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No abundan en el flamenco los creadores...
y menos tan prolíficos.
Yo no me cansaré de decirlo, soy el tuerto en el país
de los ciegos en este momento en el plano coreográfico.
A mí me gustaría reunir a todo el mundo del
flamenco y ponerle vídeos de Jiri Kilyan, Mats Ek o
Georg Balanchine para que entendieran lo que realmente es
un trabajo coreográfico. Usamos lenguajes diferentes,
pero la coreografía es internacional. Puedes bailar
en inglés o puedes bailar en español, pero coreográficamente
es igual que un libro: lo cuentas bien o no lo cuentas bien.
¿Ves avances en el panorama coreográfico
del flamenco?
No, al contrario. Veo gente que hace unos años hacía
cosas muchísimo más interesantes que las que
están haciendo ahora. Desidia, acople... no sé.
El flamenco triunfa hagas lo que hagas y eso hace que los
creadores se apalanquen.

Javier Latorre
¿Tampoco han hecho escuela creadores anteriores
como Antonio
Gades o Mario
Maya?
Estamos perdiendo hasta los referentes. La juventud no tiene
hoy referentes, como los tuve yo en mi día. Yo llegué
a trabajar con Antonio Gades, con Antonio, con Pilar
López, con Marienma, con Alberto Lorca, con José
Granero... con gente que son monstruos a nivel coreográfico.
Y hoy en día los jóvenes no tienen referentes
de ese tipo, ni muchas ganas de tenerlos. En ninguno de los
cursos que doy, y doy muchos al año, de treinta personas
por clase, tres son españoles y no se dedican profesionalmente
a eso. Hemos perdido la mayoría de los grandes maestros.
Antiguamente Amor de Dios era el referente en ese sentido,
allí había mogollón de gente con la que
podías aprender y en un día recorrerte seis
o siete clases de alucinar. Y eso ya ha pasado a la historia.
Cualquiera es maestro, cualquiera es coreógrafo.
Vivíamos para bailar, no bailábamos para vivir.
Yo tenía cinco clases al día en el BNE con gente
como Aurora Pons o Juana Taft en clásico, en clásico
español con Bety, en técnica con María
Magdalena, en flamenco con Paco Fernández y luego tres
o cuatro horas de ensayo de repertorio. Después nos
quedábamos hasta que nos echaban del estudio haciendo
concursos de piruetas, sacando pataítas por bulerías.
Y de ahí, a Amor de Dios, que nos echaban a patadas
de allí a las diez de la noche. Y nos íbamos
a cenar todos juntos a seguir hablando de baile. Y vampirizando
todo lo que pillabas, es que no había otra forma.
Y esa queja de algunos flamencos que han ido a montar
al BNE de que falta formación, ¿la compartes?
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| "Lo
primero que tiene que hacer un coreógrafo es
adaptarse a la gente con la que cuenta" |
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Aquí entramos ya en terrenos pantanosos. Lo primero
que tiene que hacer un coreógrafo es adaptarse a la
gente con la que cuenta. No puedes pretender ir a ningún
lado a montar ninguna coreografía con lo que tú
bailarías porque la gente con la que cuentas no son
ninguno tú, afortunadamente. Partiendo de esa base,
tú llegas el primer día y si ves que la gente
no va a funcionar con lo que quieres hacer, te das la vuelta
y te vas. Pero quedarte, hacerlo y luego echar la culpa a
la gente por no ser flamenca, no lo entiendo. En un país
como el nuestro y en un oficio como el nuestro, todo el mundo
puede elegir. Pero es muy bonito ponerse en un programa del
Ballet Nacional y que tus coreografías vayan a todos
lados y tal, pero la culpa seguramente será compartida
entre quien permite que esos niños no tengan preparación
a ese nivel y el coreógrafo que se mete donde no le
llaman. Pero echarle la culpa a los niños es como matar
al mensajero.
Hace un par de años presentabas tu compañía
con la intención de crear obras de calidad, de fundar
una institución que te sobreviviera. ¿Cuál
es el balance hasta ahora?
Artístico, buenísimo. Tanto ‘Rinconete
y Cortadillo’ como ‘Triana’ han sido
grandes creaciones. Ahora sólo falta que alguien se
dé cuenta, me den menos palmaditas en la espalda y
más funciones. El otro día escribí un
artículo para el diario ‘ABC’ hablando
acerca de la Bienal y ponía un ejemplo muy expresivo
de lo que quiero decir: en el flamenco hemos cambiado a los
señoritos de antes por los políticos de ahora,
hemos cambiado los cortijos por los despachos. Y en esos despachos
sólo entran los artistas de turno, que suelen ser los
que más salen en la tele porque, como a los políticos
les da lo mismo la cultura, se cubren las espaldas diciendo
que han traído al que todo el mundo dice que es el
mejor. Y el resultado les da exactamente igual. Mientras no
cambie esa política, mientras o bien la política
sea neutral o bien desaparezcan las subvenciones y se cree
otro sistema no sé cómo, esto va a seguir siendo
siempre así. A los medios de comunicación ya
es tarde para educarlos. Ya creo que debemos ser los responsables
políticos, los responsables culturales y los artistas
los que eduquemos al público y a los medios de comunicación.
Siempre te has mostrado contrario a la cultura subsidiada,
¿pero encuentras a inversores que rentabilicen un producto
cultural?
Es que no hay una ley de mecenazgo que mueva a inversores
privados para mover una compañía. Mientras eso
no signifique unas ventajas fiscales, unas contrapartidas
económicas, eso no va a cambiar nunca. Yo habría
deseado nacer en la época de los Medici, lo juro (risas).
¿Seguimos con lo positivo del balance?
Lo bueno del balance es que cuando yo no esté mis
hijas estarán orgullosas del trabajo de su padre, nadie
les podrá decir tu padre hizo esto, hizo lo otro y
su trabajo no vale un duro... porque mira lo que sale en la
tele cada vez que hablan de flamenco.
También está sirviendo de cantera de
solistas. Ya se ve despuntar a bailaores como Daniel Navarro...
Y a Fuensanta
la Moneta, a Pedro Córdoba, a Mara Martínez...
prácticamente los ocho que hay ahí, son gente
con todas las posibilidades del mundo. Es lo más satisfactorio
de todo para mí, ver cómo bailan y leer hoy
una crítica que dice que es el cuerpo de baile más
potente que hay en el flamenco. Eso me llena de orgullazo
por todos los lados. Muchos de ellos llevan desde los nueve
o diez años conmigo. Es un trabajo de día a
día que cuesta mucho mantenerlo y no meter la pata
para que ellos no te puedan decir “ahí has derrapado”.
Y desde que escribí el manifiesto,
tengo que estar mucho más al loro todavía.
¿El manifiesto es actualizable?
El manifiesto lo dejaremos tal como está. Básicamente,
no ha cambiado nada, es muy difícil que en tres años
cambie algo en el flamenco, que se toma setenta u ochenta
años para cambiar. Ya es suficiente satisfacción
que lo haya leído mucha gente y que se haya dejado
oír mi opinión. Y es curioso que incluso hasta
los que saben que estoy hablando de ellos sin nombrarlos,
vengan a felicitarme por haberlo escrito y a decirme “tienes
toda la razón del mundo”. Se dan por incluidos,
no por aludidos.
Aparte de descansar, ¿qué proyectos
se avecinan?
No, si mi gran problema viene cuando me tumbo y empiezo a
dar vueltas como un león. Para el año que viene
hay un proyecto en el cine, una película en Inglaterra
para hacer la coreografía. Es de un productor de la
BBC, como una historia de amor entre niña inglesa y
bailaor español. Verme metido en cómo se rueda
una película ya para mí es un máster
a nivel de luces, de organización, de todo. Igual que
el musical de ‘Los Tarantos’, eso ha sido abrir
una puerta impresionante al futuro del flamenco. Hay otro
proyecto para hacer una versión de ‘Les enfants
terribles’ de Jean Cocteau en París con Enric
Palomar. Hay un par de cosillas por ahí más.
Y hay otro proyecto que está en pañalillos para
los juegos mediterráneos ‘Almería 2005’,
que es una versión de ‘Don Lindo de Almería’
de Bergamín, un cuento precioso, surrealista. Entre
esas cosas estamos. Me imagino que alguna de las cuatro saldrá.
Lo importante es seguir aprendiendo. Yo moriré aprendiendo.
¿Quién lo sabe todo?
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