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Érase una vez
José Manuel León...
Silvia Calado. Madrid, junio de 2006

José Manuel León
(Foto: Daniel Muñoz)
La fuente
“A mí me ha enseñado a tocar mi padre,
Salvador Andrades. Yo lo conocí cuando tenía
nueve años porque no es mi padre biológico.
En mi familia no había artistas, salvo mi abuelo que
cantaba por saetas y por fandangos increíble de bien.
Y por ahí había algo de tradición pero
en guitarra, nada. Mi madre enviudó muy joven, con
veinticuatro años, y cinco años después
conoció a mi padre actual que, fíjate por dónde,
es guitarrista. Yo empecé a tocar con trece años.
Mi padre me lo ha enseñado todo, técnicamente
está muy bien, es muy disciplinado. Cuando lo veía
dándole clases a sus alumnos, me entraba curiosidad
y me puse a tocar compaginándolo con los estudios y
con el conservatorio, donde obtuve grado medio de guitarra
clásica. Dejé los estudios al terminar secundaria
porque ya no era factible compaginarlos con la guitarra”.
Influencias
“Influencias de él tengo muchas, que a su vez
tiene como referentes a Paco de Lucía y a Cañizares.
Cañizares
es uno de los estandartes a nivel de evolución, pues
ha evolucionado hacia otro lado. Técnicamente, es un
tío que está sobrado y algunas veces el fallo,
entre comillas, por decir algo, es que abusa un poco de tanta
facilidad. Pero a nivel de concepto a mí me parece
sobresaliente. ‘Noches
de imán y luna’ es muy fuerte, es de los
que más he escuchado. La rumba es increíble.
No es normal. La cabeza le funciona de otra forma. Empieza
a volar y vuela, vuela, vuela... se nos va”.
Otros mundos
“El principio, como base, está genial
tener a Paco y a Cañizares, pero con el tiempo todo
cambió. Al venirme a Madrid, cambió ese punto
de disciplina y empecé vivir la música de otra
manera. Escuché mucha música diferente, sobre
todo, americana, drum and bass, jungle, grupos que tocan cosas
que no te lo crees en compás de siete, de once. Y son
ritmos que están ahí, pero los flamencos normalmente
no intentan entrar. Y yo he entrado por ahí y ha funcionado.
En mi disco no hay ningún siete ni ningún once,
pero en el disco de Pablo Martín sí hay cosas.
Es otra forma. Cuando escuchas todos los días, es un
poso que va quedando ahí, quedan esas influencias.
Y te tienen que salir por algún lado”.

José Manuel León
(Foto: Noah Shaye)
El reto
“Después el problema está en llevarlo
al instrumento del que hablamos, la guitarra flamenca, y que
suene a guitarra flamenca. Podemos ponernos a tocar otra cosa
que no es flamenco y no funciona. Yo he intentado llegar a
un término medio, llevarlo a mi forma de tocar que,
casualmente, es guitarra flamenca, quiera o no quiera. El
tema seis del disco, ‘Hay que ser positivo’, es
más experimental, pero no es un artificio sino mi forma
de verlo”.
Y las ilusiones
“Tengo mi propio grupo para llevar ‘Sirimusa’
a directo, con Martín García al contrabajo,
el batería Borja Barrueta y, normalmente, Cepillo
a la percusión, pero con él es muy difícil
contar porque está en Sanlúcar todo el día
con la caña de pescar y es muy difícil cogerlo.
Jajajaja. Y mi mujer, Alicia Carrasco, que canta
en el disco. Lo ha hecho muy bien, sobre todo, porque no se
parece a ninguna, que es lo que a mí me interesaba.
Yo la conocí trabajando. Ella cantaba, lo que pasa
es que desde que está conmigo está un poco retraída.
Además, ahora está embarazada, a punto de dar
a luz. Primero ha venido el disco y ahora viene el parto de
verdad. Estamos muy ilusionados”.
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