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JOAQUÍN GRILO. BAILAOR
"Es la vida lo que alimenta el baile"
Rosalía Gómez
A nadie le extrañará saber que Joaquín Grilo nació,
se crió y comenzó a bailar en Jerez de la Frontera. Y es que Jerez,
no se sabe por qué misteriosa combinación, sigue retando al tiempo
y manteniendo viva la tradición flamenca, como una especie de lámpara
maravillosa de la que no dejan de salir genios para el arte.
Grilo procede de esa buena cepa y, como muchos de sus compañeros, jugó
de niño con el baile. Pero su corazón inquieto lo ha llevado a probar
fortuna por muchos caminos y al lado de muchas otras músicas, como ha demostrado
con su espectáculo De noche, estrenado en el Festival
de Jerez 2001, y en el que compartió escenario con músicos como
Carlos Benavent y Jorge Pardo. Eso sí, dejando claro siempre que no ha
pensado nunca ni piensa abandonar la raíz.
Joaquín Grilo
Joaquín, en medio de este panorama en el que el baile flamenco se
presta cada vez más a la fusión con otras danzas del mundo, ¿dónde
te sitúas respecto a la tradición?
Yo me siento bailaor por encima de todo. Y de Jerez, que como todo el mundo
sabe es un sitio con una calidad de vida y de ritmo verdaderamente especial. Eso
te marca siempre y hace que cuando bailas, sobre todo por bulerías, lo
hagas con un sentimiento especial. Lo que ocurre es que frente a algunos que piensan
que las cosas no pueden ser más que de una forma -y quizá esté
bien que existan esas personas, para que se sigan manteniendo las bases de este
arte y no se transforme absolutamente todo- yo siempre he creído que había
muchos caminos, muchas músicas que me gustaban y con las que mi baile podía
dialogar. Por eso, cuando entré en la academia de Juan Belmonte y Paco
del Río estudié danza clásica y bailes regionales y palillos...
Y sigo haciendo todo lo que pienso que puede enriquecer mi baile y mi capacidad
de expresión.
Tu carrera se fue forjando al lado de numerosos artistas. Gente tan diferente
como Lola Flores o Paco de Lucía, con quien has hecho numerosas giras desde
1993, ¿qué te han aportado? ¿Te gusta compartir escenario
con otros nombres?
Me gusta muchísimo compartir; compartir y regalar son las cosas que
más me gustan en el mundo, por eso he disfrutado al máximo con ese
genio que fue Lola Flores, que me volvía loco y me hacía improvisar
cada noche un nuevo espectáculo, y he absorbido todo lo que he podido de
Paco, porque Paco de Lucía, además de constituir, se quiera o no,
una de las bases del flamenco actual, es un auténtico maestro. En el arte
y en la vida. Es un hombre en el que los espíritus derramaron algo especial
al nacer y te lo demuestra en cada momento. Yo siento que cuando me toca para
que baile, siempre me está dando lo mejor, nunca hace las cosas por hacerlas
ni por salir del paso.
¿Te refieres a la integridad, a esa sinceridad que debe tener el
artista consigo mismo y con su arte y que tanto escasea hoy en el mundo del flamenco?
Ser sincero es lo más importante para un artista. Uno muestra en el
escenario lo que es en la vida. El escenario tiene que ser la verdad más
grande que existe. En mi caso al menos siempre refleja el momento que estoy viviendo.
Siempre quiero mostrarle al público las cosas que voy descubriendo en mi
estudio a solas, lo que para mí significa en este momento el baile, aunque
tal vez mañana, cuando mire hacia atrás, ya no me sirvan porque
me habré dado cuenta de otras...
Joaquín Grilo (Foto: Anahí Carmody)
O sea que el arte siempre es una búsqueda, una continua evolución,
aun cuando se haya llegado a la madurez que tú pareces haber alcanzado.
Bueno, yo no creo que esté aún en mi plena madurez, pero sí
lo estoy intentando. Creo que he empezado a madurar y que voy por buen camino.
Me gusta saborear las cosas buenas, me siento completamente abierto y disfruto
encerrándome en el estudio, escuchando música e intentando crear
con ella un lenguaje que sea mi lenguaje, mi modo de expresión. Quiero
que ese lenguaje sea cada vez más rico.
Y para eso, además de la reflexión, además del talento,
hay que bailar duro todos los días, hay que entrenar horas y horas y ensayar,
que es una palabra que parece reñida con el mundo de los flamencos.
Por supuesto, por encima de todas las ideas, de las oportunidades y de la suerte
que tengas, si no tienes los motores engrasados y en marcha en todo momento no
llegarás a nada. A mi me gusta trabajar siete u ocho horas diarias, algunas
solo y otras con la gente que suele colaborar conmigo. A veces me gusta irme al
campo durante días con alguien a trabajar, a probar cosas. Lo he hecho
con el cantaor David Lagos y con El Bolita y su guitarra (ambos jerezanos) y me
gustaría seguir haciéndolo con otros artistas. Es una experiencia
estupenda y lo cierto es que, con el tiempo, siempre salen cosas bonitas, una
complicidad que luego se palpa en el escenario y que la gente se pregunta de dónde
puede haber salido.
Respecto a los espectáculos, a mí no me gusta montar cosas para
decirle a la gente "tú haces esto y tú lo otro". A mí
me gusta buscar el diálogo con los compañeros que comparten el escenario
conmigo y eso es muy difícil en un mundo en el que todo el mundo va corriendo
a todas partes. Para un espectáculo como el mío último se
necesita mucha disponibilidad, de tiempo y artística, por parte de todos.
Es importante rodearte de gente que te conozca bien. Que si el guitarrista pulsa
una cuerda con tristeza o con alegría no lo haga por el día que
tenga sino por lo que él mismo ha ayudado a crear.
Se dice que la de bailaor es una profesión de riesgo; de hecho, muchos
la identifican con la de torero aunque las del público sean menos mortales
que las embestidas del toro. ¿Ama el riesgo Joaquín Grilo?
Me encanta el riesgo. Cuando sales a escena con un baile ensayado y bien estudiado
sales seguro, pero es una seguridad falsa porque cada encuentro en directo con
el cante, con el público, supone entrar en un laberinto en el que cuanto
más profundo quieras entrar más perdido te encuentras. Lo que ocurre
es que el riesgo, el miedo que sientes a ese nivel de profundidad, te lleva a
un diálogo realmente sincero con los que están contigo y a unas
satisfacciones enormes.
¿Qué necesitas para crear? ¿Un impulso vital, una idea,
una crisis o tal vez una sala vacía?
Necesito tiempo, todo el tiempo del mundo. Horas de encierro en mi estudio,
probando cosas, y también horas para vivir porque es la vida, la gente
la que alimenta el arte. Yo siempre he tratado de integrarme en los distintos
ambientes que me han rodeado, hablar con la gente, irme de copas por la noche.
Para mí fue muy importante trabajar en un tablao de Barcelona, y los siete
años que viví en Madrid conviviendo con otros muchos flamencos
Actualmente existen muchos buenos bailarines y bailaores pero sigue habiendo
una enorme crisis de coreografía en el flamenco. ¿Te consideras
coreógrafo?, ¿te gusta montar cosas para otros?
Sí, me considero coreógrafo, pero ese es un camino muy lento.
Yo siempre me monto mis bailes y me gusta partir de mis propias historias. En
mis anteriores espectáculos, en Jácara por ejemplo, aunque
sólo fueran sucesiones de números, siempre he tratado de encontrar
un hilo conductor, un enlace musical al menos.
De noche pienso que es mi trabajo coreográfico más ambicioso
hasta este momento.
En efecto, De noche, discutido por algunos y alabado con fervor por
el público y por la crítica que lo ha podido ver, ha supuesto un
gran esfuerzo que contó con la ayuda de un director de escena, Gustavo
Tambascio, con una dramaturgia y con la colaboración de muchos artistas.
¿Qué rumbo seguirá ahora el espectáculo?
Sin duda va a seguir adelante con fuerza. Ha habido algunos parones temporales
porque yo tenía compromisos personales ya contraídos: con el septeto
de Paco de Lucía, con la pasada Feria del Flamenco de Sevilla, con algunos
teatros de Francia y con el Festival de Danza de Wuppertal, un encuentro que organiza
la compañía de la mítica bailarina y coreógrafa de
contemporáneo Pina Bausch y en el que, presentado por Pedro Almodóvar,
compartí una velada con Eva la Yerbabuena.
Pero vamos a seguir con De noche. Quiero que todo el público
aficionado lo pueda ver. De hecho, ya se ha repuesto en Granada, con la colaboración
de Diego Amador, (el pequeño de la saga de Raimundo y Rafael Amador) en
la música y de una bailarina extraordinaria como es Lola Greco, y en febrero
estaremos en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Lo bueno de este espectáculo
es que su estructura permite la continua incorporación de nuevos músicos
y de nuevas aventuras. Todo puede pasar en una noche...
Como hombre y artista inquieto que eres, ¿Tienes algún otro
proyectos en la cabeza?
Por el momento quiero dedicar mi energía al espectáculo. Pero
sueños no me faltan. Estoy en rodaje porque sé que mi gran trabajo
está aún por llegar. No sé, me gustaría hacer muchas
cosas, bailar con una orquesta... El tiempo se encargará de ir diciendo
lo que puedo o no puedo hacer.
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