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El
nuevo espectáculo de Joaquín Cortés se llama Soul, lo gitano
busca mirarse en la música negra. Algo de lo que da buena cuenta una obra
cuya coreografía está siendo llevada y traída por todo el
mundo, pero que se fija en culturas americanas, influencias de varias direcciones.
Y más allá está el concepto de danza, flamenca o no, del
bailarín cordobés. En la vida hay un momento para todo, y a Cortés
le ha llegado el momento de la Dramaturgia y el Guaguancó. Hombre y Mujer.
Lo nuevo y lo viejo, allá y acá, gospel o flamenco, flamenco claqueteado;
traje de luces, bata de cola.
La
banda, modificada para este nuevo espectáculo, continúa en su línea
de predominio de la percusión en lo instrumental y de lo rancio en lo vocal,
con la permanencia de antiguas joyas de los principios (Ana Reyes, Bandolero,
Juan Parrilla, Ramón Porrina, Alicia Fernández...) y nuevas adquisiciones
de no menor rango, que ofrecen alto nivel de virtuosismo musical.
Soul,
la tercera obra de Joaquín Cortés, es un proceso de osmosis en el
que queda patente la elasticidad de la estética flamenca. Bailaor grandilocuente,
en fusión y compañía, exhibe una serie ágil de Martinete,
Tangos, Taranto y Seguiriya; Bulerías, Bolero y Guaguancó. Danza
de ida y vuelta, vestida con los colores de lo mestizo, blanco y negro; flamenca
y mestiza, y aderezada con la arquitectura geométrica neoyorkina.
Miriam
Cuetos

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