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Jesús Méndez y Diego del Morao. Festival de Jerez 2005
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Gerardo Núñez
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Jesús Méndez, cantaor flamenco. Entrevista

“Cuando mi familia me escuchó cantar,
mi padre se partió la camisa”

Carlos Sánchez. Jerez, junio de 2006

De la saga de los Méndez. Perla de la inagotable cantera jerezana. Fruto que madura con la experiencia del tiempo. Tímido y humilde. Jesús Méndez, después de convertirse en uno de los valores más firmes del cante jerezano, afronta uno de los momentos más dulces de su vida. Con apenas veintiún años ha tenido el privilegio de cantar para grandes artistas como el guitarrista Gerardo Núñez o el bailaor Javier Barón. Ahora está a punto de cumplir otro sueño, su primer disco. El joven artista jerezano se encuentra inmerso en la grabación de un álbum con el que quiere preservar las raíces de su tierra. Para ello, cuenta con el apoyo del propio Gerardo Núñez, Moraíto, Chícharo, El Bo, Manuel Valencia... y muchos más.

 

Jesús Méndez (Foto: Daniel Muñoz)

Jesús Méndez. ¿Qué significa llevar ese apellido?

Mucha responsabilidad. Todos los Méndez de mi familia han llegado muy alto. Al llevar ese apellido no puedo ser menos. Aunque también te digo que llegar al nivel de La Paquera es una cosa realmente imposible. Yo me conformo con hacer lo que estoy haciendo en estos momentos, trabajando con artistas de primer nivel y de mucha categoría, conociendo mundo y haciendo lo que más me gusta que es cantar.

¿Cómo influye esa responsabilidad?

En mi caso, me ayuda a crecerme. Intento acordarme en cada momento del apellido que llevo para no ser menos que los familiares que me han precedido.

¿Siempre ha estado presente el cante en tu casa?

Siempre. Desde que era pequeño he escuchado cante en comuniones, bodas, bautizos y fiestas. De hecho, mi padre se dedicó a cantar profesionalmente durante un tiempo, pero lo tuvo que dejar porque en aquellos momentos el flamenco no tenía la consideración de ahora. Aún así, llegó a ganar el Premio de la Bulería a finales de los setenta.

¿Y él te ha inculcado el cante?

Nunca. Nadie me ha inculcado nada, ni nadie me ha dicho que el cante es de una manera u otra. Además, yo soy muy tímido y me daba vergüenza cantar. De hecho, hasta los diecisiete años no canté en una fiesta. Antes no había abierto la boca para cantar, ni en la ducha ni en ningún otro lado. Fue en una reunión familiar muy íntima en casa de mi tío Eduardo. Él empezó a cantar, yo lo escuchaba, hasta que no pude más y me tuve que poner en pie para cantarle. Para mí, mi tío Eduardo ha sido uno de los mejores cantaores que he escuchado. Ahí pudo más el corazón que otra cosa y me puse a cantar. Cuando mi familia me escuchó cantar, la tarta de cumpleaños llegó al techo, se cayó el televisor y mi padre se partió la camisa. Cuando terminé de cantar cogí la moto y me fui para mi casa. Me quedé muy tranquilo y muy relajado. Al poco tiempo, murió mi tío Eduardo, que fue el que me hizo cantar.

¿Y cuándo decidiste que querías dedicarte al cante?

Fue por mi amigo el guitarrista Miguel Salado. Él me comentó que en la peña D. Antonio Chacón estaban organizando algo para los jóvenes valores. Entonces se puso en contacto conmigo Luis Márquez, el presidente de la peña, y me animó a que participara. Ahí fue cuando me subí por primera vez a un escenario. Fue una experiencia increíble. Allí estaba toda mi familia y, no sé por qué, ese día se llenó la peña hasta la puerta. Cuando me subí al escenario me temblaban las piernas. Nunca antes había sentido ese tipo de nerviosismo. Pero fue una experiencia muy bonita. Recuerdo que me acompañaba mi prima Kina Méndez y que me arropó mucho. Fue una cosa muy familiar y muy íntima pese a toda la gente que había allí.


Jesús Méndez con Merche Esmeralda (Foto: Daniel Muñoz)

¿Preparaste esa actuación?

La verdad es que estuve mirando un poquito por soleá y un martinete. En ese momento, yo no conocía muy bien los cantes.

Y antes de los diecisiete años, ¿qué pensabas hacer con tu vida?

Pues estaba trabajando de camarero en el restaurante de mi padre. Le echaba un cable. Pero me cambió la vida de la noche a la mañana de una forma muy rápida. Fue una cosa muy extraña porque nunca antes había tenido pensamiento de ser artista. La mente me cambió por completo. Se acabó la vergüenza. Era el momento de preocuparme por el cante y cantar donde me llamaran.

¿Y dónde fueron tus primeros recitales?

En principio fueron fiestas privadas. También iba a las ferias de Sevilla y Málaga, para ir soltándome poco a poco. En esos sitios te llevas muchos palos porque hay mucha guasa. Pero ya me llamó el cantaor Juan Granados para los cursos que organiza Gerardo Núñez en Sanlúcar. Allí fui a cantar a los alumnos para que bailaran por fiesta. A raíz de ahí cogí una confianza muy buena con Gerardo. Luego me enteré que él venía para participar en la Fiestas de Otoño de Jerez y lo llamé para que contara conmigo. Me contestó que para esa gala tenía a Vicente Soto, pero que en el momento que le saliera algo me llamaría. Y así fue. Me llamó para Tánger. Me acuerdo de que tenía que coger un barco y del miedo que me daba viajar solo en barco, me fui a Madrid con ellos para venirnos juntos en avión (se ríe).

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