Jesús Méndez, cantaor flamenco. Entrevista
“Cuando mi familia me escuchó
cantar,
mi padre se partió la camisa”
Carlos Sánchez. Jerez, junio de 2006
De la saga de los Méndez.
Perla de la inagotable cantera jerezana. Fruto que madura
con la experiencia del tiempo. Tímido y humilde.
Jesús Méndez, después de convertirse
en uno de los valores más firmes del cante jerezano,
afronta uno de los momentos más dulces de su vida.
Con apenas veintiún años ha tenido el privilegio
de cantar para grandes artistas como el guitarrista Gerardo
Núñez o el bailaor Javier Barón. Ahora
está a punto de cumplir otro sueño, su primer
disco. El joven artista jerezano se encuentra inmerso en
la grabación de un álbum con el que quiere
preservar las raíces de su tierra. Para ello, cuenta
con el apoyo del propio Gerardo Núñez, Moraíto,
Chícharo, El Bo, Manuel Valencia... y muchos más.
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Jesús Méndez
(Foto: Daniel Muñoz)
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Jesús Méndez. ¿Qué
significa llevar ese apellido?
Mucha responsabilidad. Todos los Méndez
de mi familia han llegado muy alto. Al llevar ese apellido
no puedo ser menos. Aunque también te digo que llegar
al nivel de La
Paquera es una cosa realmente imposible. Yo me conformo
con hacer lo que estoy haciendo en estos momentos, trabajando
con artistas de primer nivel y de mucha categoría,
conociendo mundo y haciendo lo que más me gusta que
es cantar.
¿Cómo influye esa
responsabilidad?
En mi caso, me ayuda a crecerme. Intento
acordarme en cada momento del apellido que llevo para no
ser menos que los familiares que me han precedido.
¿Siempre ha estado presente
el cante en tu casa?
Siempre. Desde que era pequeño he
escuchado cante en comuniones, bodas, bautizos y fiestas.
De hecho, mi padre se dedicó a cantar profesionalmente
durante un tiempo, pero lo tuvo que dejar porque en aquellos
momentos el flamenco no tenía la consideración
de ahora. Aún así, llegó a ganar el
Premio de la Bulería a finales de los setenta.
¿Y él te ha inculcado
el cante?
Nunca. Nadie me ha inculcado nada, ni nadie
me ha dicho que el cante es de una manera u otra. Además,
yo soy muy tímido y me daba vergüenza cantar.
De hecho, hasta los diecisiete años no canté
en una fiesta. Antes no había abierto la boca para
cantar, ni en la ducha ni en ningún otro lado. Fue
en una reunión familiar muy íntima en casa
de mi tío Eduardo. Él empezó a cantar,
yo lo escuchaba, hasta que no pude más y me tuve
que poner en pie para cantarle. Para mí, mi tío
Eduardo ha sido uno de los mejores cantaores que he escuchado.
Ahí pudo más el corazón que otra cosa
y me puse a cantar. Cuando mi familia me escuchó
cantar, la tarta de cumpleaños llegó al techo,
se cayó el televisor y mi padre se partió
la camisa. Cuando terminé de cantar cogí la
moto y me fui para mi casa. Me quedé muy tranquilo
y muy relajado. Al poco tiempo, murió mi tío
Eduardo, que fue el que me hizo cantar.
¿Y cuándo decidiste
que querías dedicarte al cante?
Fue por mi amigo el guitarrista Miguel
Salado. Él me comentó que en la peña
D.
Antonio Chacón estaban organizando algo para
los jóvenes valores. Entonces se puso en contacto
conmigo Luis Márquez, el presidente de la peña,
y me animó a que participara. Ahí fue cuando
me subí por primera vez a un escenario. Fue una experiencia
increíble. Allí estaba toda mi familia y,
no sé por qué, ese día se llenó
la peña hasta la puerta. Cuando me subí al
escenario me temblaban las piernas. Nunca antes había
sentido ese tipo de nerviosismo. Pero fue una experiencia
muy bonita. Recuerdo que me acompañaba mi prima Kina
Méndez y que me arropó mucho. Fue una cosa
muy familiar y muy íntima pese a toda la gente que
había allí.

Jesús Méndez con
Merche Esmeralda (Foto: Daniel Muñoz)
¿Preparaste esa actuación?
La verdad es que estuve mirando un poquito
por soleá y un martinete. En ese momento, yo no conocía
muy bien los cantes.
Y antes de los diecisiete años,
¿qué pensabas hacer con tu vida?
Pues estaba trabajando de camarero en el
restaurante de mi padre. Le echaba un cable. Pero me cambió
la vida de la noche a la mañana de una forma muy
rápida. Fue una cosa muy extraña porque nunca
antes había tenido pensamiento de ser artista. La
mente me cambió por completo. Se acabó la
vergüenza. Era el momento de preocuparme por el cante
y cantar donde me llamaran.
¿Y dónde fueron tus
primeros recitales?
En principio fueron fiestas privadas. También
iba a las ferias de Sevilla y Málaga, para ir soltándome
poco a poco. En esos sitios te llevas muchos palos porque
hay mucha guasa. Pero ya me llamó el cantaor Juan
Granados para los cursos que organiza Gerardo
Núñez en Sanlúcar. Allí
fui a cantar a los alumnos para que bailaran por fiesta.
A raíz de ahí cogí una confianza muy
buena con Gerardo. Luego me enteré que él
venía para participar en la Fiestas de Otoño
de Jerez y lo llamé para que contara conmigo. Me
contestó que para esa gala tenía a Vicente
Soto, pero que en el momento que le saliera algo me llamaría.
Y así fue. Me llamó para Tánger. Me
acuerdo de que tenía que coger un barco y del miedo
que me daba viajar solo en barco, me fui a Madrid con ellos
para venirnos juntos en avión (se ríe).
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