Juan de Juan, bailaor flamenco.
Entrevista
“Yo me busco en mi soledad”
Silvia Calado. Sevilla, septiembre de 2008
Juan
de Juan se fue, como dice la seguiriya de Manuel Torre,
“al campito solo”. Pero no a llorar, sino
a encontrarse. Allí estuvo un tiempo “sin
más compañía que la de un burro que
venía a verme de vez en cuando”. Allí
buscó, sin música, su sonido y “la
profundidad de mi ser”. Dice haber hallado tanto
lo uno, como lo otro. Y ahora lo plasma en un proyecto
con el que emprende un nuevo camino en solitario. Pero
no solo. ‘Orígenes’ -estrenado en la
Bienal de Flamenco de Sevilla 2008- sitúa a Juan
de Juan en el centro de una conversación entre
grandes músicos del jazz, del son y del flamenco,
un viaje a los “sonidos negros” que interconectan
las raíces de estas músicas.
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Juan de Juan (Foto Daniel
Muñoz) |
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¿Qué propones en
tu nuevo proyecto ‘Orígenes’?
Es un espectáculo en el que nos
hemos unido el jazz, lo cubano y lo flamenco para conversar
juntos y dar un enfoque nuevo a la hora de expresar, sobre
todo, el sentimiento flamenco. Tienen mucho en común
las tres músicas, todas tienen raíces negras.
El jazz es puro negro, lo cubano es negro mezclado con
lo indígena y con lo nuestro, y lo nuestro tiene
claras raíces negras. En el siglo XVI el diez por
ciento de la población de Sevilla era negra. Por
eso existe la Hermandad de los Negritos, que la hizo el
arzobispo para recoger a los negros que quedaban en libertad
y no cayeran en delincuencia. Y en esa época se
pudo estar forjando el origen del flamenco. Hubo uno en
Triana que lo llamaban El Negro y se casó con una
gitana trianera; dicen que cantaba y bailaba que no se
podía aguantar. Y ese ritmo hondo del flamenco
hondo, esa pena del flamenco, tiene mucho que ver con
lo negro. De esa inquietud, esta unión tiene su
sentido, su significado y su concepto.
Lo inusual es que sea un bailaor
el que provoque esa reunión de músicos...
Nunca. Ese sonido nunca se ha hecho bailando,
siempre ha sido por el sonido, por la música, por
los instrumentos. Para expresarlo con el baile nunca se
ha hecho. Y es un sonido muy especial. Por ejemplo, hago
una seguiriya rápida, que es como se hacía
en el siglo XIX. Lo que pasa es que al desarrollarse se
hizo lenta, más de pose... que está bien,
que es respetable. Y en esta seguiriya vertiginosa se
meten ellos y la abren a unos mundos... Después
vuelve otra vez, es un ir y venir, una cosa preciosa.
Yo estoy enamorado de esos sonidos y de estos maestros
de la música, como Jerry González, como
Alain Pérez, como Antonio Serrano... La percusión
es de Piraña y Ramón Porrina, a la guitarra
está mi compañero de Morón, Daniel
Méndez, que es un fenómeno, se adapta
perfectamente, tiene un swing increíble. Y luego
las voces femeninas son La
Tana, Genara y Lola Molina, y la de hombre, Rafael
de Utrera. Para ellos he hecho un trabajo de letras,
las he escrito yo la mayoría. Cojo mi guitarra,
me pongo en casa y me hago mis letras. Hay algunas que
tienen muchos años y son de experiencias que yo
he sentido, matices que suenan por ahí.
Juan de Juan (Foto Daniel
Muñoz) |
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¿Y cómo has juntado
a toda esta banda?
Pues llamándolos por teléfono.
Yo tengo una relación con ellos de habernos visto
varias veces, de escucharlos. Más de una vez nos
hemos unido así de fiesta y lo mismo yo le he hecho
a uno un pasito y él ha metido una nota por medio.
Ya estoy preparando un proyecto nuevo, que se titula ‘Del
rey de Harlem a los negritos sin drama. El poeta y los
sones negros’. Y ahí lo dejo, ya sabréis
más. Es un trabajo que vamos a hacer el mismo equipo,
porque va en el mismo concepto musical de ‘Orígenes’.
¿Han compuesto música
para ti?
Yo primero les mandé música
que yo tenía, por ejemplo, para la seguiriya les
di letras, los tonos en los que se iba a hacer más
o menos, pasos míos... Y cuando vinieron, aportaron
lo que ellos tienen. Ya nos juntamos, unimos una cosa
con otra y todo se ha transformado. Se ha creado un mundo
distinto. Se ha hecho música nueva.
¿Y baile nuevo?
Totalmente. Sobre todo, he estado buscando
mucho en los sonidos negros de los pasos, en lo profundo
de los pasos. No va de zapatear por zapatear, es buscar
los sonidos que duelen.
Un Juan de Juan diferente...
Yo creo que sí. La personalidad
de uno es siempre la misma, pero creo que la mía
tiene mucho que ver con esto. Mi forma de entender la
música, de meterme en los tiempos y de jugar con
ellos tienen mucho que ver con ese tipo de músicas,
con ese tipo de almas.

Juan de Juan (Foto Daniel
Muñoz)
¿Va llegando la calma
con los años?
Sí. Ahora lo hago cuando yo quiero.
Cuando me quiero parar, me paro. Y cuando quiero hacerlo
así, lo hago. Todo lo hago porque quiero, porque
lo siente mi alma y porque es el momento. Esta obra no
es tanto de buscar la parada, sino el sentimiento y la
expresión, de almas que en un momento dado vuelan
por los sonidos y vuelan por las notas. Es comunicación
de sentimientos.
Aquí te sentirás
un poco músico...
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| "El
bailaor ha de ser músico siempre, aunque
baile por soleá con una guitarra y un cantaor" |
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Claro. Me siento muy músico. El
bailaor ha de ser músico siempre, aunque baile
por soleá con una guitarra y un cantaor.
¿Cómo estás
trabajando para hacerte tu propio camino?
Desde mi soledad, desde mi intimidad.
Yo estoy solo metido en mi estudio, sin nadie más.
Estudio sin música en el estudio, me miro en el
espejo, me busco mi sonido y la profundidad de mi ser.
Y luego ya cuando nos unimos todos, cambia la cosa. Pero
yo me busco en mi soledad.
¿Es un peso o una ventaja
haber sido discípulo de Antonio
Canales?
En la vida hay etapas de una persona.
Y hay una etapa que pasa, viene otra... Ahora estoy en
otra etapa que no tiene nada que ver. Estuve muy joven
en el candelero, mucha gente opinaba de mí y no
sabía nada de mí. Te ven una copia de tal
o cual artista sólo por la predisposición
que esa persona pone al verte. Y el baile y la música
son mucho más profundos que esas opiniones. Cuando
escuchas a Jerry González o a Miles Davis, el sonido
es una trompeta que suena, pero hay momentos en los que
la persona, el sonido y el instrumento parecen uno.

Juan de Juan (Foto Daniel
Muñoz)