“Es la calle donde nació
mi padre en una casa de vecinos antigua en Écija,
que ya no existe. Es mi herencia gitana, aunque ni lo
parezco ni pretendo serlo. Murió cuando yo tenía
cinco años. Me crié y he tenido más
contacto con la familia de mi madre. En el fondo, me siento
gitano entre comillas. Mi padre me lo dio, pero no he
vivido el ambiente racial. Quería que estuviera
presente para mí, y la Calle Espada significa mi
padre y la relación que tuve con mi abuela, que
ya tampoco está, queda muy poca familia directa.
Es una bulería para recordarlo de alguna manera.
Aquí está doblada la guitarra, tiene una
percusión, palmas y nada más. No es una
bulería tradicional, es más rarita, un poco
más moderna... no sé, tampoco diferencio
mucho entre moderno y tradicional, no analizo. Lo que
en principio me sale es flamenco, entiendo que esa es
mi forma de sentir y no puede salir algo muy raro. Puede
tener un aire más fresco, a lo mejor”.
‘Mármol de espuma’
malagueña
“Fue un encargo de baile para Rafaela
Carrasco, que luego se convirtió en la pieza
que ha quedado grabada. La presentamos en el Festival
de Jerez, ella iba un poco con miedo. Poner a la guitarra
también delante, bailar con alguien en medio del
escenario conlleva otro tipo de compromisos, y con un
cante que entra y se va. Y Jerez… esa plaza te pone
un poco más en tensión que otros sitios.
Y yo no sé lo que pasó, pero dentro del
espectáculo en el que íbamos, de repente,
toda la gente nos preguntó que qué había
pasado. Gustó mucho, creo que por la sencillez.
Muchas veces intentamos aderezar las cosas queriendo hacer
no sé qué y a veces lo que más directo
llega es lo simple, en el sentido de que sea verdad y
del minimalismo en el estilo”.
Jesús Torres (Foto
Daniel Muñoz)
“La letra de la jabera la hice
para este tema. Está el cante de Poveda.
Su cante es muy de corazón, muy verdad. No es un
cantaor que rompa, en el sentido de que te vaya a pegar
un ‘bocao’ en el hígado, pero a mí
me lo pega de otra manera. Por su metal de voz que es
muy cálido, porque tiene mucho gusto en todo lo
que hace y una forma especial de venirse abajo con la
voz. Y para según qué sensaciones es mi
cantaor preferido. Me encanta. Eso unido a que a nivel
personal es un trozo de pan con piernas, qué más
quieres. Y para ese cante por jaberas, que entiendo que
no tiene ruptura. Vi la puerta abierta con Miguel. Y a
Isabel le pasa igual, le encanta. Tienen muchas cosas
en común, son cero pretenciosos. Coinciden sinergias,
vibra una frecuencia y se van juntando los que vibran
a esa misma frecuencia. Las uniones no son gratuitas casi
nunca”.
‘Tarantango’
taranto
“No está pensado para baile.
Empecé a hacerlo en una gira. Para hacer un tema
tengo que tener un comienzo musical. Empiezo con una idea,
igual es un acorde, y ese motivo me va pidiendo lo que
sigue. Es como si fuera un puzzle, que sólo puede
encajar una pieza. Cuando hago las cosas, necesito un
motivo, de ese motivo viene el siguiente y los voy encadenando.
Por eso creo que tienen un sentido redondo las composiciones.
Y al final quería acabar no por tangos, sino por
tarantos. Y saqué la melodía, vi que le
pegaba la rítmica de tango argentino y como me
encanta el bandoneón como instrumento, pensé
en buscar un bandoneón”.
‘Rincón de los perdidos’
bulería por soleá
“Estaba haciéndolo y justo
Manuel Liñán me dijo que necesitaba una
música de bulerías por soleá. Y le
dije que acababa de empezar una. En principio, no iba
a haber baile, sólo música. Ya después,
a la hora de grabarlo, estudié si cabía
la posibilidad de meterle una letra. Isabel me ayudó
a hacer el engranaje de las letras. Después llamé
a Encarnita y resultó fácil. Primero salió
como música, después fue para baile, iba
hablando con Manuel para adaptarlo según si quería
meter pies, y lo utilizó en el Festival de Música
de Granada. A Encarna Anillo la conozco desde hace un
montón de tiempo. Ha ido evolucionando de una manera
muy rápida. Su metal siempre ha sido bueno porque
tiene un don, una voz gorda y con mucho empuje y es muy
buena aficionada, con lo cual le puedes pedir lo que sea.
En este caso, no hacía falta porque la melodía
de la letra no es tradicional, no es al uso. La hice yo.
El empuje que tiene... potencialmente, es increíble.
Está trabajando mucho y está creciendo en
escena. También me llevo muy bien con ella y quería
una voz de mujer por la tonalidad de la guitarra”.
‘Viento del Norte’
“Surgió como un tema musical.
Fue uno de los primeros. Te gusta un acorde que pones,
va surgiendo, va surgiendo... Al final, acabó por
tangos, que le da un pequeño giro. No me gustan
los temas largos. A mí me gusta no pensar en los
temas cuando estoy escuchando. Si empiezo a pensar es
que tenía que haber habido un cambio. Te tiene
que llevar a otro sitio para que sigas escuchando, para
que no despiertes. Y este tema que es libre entero, al
final cuando ya creo que te despierta, surgió ese
puntito por tangos, que además va a pelo, no quería
rítmicamente nada. Si pones una claqueta no va
bien, porque quería ir libre. Yo toco solo sin
aderezo”.
‘Sonsonío’
bulería
Jesús Torres
(Foto Daniel Muñoz)
“Es una bulería más
tradicional, que tiene algunos años ya. Le hice
una letra. Yo tampoco me creía muy capaz de hacer
letras. Lo intenté y, bueno, al final ha salido.
También tenía a Isabel Bayón de conejillo
de indias, como entona bien y eso, le decía que
las cantara. Y me ayudaba a encajarlas a nivel rítmico.
Aquí canta Manuel Gago, con coros de Ana Mari y
Carmen. La letra de esta fue de un disco de sevillanas
y rumbas de un grupo en el que estuve hace mucho tiempo,
Los Vargas se llamaba. Hasta cantaba. Les hice un disco,
todos los temas. Y una de las letras de una sevillana
tiene parte de esta letra de bulerías. La recogí,
la arreglé, la alargué y la cambié.
No sé ni dónde está ese disco. Cantaba...
con pajarita. Éramos unos horteras de mucho cuidado.
Y nos dábamos hasta nuestros pasitos de baile como
Los Panchos. Me río, pero con cariño. Ahora
lo recuerdo y no sé cómo tuve valor de hacer
eso. Eso lo hace la inconsciencia. Cuando no sabes mucho,
te atreves y metes la pata. Hoy en el flamenco, creo que
el desconocimiento da mucha osadía. Cuando esa
osadía nace desde la verdad de uno, pues me puede
no gustar, pero la respeto. Pero muchas veces la osadía
viene acompañada de un poco de fraude. Y se nota
que no es tu película. Eso pasa mucho en el baile,
sobre todo. Que alguien me quiera mentir me produce un
poco de rabia. Hay cosas que no me gustan, pero es tu
historia, la estás haciendo desde el estómago,
cómo no te voy a creer. Lo mismo me equivoco, pero
cuando no intuyo eso, no me quedo tranquilo. Igual es
un problema que tengo que arreglar. Además, tengo
ejemplos muy cercanos de lo que es el trabajo, de gente
que se cuestiona cada cosa que hace, que no se prostituyen
en ningún sentido. Isabel, Rafaela, Belén
Maya... conozco sus principios. He vivido muy de cerca
el esfuerzo de personas importantes dentro de este mundo.
Veo lo que se sufre y lo que cada nota y cada golpe significan,
de dónde salen y el esfuerzo que supone bailar,
crear una compañía, presentarse en algún
sitio, conseguir dinero... Hay cosas injustas y al público
a veces se le engaña muy fácilmente. Eso
lo dijo Mario Maya una vez, con quien también he
trabajado mucho, que si al público le das mierda
bien promocionada, la acepta. Aquí cabe todo el
mundo, pero no hay proporción entre la suerte que
tienen ciertos personajes, con la que tienen otros. Claro
que tiene que haber de todo y todo tiene su trabajo. Incluso
a los que no me gustan no los desmerezco”.
‘Pasaje de Valvanera’
zapateado
“Ese número también
lo hacemos con la compañía de Rafaela. Surgió
de un encargo. Necesitaba un baile, le propuse un zapateado,
que no se hace mucho. Era para baile pero con un sentido
musical. Le cambié cosas. Va con percusión,
palmas y la guitarra, no tiene más. Lleva un bajo
muy sutil. Es una calle que hay en Sevilla y me gusta
el nombre, simplemente”.
‘Alhama’
nana
“Alhama es el apellido de mi madre.
Es el último tema, ya no estaba ella cuando surgió.
Yo recuerdo que mi madre me cantaba de pequeño…
Aquí es donde toca Pablo Suárez el piano.
La guitarra y el piano no son instrumentos que se lleven
muy bien, que se agradezcan, tienen tímbrica muy
parecida, pero como es tan sutil en sus composiciones,
se me ocurrió que era quien mejor me podía
ayudar en este tema y aportar lo que ha hecho. Se lo di,
lo escuchó, lo trabajamos y ha quedado... a mí
me gusta”.
-¿Te planteas ahora un cambio
en tu carrera?
-Me encantaría, pero me aterra.
Aunque, realmente, cuando tengo que tocar yo solo, que
no depende nadie de mí, estoy más tranquilo.
-Es que los guitarristas de compañías
tenéis una enorme responsabilidad…
-Muchas veces, eres el director de orquesta.
Estás a cargo de todos los demás músicos.
A nivel rítmico tienes que estar muy bien. A veces
no se sabe ver el auténtico trabajo que hay en
los guitarristas de baile. Creo que la gente lo desconoce,
no sabe apreciar el esfuerzo que hay de la gente que está
atrás, de los músicos de atrás. Los
cantaores son más aparentes, se agradece más
una voz. Hay guitarristas para baile como Paco Jarana,
que me encantan, y mucho de lo que Eva Yerbabuena es,
es Paco. Me encanta cómo toca y todo lo que hace.
Hay muchos ejemplos de pedazos de guitarristas que hacen
una labor sorda. No es darle más de lo que tienen,
pero tampoco menos.