Juan Carlos Romero,
guitarrista. Entrevista
“El flamenco no es fácil
hacerlo
avanzar musicalmente”
Silvia Calado. Sevilla, octubre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Tras un prolongado periodo ocupado
en producir, componer y tocar para otros, la guitarra de
Juan
Carlos Romero vuelve al primer plano. El músico
onubense reúne en ‘Romero’ temas que
“denotan más madurez y más definición
de mi estilo”. El disco contiene homenajes -a Paco
Toronjo y a Niño Miguel-, un muestrario de voces
jóvenes -Arcángel, Estrella Morente y El Vareta-
y, como adorno foráneo, una pincelada de voces de
gospel. Lo primero, porque es tan consciente del valor de
la tradición que nunca sintió el dilema con
la vanguardia. Lo segundo, porque adora el cante y reivindica
que no se tracen líneas divisorias entre distintas
formas de entenderlo. Lo tercero, porque le gusta permitirse
esas licencias. Con ‘Romero’ como pretexto,
en esta entrevista el guitarrista alerta de la complejidad
que entraña hacer avanzar la música flamenca,
del peligro de la intuición cuando falta el conocimiento,
de la trampa de la creación forzosa... defendiendo
a ultranza la esencia del flamenco.
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Juan Carlos Romero |
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¿Qué aporta ‘Romero’
respecto al álbum debut ‘Azulejo’?
Cuesta decirlo... Sí, tengo la impresión
de haber avanzado, de haber evolucionado respecto al primer
disco. Hablar de aportación… no me atrevo.
Creo que el tiempo que ha pasado no ha sido en balde y este
disco denota más madurez y más definición
de mi estilo. Creo que he encontrado mi espacio. Se trata
de una visión personal de la música flamenca,
siempre teniendo la raíz y la tradición como
puntos de partida, tratando de que mi música pueda
mirar hacia delante y hacia atrás al mismo tiempo.
¿Cómo nació
el repertorio?
Son composiciones que han ido surgiendo
durante este tiempo. Muchas de ellas están originadas
por vivencias personales, como los fandangos de Huelva que
dedico a Paco Toronjo. Ocurrió su muerte y yo en
aquella época estaba cerca de él, me afectó
personalmente y surgieron esos fandangos. Y está
el tema que hago a Niño Miguel. Hay un apego más
largo en el tiempo porque fui alumno de su padre y, de forma
indirecta, de él. Siempre ha sido para mí
un guitarrista en el que mirarse, siempre lo he admirado
mucho.
¿Y el resto de los temas?
No hay ya una motivación personal,
sino que van surgiendo con el paso del tiempo, con las inquietudes,
con lo que uno va descubriendo, por la necesidad de hacer
cosas. El hecho de la creación no es un empeño,
es una necesidad. Vivida como un empeño, salen cosas
forzadas. Pero si es una necesidad personal, sale con fluidez.
Si en ‘Azulejo’ contabas
con voces consagradas como las de Carmen Linares, Enrique
Morente o El Extremeño, colaboran en este disco voces
de una nueva generación: Estrella Morente, Arcángel
y El Vareta.
Son cantaores con una calidad artística
contrastada. Y, sobre todo, me gusta mostrar que no hay
esa línea divisoria que se quiere trazar entre distintas
formas de cantar. Me gusta que esté la voz de El
Vareta que es recia, rajada, muy flamenca, porque mi gusto
va por ahí. Pero me gusta el contraste con voces
como las de Estrella. Todo ese espectro que abarca de una
voz a otra es igual de válido. Reivindico que no
caben líneas divisorias, que tan flamenco es uno
como otro.
¿En la guitarra también?
¡En la guitarra no hay ni que decirlo!
Tradicionalmente ha sido así. Los guitarristas con
más aire de aquella época eran Niño
Ricardo y Manolo
de Huelva. Después había otro tipo de
guitarristas que tenían otras virtudes, que para
mí eran buenísimos, como Ramón
Montoya y Sabicas.
Pero no había lo que hay últimamente, un deseo
de trazar una línea que divida lo gitano de lo que
no lo es. Todo depende de la calidad y del talento, lo demás
no me interesa.
¿Qué relación
hay entre tu guitarra y el cante?
Mucha. Considero que lo esencial del espíritu
del flamenco está en el cante. Y yo soy muy aficionado
al cante, me gusta mucho y creo que ahí se recibe
no ya información, sino lo mítico. Te llega
algo de cuál es el camino a seguir, de lo más
esencial, de las formas del flamenco, incluso de las armonías…
Yo las percibo muchas veces a través del cante.
Juan Carlos Romero |
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Y con el baile, ¿ocurre
algo similar o es una relación distinta?
Eva
Yerbabuena es una mujer a la que admiro mucho porque
es una gran artista, es muy sensible y tiene algo que no
tiene mucha gente: entendimiento de la música para
hacerla danza. Ella no baila por bailar sobre algo, baila
entendiendo lo que escucha. Y eso para mí la distingue
de las demás. Temas como ‘Asesinato’
de Lorca, que le hice a Enrique Morente, que no es fácil
para oír y para que te fijes en él, ella los
ve desde el principio, los entiende. Te llama la atención
que no se fije en un estribillo. Y lo ha metido en su nuevo
espectáculo, cantándoselo Miguel Poveda. Cuando
ella se pone a bailar, no lo sabe hacer de otra manera,
le salta el automático. Eva es muy buena. Estoy muy
satisfecho con esta colaboración y con las de cante.
¡Qué bien cantan los tres!
¿Ves un buen momento en
el cante?
Por una parte, me parece bueno pero, por
otra parte, me parece demasiado uniforme. Por una parte,
hay gente muy interesante y, por otra, un grupo en el que
todos cantan igual. Y todos vivimos la misma época.
¿Cómo calificas una época de buena
o mala si convive todo? Sí que hay voces interesantes,
buenas voces. Y muchas de ellas, desaprovechadas.
¿También hay esa
uniformidad en la guitarra?
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| "No
es una buena época para la creación
y en la guitarra también se nota" |
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También. No es una buena época
para la creación y en la guitarra también
se nota. Y no se trata de academicismo, sino de la obligación
que siente todo el mundo de crear algo nuevo pues, en realidad,
lo que hacemos es darle vueltas a lo mismo. Así llevamos
un montón de tiempo. Y es muy difícil el hecho
creativo, está al alcance de muy pocos. Lo intentamos
todos y a algunos les saldrá y a otros no. Lo importante
sería que cada uno encontrara su camino, pero también
que uno sepa que no hay ningún camino que buscar.
Un guitarrista puede dedicarse perfectamente a la interpretación,
no tiene por qué ser autor de lo que toca, eso en
la música clásica está asumido.
Y hasta en el cante también
es habitual, ¿no?
Sí, pero en la guitarra, si no tocas
tus propias falsetas, eres un don nadie y yo no entiendo
por qué. Puedes ser un magnífico intérprete
pero no ser un compositor. En la idiosincrasia de la guitarra
eso parece que va ligado, que tiene que ser así.
Y hay gente que ha pasado a la historia de la música
interpretando. Había que entrar más de puntillas
en el campo de la creación... aunque tampoco estoy
seguro. Lo que se está haciendo es una especie de
gazpacho en el que se toma lo que te gusta de cada música
que oyes y se produce un híbrido sin ningún
carácter ni personalidad concreta. Lo flamenco se
difumina entre tantísimas cosas. Lo flamenco se convierte
en un elemento más, en el ritmo, en la cadencia clásica
del flamenco. Y a veces no es sólo eso. El flamenco
no es fácil hacerlo avanzar musicalmente. Como es
un mundo con unas claves muy concretas, te vas fácilmente
de ellas porque está creciendo ahora y está
tratando de avanzar. Pero como avanzamos a golpe de intuición
y no de conocimiento, damos muchos pasos en falso y hacemos
muchas cosas gratuitas.
Un ejemplo de músico flamenco
que avanza sobre un esquema es Manolo Sanlúcar...
Es que no hay otra forma. La intuición
tiene las patas muy cortas. Te sirve, siempre ha sido útil
en el mundo de la música, pero para un primer esbozo,
un descubrimiento de una célula, de un motivo. Pero
para desarrollarlo, se necesita conocimiento y llega un
momento en el que la intuición es un instrumento
limitado para los berenjenales en los que nos estamos metiendo
los guitarristas ahora. Desde el punto de vista musical,
emprendemos aventuras complicadas.
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