Javier Latorre
Biografía y comentarios de los lectores


 
"‘El Loco’ es una historia de amor de un tío con el baile... lo que llevo tratando de desarrollar toda mi vida"


Javier Latorre, bailaor y coreógrafo. Entrevista

“El flamenco triunfa hagas lo que hagas y
eso hace que los creadores se apalanquen”

Silvia Calado. Sevilla, octubre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz

La factoría de Javier Latorre está hiperproductiva. En una sola temporada ha coreografiado ‘El Loco’ para el Ballet Nacional de España, ha montado el baile del musical ‘Los Tarantos’ y ha elaborado para su propia compañía la obra ‘Triana, en el nombre de la rosa’. En un mundo en el que la creación se sirve en pequeñas dosis, insiste en considerarse “el tuerto en el país de los ciegos”. Desde que hace tres años hiciera público su manifiesto, dice ver que el panorama del baile flamenco no ha cambiado; incluso “gente que hace unos años hacía cosas más interesantes que las que está haciendo ahora”; y hasta referentes que la nueva generación pierde. Al tiempo que hace balance de los dos primeros años de vida de su compañía, ya anuncia los próximos proyectos, entre ellos, la coreografía para una película inglesa y una versión de ‘Les enfants terribles’ de Jean Cocteau en París. “Yo moriré aprendiendo”.


Javier Latorre
 
   

Esta ha sido una temporada más que productiva: ‘El Loco’, ‘Los Tarantos’ y ‘Triana, en el nombre de la rosa’.

Han sido tres trabajos completamente diferentes, en concepción, en número de personas, hasta en presupuesto y los tres igualmente atractivos. Tenía preparado el año para montar desde abril hasta julio ‘Triana’ y desde julio hasta septiembre ‘Los Tarantos’, pero a principios de abril me llamó Elvira Andrés, entonces directora del Ballet Nacional de España (BNE) -ahora, de nuevo, José Antonio-, me encargó el montaje de ‘El Loco’ y ¿quién dice que no? Ha sido un año difícil porque he estado desde abril hasta julio viviendo de lunes a viernes en Madrid, montando ‘El Loco’, y de sábado a domingo en Córdoba, montando ‘Triana’. Ha sido un poco de locura, pero muy bien.

Vamos por orden. ¿Cómo presentarías ‘El Loco’?

‘El Loco’ fue lo primero que empecé a montar este año. Es la historia de Félix Fernández García, un bailaor sevillano de principios del siglo XX al que conocieron Diaghilev, Massine y Tamara Karsavina, de los Ballets Rusos de Montecarlo. Lo vieron bailar en el Café Novedades de Sevilla, se quedaron alucinados con su baile, sobre todo con su farruca. Se lo llevaron a Londres, donde iban a montar ‘El sombrero de tres picos’ de Falla. Eso ya no lo cuenta la historia, pero seguramente él creyó que se lo llevaban para interpretar el papel del ‘molinero’ y cuando allí se dio cuenta de que iba a ser Massine, salió corriendo por las calles de Londres, llegó a Trafalgar Square, se metió en la Iglesia de Saint Martin in the Fields y bailó la ‘Farruca del Molinero’ en el altar hasta caer exhausto. Lo cogieron, lo ingresaron y murió 27 años después en el manicomio de Epson.

‘El Loco’ es una historia de amor de un tío con el baile... lo que llevo tratando de desarrollar toda mi vida. Pero no me gustaría acabar igual. Es una historia muy bonita para no ser el protagonista. Ha sido un trabajo increíble. Este año llevo un máster con la gente con la que he trabajado: un máster de dirección con Paco López, un hombre con una gran capacidad de trabajo, de complicidad con músicos y bailarines; la música ha sido de Mauricio Sotelo, de Cañizares y, por supuesto, de Manuel de Falla; una escenografía y un vestuario maravillosos de Jesús Ruiz; y una complicidad por parte de los bailarines del BNE que no esperaba. Creo que conseguimos meterlos en la misma vereda que nosotros y hemos disfrutado mucho.

A tenor de la envergadura de la obra, ¿es este el mayor reto profesional que has afrontado?

No sé, lo veo como las paellas. Cuando me estoy comiendo una paella y alguien me dice que la que me comí hace tres meses estaba más buena, es que ya ni me acuerdo de la de entonces. Para mí cada trabajo es importantísimo y me lo tomo como el primero. Luego, si hablamos de dificultad técnica, de dificultad de contar una historia... pues sí, ‘El Loco’ ha sido muy difícil contarlo. Pero si me lo pones a otro nivel, en ‘Los Tarantos’ hemos trabajado con diecinueve artistas, bailarines todos ellos que no habían cantado y bailado en su vida en un escenario, excepto Ana Salazar. Y eso sí que ha sido un trabajo milagroso. El mérito de ‘El Loco’ es otro, es contar una historia de ese calibre vista a través de una mente distorsionada y que la gente la entienda, o sea, que la gente se vuelva loca a la vez que el personaje en el escenario. Y también afrontábamos la dificultad de cambiar la cara del BNE públicamente.

 

Javier Latorre
   

Artísticamente, ‘Los Tarantos’ ha sido un reto impresionante. Hemos levantado el primer musical flamenco de la historia en seis semanas con gente que no había hablado ni cantado en su vida. Todos sabemos que Ana Salazar canta y baila muy bien y, además, ha hablado muy bien. Pero la gran sorpresa ha sido Carmelilla Montoya que hace el papel de la madre, el que hacía Carmen Amaya en la película, y eso ha sido una sorpresa diaria de evolución del papel, de meterse, de verla con fiebres, de que le salían granos, de que se quedaba muda... Impresionante. Y lo de ‘Triana, en el nombre de la rosa’ ha sido una gozada, mi caprichito personal de este año, ha sido recuperar parte de la banda sonora de mi vida. Y cada uno... ¡No me puedes preguntar a cuál de mis dos hijas quiero más! También podría hablar maravillas de ‘Penélope’, la obra que hice para el Ballet de Murcia, o de la anterior, o de la anterior. Cada una tiene su reto.

¿Y cómo se hace para simultanear trabajos tan diferentes?

Sobre todo, con ‘El Loco’ y ‘Triana’ sí tuve dificultad para cambiar el chip, pero trato de poner en compartimentos estancos cada obra. Y a ‘Los Tarantos’ la verdad es que llegué muy cansado tanto física como mentalmente, pero al ver la reacción de la peña, el trabajazo de dirección de Emilio Hernández, la música de Chicuelo y la colaboración de Tomatito... al ver a la gente pringada hasta el cuello, no puedes más que meterte igual tú, hasta el cuello.

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