José Manuel León, guitarrista flamenco. Entrevista
“Un guitarrista solista tiene
que buscar nuevos caminos”
Silvia Calado. Madrid, junio de 2006
Sopla levante. Y la guitarra de
José
Manuel León echa a volar. Viene de Algeciras,
de donde el maestro, de esa misma escuela de la disciplina
y el ritmo. Aunque el viento lo lleva más allá,
a un territorio tan personal que, a veces, acompleja o da
miedo o sorprende o enamora. Pero si Gerardo Núñez
y Carmen Linares han confiado en la propuesta, ¿qué
hay que temer? La respuesta es ‘Sirimusa’, un
nuevo viento con nombre de monte, una valiente apuesta de
edición y actitud independiente. Y, al tiempo, es
otro fruto de ‘La Nueva Escuela de la Guitarra Flamenca’,
esa fuente que presagió el impresionante porvenir
de un instrumento en continuo despegue.
¿Cómo te decides
a plasmar tu música en un primer disco?
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José Manuel León
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Pablo
Martín ha sido el instigador. Yo ya tenía
mis temas y mi historia desde hacía tiempo. Lo que
pasa es que nunca ha habido nadie que me ayudara. Hablar
con las discográficas para ofrecerles mi música
era una idea que no me gustaba. Como Pablo confiaba en mi
propuesta directamente, pues tiré para delante. Y
la verdad es que me ha dado libertad, carta blanca absoluta
para grabar lo que he querido. He tenido muchas ventajas.
Después, si aciertas con lo que a la gente le gusta,
pues perfecto. Y si no, por lo menos has trabajado sin presión
de ningún tipo, que ya es mucho.
¿Preferías esa libertad
de un sello independiente a cualquier posible imposición
de una gran discográfica?
Tenía claros los temas y tenía
claro cómo los quería grabar y cómo
quería que sonasen. Se trataba sólo de encontrar
a alguien que aportara cosas, porque Pablo ha aportado muchísimo,
pero desde otro punto de vista. El punto de vista del guitarrista
ya lo tenía claro, pues era el mío, eran mis
temas. Él los veía más desde fuera,
con su influencia de la música clásica. Ha
sido genial. Y se ha puesto como técnico, se ha puesto
a grabar, ha puesto su casa, su estudio, su dinero... ¡Gloria
bendita!
Casero pero profesional, ¿no?
Desde luego. No se echa en falta ningún
medio, ni mejores micros ni nada. Suena muy natural. Después,
las percusiones y las palmas se han grabado en Sanlúcar,
en el estudio La Calle de la Luz de José Miguel Évora.
Y la verdad es que nos han tratado estupendamente.
¿Cómo ha sido el
proceso de grabación?
Sencillísimo. Me llamaba Pablo y
me decía que si tal día me venía bien.
Iba, grababa un tema y, según veíamos, llamábamos
a los colaboradores. Ha sido así de natural. No teníamos
planeado previamente llamar a tal o cual músico.
No, vamos a dejarnos de rollos y vamos a tocar nosotros,
que es lo que llevamos esperando seis años. Incluyo
en nosotros el contrabajista Martín García,
de quien tengo muchas influencias musicales porque es uno
de los mejores músicos que conozco en Madrid, bestial.
Y hemos aprendido mucho el uno del otro. Como hay mucha
confianza y nos lo decimos todo, siempre hemos llegado muy
fácilmente a un consenso.
¿Qué va a encontrar
el oyente en ‘Sirimusa’?
Yo creo que, ante todo, tiene energía.
Estamos entregaditos. Yo espero que por lo menos encuentren
algo distinto, que escuchen a un guitarrista flamenco pero
que no hace lo de siempre. No temas tan densos... bueno,
son densos los míos pero un poquito más abiertos.
No se puede uno proponer hacer la mejor taranta del mundo
porque la mejor taranta del mundo ya la ha hecho Paco de
Lucía en ‘Fuente y caudal’. Tampoco tiene
sentido buscar una meta y si no la consigo, me muero. Si
no, acabas loco. Es cuestión de sacar lo que uno
tiene y si tienes otra forma de verlo, genial. Si vas por
ahí es muy difícil, desgraciadamente. Un guitarrista
solista tiene que buscarse otros caminos porque si no, creo
que se cierra mucho el círculo. Están los
que están y están más que justificados.
José Manuel León
(Foto: Daniel Muñoz) |
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¿No temes que al oyente
más tradicional le choque tu propuesta?
Sí. Es un temor que tengo desde
hace muchos años. Con mi forma de componer y de tocar
cuando iba a las peñas de la provincia de Cádiz
a tocar... uf, qué reacciones, muy fuerte. Al tocar
por taranta o por soleá y sacaba mis historias, la
gente se quedaba fría. Ha habido movida mental. Pero
me apetecía también mostrar lo que yo hago.
Si te gusta bien y si no, también. No hay otra. Hay
que ponérselo fácil a la gente, eso me lo
decía Gerardo
Núñez con toda la razón, dentro
de la paranoia musical de cada uno. Yo mismo siento, si
voy a ver un concierto demasiado denso, que lo ponen difícil.
Hay que ponérselo más facilito, pero por lo
demás hay que confiar en lo que uno hace. La gente
nota si no te crees lo que haces, si sales a tocar y estás
más pendiente de su reacción.
Tu disco, al igual que el de otros
compañeros, demuestra que se están abriendo
nuevos caminos. ¿Por dónde van los tiros?
Lo de Paco de Lucía dura todavía.
Está lo de él, su historia, su camino y hay
que beber de su fuente, pero tampoco hasta el punto de querer
imitarlo técnicamente porque no, porque él
tiene su don y es uno. Y hay guitarristas que son pilares
importantes, han aportado, pero el que ha marcado las pautas
es Paco. Y sigue siéndolo porque saca un disco y
hace así, todo el mundo calmado y a escuchar y a...
Si sales un poquito de ahí, es más fácil.
Y eso que es paisano.
¿Y hay un rasgo que identifique
a los guitarristas de Algeciras?
Sinceramente, creo que sí hay un
estilo. Están José María Bandera, José
Carlos Gómez y Salvador Andrades, mi padre, que es
quien me ha enseñado a mí y es de la escuela
total de Paco. Quien le enseñaba era el padre de
Paco, Antonio Sánchez. Esa rigidez a la hora de estudiar,
esa disciplina con el ritmo... creo que viene de ahí.
Rítmicamente, creo que es lo mejor que tiene la escuela
de Algeciras. A la hora de componer también, pero
Paco con el ritmo es muy fuerte, es lo que más me
impresiona. Y hay algo ahí... Será por el
viento, por el levante.
Gerardo Núñez te
presentó en ‘La
Nueva Escuela de la Guitarra Flamenca’. ¿Qué
te aportó formar parte de ese proyecto?
Que me conociese gente. Tuve la oportunidad
de, a través de Gerardo, llegar a la gente. Eso me
ha venido de escándalo. Y después la implicación
de él en el proyecto. Sólo lo ha hecho él.
La gente que grabó en este disco estaba haciendo
cosas, pero fue una oportunidad grabar con una compañía
como la alemana ACT, que coloca sus discos en muchos sitios.
Como promoción, estuvo genial.
Como joven guitarrista, ¿echas
en falta que quienes están ya consolidados se impliquen?
Hombre, sí. Encima hay ciertos comentarios
de los grandes en prensa que no los llego a entender. No
voy a entrar ahí. No debería ser así
y menos cuando incluso se empiezan a hacer distinciones
de razas. No es para tanto ni una cosa, ni la otra. Sólo
deberían valer la unión y lo que cada uno
aporta. Gerardo Núñez ha sido el único.
Ha sido muy inteligente porque sabe que es muy difícil
salir adelante. Apostó y ya están floreciendo
cosas: salió el disco de Jesús
de Rosario, ahora ha salido el mío...
¿Te ha dejado huella Gerardo
musicalmente hablando?
Pues me ha enseñado más de
fuera, de lo que es el mundo del flamenco, que de música.
Y no es porque no tenga nada que enseñarme, que tiene
muchísimo, lo que pasa es que como es tan distinta
nuestra forma de tocar... Y él lo sabe. Me acuerdo
de una anécdota que me pasó con él
cuando me llamó para tocar con Carmen Linares en
el Teatro Real. Quedé con él en su casa para
tocar y yo no lo conocía de nada, lo había
visto tres veces. Nos pusimos a ensayar y me ponía
falsetas de disco, de otro... “¿La has escuchado?”.
Y yo, por corte, le decía que sí. Y no había
escuchado apenas nada de él porque mi padre es muy
cabezota, para él son sólo Paco de Lucía
y Cañizares. Y, claro, era lo que yo había
mamado de chico. Tenía ‘El
gallo azul’ y lo escuchaba, pero como yo venía
de otra película que no tenía nada que ver,
pues nada. Al cabo del tiempo, ya lo cogí y le confesé
que no había escuchado nada. Y él me dijo
que ya lo sabía, que claro que lo había notado.
Jajajaja. Pero ha habido muy buen ‘feeling’
con él.
Y al hacer en directo ‘Un
ramito de locura’ incluso personalizas las composiciones
que hizo para ese disco...
Yo cambio alguna cosilla. Él me
ha dado libertad absoluta. Cada vez que he trabajado con
él, me ha dicho que lo que yo quiera. Como toca tanto,
tampoco se preocupa de lo que hagan los demás. Con
lo suyo ya sobra. Me lo paso muy bien cada vez que voy con
él.
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José Manuel León
con Carmen Linares (Foto: Daniel Muñoz)
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Acompañar a Carmen
Linares ha sido tu principal actividad en estos últimos
años. ¿Cómo has afrontado tal responsabilidad?
Hombre, al principio ha costado un poquito
porque generacionalmente hay una diferencia, pero ella es
muy abierta a otras cosas. Me he tenido yo que adaptar a
ella, por ‘supuestísimo’, como tiene
que ser. Yo tenía un poco de complejo. A ella siempre
la han acompañado guitarristas como Paco Cortés
y Miguel
Ángel Cortés, que es gente que acompaña
muy bien al cante y tiene un rollo bastante ‘sometido’
al cante, entre comillas. Por mi forma de tocar, no me someto
tanto al cante, por lo que hay que encontrar un término
medio. Por ejemplo, tocando por taranta con ella descubres
por dónde iba mi historia, pues es muy profundo.
Puedes utilizar tus recursos y tu forma verlo, pero hasta
conseguir adaptarlo para que quede bien con ella, es todo
un desarrollo. Ahora mismo estamos funcionando genial.
¿Qué te sugiere el
cante de ‘la dama’?
Es muy sobria, tiene mucho peso, da mucha
responsabilidad porque cuando ella abre la boca... hay que
dar el acorde en condiciones. Lo que me han dado ella y
su marido, Miguel Espín, es una buena energía
increíble. En el disco hay un agradecimiento a ellos,
porque dan siempre muy buena onda. Todo está siempre
genial, sólo hay buen rollo, sinceridad y mucha coherencia.
Por eso está donde está después de
tantos años de trabajo. Imagínate la caña
que le han tenido que dar incluso con el tema de la raza...
Y hoy en día es la soberana, todos lo tienen que
admitir.