherland Dance Theatre, quiero un American Ballet... quiero una institución de danza que nada más por su nombre genérico ya sea sinónimo de calidad y que no necesite ninguna figura personalizada, pues no sólo corta el camino a los que están detrás, sino que, además, cuando esa figura desaparece, desaparece también la compañía. De hecho, ya tenemos ejemplos -que todos conocemos- de que cuando han intentado no salir se ha liado un pollo gordo.

Y con esa filosofía te planteas el proyecto de esta institución...

Como compañía residente del Gran Teatro de Córdoba la idea es tener local, empezar a becar a gente, alimentar a la compañía con una escuela permanente como la del Ballet Nacional de España, una escuela que sea cantera. Además, tengo mucha ilusión en crear un centro de estudios coreográficos, del que estamos muy necesitados.

¿Te planteas que esa cantera de baile flamenco sea en un futuro supranacional?

Hay una desproporción en los cursos de baile entre los alumnos extranjeros y los españoles, a favor de los primeros. Es una cuestión de amor. A la gente no le gusta bailar, no le gusta el esfuerzo. Pasa lo mismo que en Rinconete y Cortadillo: se busca el mayor resultado con el menor esfuerzo, traspasado al flamenco. En el flamenco todo el mundo es bueno, salen al escenario y ya son profesionales. Y no ven que no se puede parar de aprender para demostrarlo. Creen que con dejarse perilla o coleta ya pueden llegar donde han llegado Antonio Canales o Joaquín Cortés. Y es una gran equivocación. A este paso, alguien que viene desde seis mil kilómetros ya se esfuerza más. Aquí el que nace mono, con pies y con oído ya cree que lo tiene todo hecho. Y, al final, acaba bailando por cuatro mil pelas... eso es muy triste. Afortunadamente, ese ha sido mi principio no mi final. Y, sin vanidad, me considero el tuerto en el país de los ciegos.

revista@flamenco-world.com

 

Más información:

Reseña de 'Rinconete y Cortadillo'. Festival de la Guitarra de Córdoba 2002

Manifiesto de Javier Latorre

 
 
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