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Volviendo al disco, hay pinceladas de
otros instrumentos.
Las sevillanas necesitaban una transición y quería
un instrumento que no se me fuera demasiado de la propia guitarra.
Elegí un ancestro de la guitarra: el laúd. Me
pareció adecuado el laúd que, por cierto, me
lo prestó Dorantes
porque no había manera de encontrar uno y se lo agradezco
mucho.

Juan Carlos Romero
Y llaman la atención las voces de gospel.
¿Cómo surge esa colaboración?
Las voces de gospel están en la rumba y en una transición
que hay a una de las sevillanas. Las encontré en Madrid
y les llamó la atención que alguien del flamenco
quisiera contar con ellas. Y les hacía ilusión.
Creo que se quedaron muy contentos con el trabajo. Uno oye
las cosas que están a su alrededor porque no está
sordo y no puede ignorar la información que llega.
Siempre me ha gustado mucho trabajar con voces. Ya había
hecho algo así en el Festival de Música y Danza
de Granada con Miguel Poveda, Marina Heredia y Arcángel.
Aquí pensé que lo más cercano a lo flamenco
era lo negro y me pareció una buena forma de adornar
la rumba. Normalmente, ese tipo de licencia me las permito
en temas que no tienen trascendencia flamenca. No quiere decir
que no se pueda usar en una soleá pero, en principio,
no me lo planteo. Todavía me gusta que la soleá
suene a soleá.
Respecto al uso de otros instrumentos, decía
recientemente Pedro Sierra que ya había llegado el
momento de que el flamenco volviera a sí mismo, Gerardo
Núñez se ha presentado a solas con su guitarra
en la Bienal de Sevilla... ¿Cuál es tu parecer
sobre el uso de otros instrumentos en guitarra flamenca?
Creo que, por ejemplo, mi disco es un disco bastante comedido
en ese aspecto. No tiene nada, sólo guitarra, percusiones
y palmas, si exceptuamos una parte de la rumba. No me hago
ese planteamiento: ¿cuento con instrumentos o no? Me
parece un poco artificial. La composición puede pedirte
un tipo de acompañamiento o no, pero no puede ser una
condición previa a la propia composición. Como
eso durante estos años se ha hecho de forma caprichosa
y como moda, ahora el péndulo va al otro lado: ya dejamos
de usar instrumentos. Yo creo que está en función
de lo que la propia composición demanda, no es un postizo
que tú le puedas echar encima.
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| "Nunca
debimos dejar de haber mirado atrás, hemos pecado
de modernos, entre comillas" |
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El flamenco, por sí mismo, no lo necesita y de ese
tipo de aventuras, no reniego, pero hay que hacerlas con sentido.
Las propias composiciones tienen su dinámica y te puedes
dar cuenta de que les hace falta algo... o no. Pero yo no
parto de decir “voy a hacer un disco con violines”.
¿Cómo lo vas a saber si aún no tienes
ni el disco? Si enfocas la composición en función
de ese concepto, ya eso no se verá como un postizo,
tendrá un sentido. Lo que sí me planteo es que
nunca debimos dejar de haber mirado atrás, hemos pecado
de modernos, entre comillas. Hoy es más moderno Juan
Talega que la mayoría de lo que se hace, es más
moderna una toná, más propia de la música
contemporánea, que todo lo demás.
Al flamenco parece que las tendencias de la música
llegan con retraso...
Tenemos la sensación de estar descubriendo cosas,
pero el mundo ya las ha descubierto. Ahora llegamos nosotros,
las incorporamos y creemos que hemos descubierto algo. Y eso
ocurre porque el flamenco siempre ha estado muy cerrado sobre
sí mismo. Pero de verdad que todos los cantes tradicionales
son mejores que todos los que se hayan inventado después.
Y, si apuramos, también las letras, ¿no?
Juan Carlos Romero |
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Las letras, ni te cuento. Son infinitamente mejores, pero
no porque lo mire desde el punto de vista de la pureza o de
la tradición, sino por enjundia flamenca en todos los
aspectos. Casi todo es mejor que lo que se ha hecho después.
Y había una naturalidad que hoy no se tiene. Esas letras
dicen tanto porque el que las dice no está intentando
ser un poeta y hoy el que hace letras quiere ser un poeta
y la mayoría de las veces lo que se hace son tonterías,
cursiladas. Y eso está dicho de verdad con la naturalidad
con la que un hombre de campo dice las cosas, con esa profundidad,
con esa lucidez. Y por eso esas letras son tan buenísimas.
A ver quién dice ahora “por otro la vi llorar
y yo que la quiero tanto la tengo que consolar”. Nosotros
estamos queriendo ser poetas y los poetas están queriendo
ser como los flamencos populares. Lorca lo decía, que
daría lo que fuera por escribir algo así, pero
para eso hubiera tenido que desaprender.
Hemos pecado de catetos muchas veces, creyendo que estamos
descubriendo algo, haciendo avanzar algo. Y la mayoría
de las veces estamos simplemente con los ojos de un niño
que descubre una cosa nueva y la quiere incorporar a su mundo.
Pero la incorporamos como un postizo, simplemente, porque
nos gusta. Y el gusto no avala nada. Que te guste no quiere
decir que sea asumible por nuestra música. En el arte
y en la vida lo difícil es decir no, que seguramente
sea la palabra más importante del vocabulario. Y no
es fácil renunciar a algo que te gusta. Hay falsetas
que he desechado porque entendía que se me iban del
toque que estaba interpretando. Y si quiero hacer lo que me
dé la gana, no tengo que ponerle taranta, eres libre
de hacer lo que quieras. Que esté en ritmo de tangos,
no quiere decir que sean unos tangos. Todo eso hoy está
un poco confuso. Se piensa que una alegría es una alegría
porque esté en tono mayor o en ritmo de alegrías.
Y tiene que haber más ingredientes. Para mí
es uno de los mayores defectos que encuentro a todos nosotros,
la falta de carácter flamenco, ese espíritu.
Y no es falta de libertad, sino falta de conocimiento de la
raíz, pero no de un conocimiento intelectual, sino
de un conocimiento íntimo, de las tripas.
Y ya estás trabajando en nuevos proyectos.
Miguel Poveda nos avanzó que estáis haciendo
en un disco...
Estamos queriendo hacer un disco. Ya vamos mirando algunos
temas. No queremos meternos en muchos berenjenales más
allá de hacer un disco flamenco de composiciones nuevas
buscando, simplemente, lo flamenco. No vamos a buscar ninguna
cuestión de comercialidad ni nada, sino a hacer el
disco que nos gusta. Y Miguel Poveda está en un momento
muy bueno.
La verdad es que creo que vamos a poder hacer un disco sin
demasiados condicionantes externos, que no es poco. Yo he
hecho lo que he querido en mi disco porque todo está,
para bien o para mal, porque yo lo he querido así.
No tuve que ceder en nada. Al fin y al cabo, el mundo del
disco es una industria, ellos invierten su dinero y si no
lo recuperan, cierran. Y si no eres rentable, no hay más
discos. Pero es una empresa dedicada a la cultura, no a las
galletas. Hay que ser empresa pero teniendo en cuenta que
estamos hablando de arte, de cultura.
Y, a pesar de lo difícil que se lo pone la
industria discográfica, ¿sigue existiendo esa
afición que busca?
Creo que a esa afición, a ese público, se le
ha dado un poco de lado en los grandes medios de comunicación.
No tiene alternativa. Y sé que si supiera que existe
todo esto, se volvería loco. Yo creo que en ese aspecto,
hay muchísimos músicos buenos que están
desaprovechados. Y no sólo del flamenco.
Yo mismo podría haber no sido flamenco, lo que pasa
es que naces en una casa en la que tu familia está
en eso. Tú te educas en eso, te crías en eso
y tu inquietud musical va a salir a través de lo que
has vivido desde niño, pero es probable que si hubiera
nacido en una familia donde se escuchara la clásica
o el jazz, me hubiera dedicado a la clásica o al jazz.
Lo que sí creo es que hubiera sido músico.
Juan Carlos Romero |
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Arcángel, Carmen Linares, ahora Miguel Poveda...
Eres un músico que promueve las ententes con otros
artistas.
Y siempre he tenido la libertad de elegir con quién
colaborar. Nunca he tenido ningún compromiso con nadie,
nunca ha sido una cuestión de obligación. También
estuve una época tocando con Manolo Sanlúcar,
unos cuantos años. Después surgió producir
los discos de Arcángel, anteriormente había
hecho el de El Pele, ahora hago el de Miguel Poveda, otras
veces he hecho cosas para Enrique Morente, para Carmen Linares...
Me he relacionado con quien, por circunstancias, la vida te
pone cerca. Van sucediendo las cosas y ya está, no
sé, lo que va surgiendo.
Y no sólo del flamenco, ¿verdad?
Hice cosas con el grupo Alameda. Yo siempre he estado en
el flamenco, eso surgió. Siempre ha sido una música
relacionada con el sur, quisieron contar con una guitarra
flamenca y participé con ellos. También he participado
en grabaciones de Tino di Geraldo que a mí me han parecido
que merecían la pena. Hace poco trabajé en el
disco ‘Territorio Flamenco’ con Arcángel,
Carmen Linares, Rancapino y Estrella Morente. Son participaciones
que me gustan porque había que dar otra visión
de esos temas, rearmonizarlos, darles una visión más
cercana al flamenco.
Me gusta abordar proyectos menos ortodoxos, pero me encanta
tocar una soleá como toda la vida, porque echas de
menos esa sonoridad. Nunca he tenido dilemas con lo de la
tradición y la vanguardia. Yo he estado tan convencido
de que lo que hay es la tradición, que no sólo
es buenísima sino la base que nos permite seguir creando
con sentido, que nunca me hubiera permitido prescindir de
ello. Soy un amante de la tradición, aunque pueda parecer
lo contrario. Yo oigo mucho en mi casa todos los discos antiguos
de cantaores, de guitarristas. Y analizando con perspectiva
musical, hay auténticas joyas. Están tan bien
hechos... Pero ya es lógico que las cosas no se entiendan
igual. No son composiciones nominales, sino hechas con los
sedimentos del tiempo y a las que intérpretes geniales
han ido dándole forma. Y hoy tú te metes a componer
una soleá, los tiempos son otros y las cosas te llevan
ahí. Y es un acto muy delicado. Cuando dicen que sobran
notas habría que preguntar cuál quitar. Estoy
harto de darle vueltas y no sé la que sobra.
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