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Juan
Carmona Habichuela. La guitarra Flamenca.
Mientras
estoy redactando estas líneas, estoy viendo los seis vídeos sobre el toque de
la serie "Rito y Geografía del Toque". Y por inevitable asociación,
noto la ausencia de Juan Habichuela en la colección: Niño Ricardo, Paco de Lucía,
Pepe Martínez, Melchor de Marchena, Enrique de Melchor, Paco Cepero, Diego Carrasco
"El Tate", Andrés Batista, Pepe Habichuela, Serranito... desfilan ante mis ojos,
ofreciendo sus solos, sus acompañamientos, sus opiniones sobre el toque de los
setenta.
Aunque
criado en Granada, Juan desarrolló su vida artística en Madrid, donde reside en
la actualidad, y no esconde su simpatía y referencia ricardiana (Niño Ricardo)
como fuente y escuela de referencia.
¿Por
qué Juan en plenas facultades no era considerado un clásico y ahora se le celebra
precisamente como tal?
Foto: Anahí Cármody
Para
documentarme en este trabajo, repaso mi archivo de entrevistas, estudios, artículos,
reseñas, etc. dedicados a Juan, y una vez más constato que son recientes. Llego
finalmente, quizás de forma apresurada, a una primera conclusión: el flamenco
en estos últimos años ha cambiado tanto, ha evolucionado tan rápidamente, se ha
movido tanto, que artistas respetados pero no ensalzados ayer, hoy están en los
altares clásicos. Y estoy convencido que los primeros sorprendidos deben de ser
ellos mismos. Finalmente parece que el flamenco, por muy vanguardista que pretenda
ser, siempre necesita puntos de referencias unánimemente reconocidos. ¿Qué tiene
el Tío Juan, sencillo, modesto, más bien corto de falsetas y técnica, para estar
hoy en el centro de los focos?
Juan
Carmona Habichuela vive sus primeros años bajo el signo de la miseria de la posguerra:
"El
flamenco ocupa ahora un lugar excelente. Está en un momento extraordinariamente
bueno, muy distinto a cuando empecé yo. Entonces se pasaba mucha hambre. Recuerdo
que cuando era chico, mi padre tocaba la guitarra y yo bailaba en la calle, luego
pasaba la gorra y sacábamos una perrillas. Un día se acercó un hombre a mi padre
y le dijo que donde yo tenía que estar, era en la escuela".
Juan
Habichuela ya situado en los tablaos madrileños bajará en tren a Granada después
de ahorrar un dinerillo. Hoy en día su hijo Antonio Carmona (Ketama) acaba de
comprarse un chalet situado en una de las zonas más selectas de Madrid y ocupa
la portada de no pocas revistas de moda. Los tiempos cambian, y quizás la familia
gitana y flamenca de los Carmona sea uno de los mejores paradigmas de esta rapidísima
evolución económica de la sociedad española.
Empezó
muy joven con el baile, aunque no era lo suyo. Su primera aprehensión y comprensión
del flamenco es rítmica. Hay otro dato que llama la atención del Juan bailaor:
su rápido abandono de esta disciplina al ver bailar a otros jóvenes de su edad
como Farruco o Terremoto y darse cuenta de que no era lo suyo. Temprana chispa
y lucidez pues en el Juan adolescente, consciente de sus limitaciones, momento
clave sin el cual no se hubiera construido el destino del tocaor.
Ya
en el toque, se dedica inicialmente a acompañar el baile de su paisano Mario Maya,
junto con Juan Maya "Marote". Sigue pues con el aprendizaje rítmico del flamenco.
Su técnica guitarrística la elabora para esta concreta función de acompañamiento
del baile.
Manifiesta
hoy con orgullo el ser tempranamente aficionado al cante como valor de su ser
flamenco. A su temprana formación rítmica, hay que añadir pues su temprana escucha
de las melodías flamencas, expresada con la voz y sus particularidades. Es indudable
que su orientación al baile, aunque vocacionalmente equivocada, condicionaría
su escucha del cante y de su fraseo.
Pule
poco a poco su toque y se inicia como profesional en los tablaos madrileños -asistí
recientemente en Sevilla en "La Carbonería" a varios pases de un cuadro flamenco
formado entre otros por Luis Agujetas (cante) y Carlos Heredia (toque): un público
joven de diferentes nacionalidades (bebiendo, hablando y riendo ruidosamente)
obligaba al tocaor y al cantaor que no tenían micros, a esforzarse más allá de
lo normal- Esta obligada actitud condiciona la técnica y expresión de los músicos.
Carlos Heredia debía de priorizar algunos mecanismos para hacerse oír, como el
pulgar y los rasgueados. Las técnicas más clásicas, como arpegios, trémolos o
incluso picados hubieran sido baldíos. Estando pues en Sevilla en este lugar,
no pude evitar tener la sensación en "la Carbonería" de estar en un café cantante
decimonónico y ver hasta qué punto un ambiente desfavorable puede condicionar
el toque de un guitarrista. "Cuando me apetece tocar voy a una venta o a una
casa de unos amigos y estoy tocando toda la noche prácticamente, porque yo normalmente
vivo de noche. Vivo de noche porque el ruido me molesta. Para mí la falta de ruido
es esencial. Con ruidos no puedo tocar la guitarra" dice Paco de Lucía entrevistado
por José María Velázquez.
Esto
ayudará a comprender por qué Juan Habichuela tiene en sus primeras grabaciones
los "tics" propios del tocaor para baile, y su toque se parezca mucho al de Juan
Maya "Marote": fuerza, poca matización, uso abundante de rasgueados y pulgar,
rapidez en los tempos. Estoy escuchando sus primeras grabaciones con Fosforito,
Caracol, Jarrito, El Indio Gitano, El Lebrijano, Manuela Vargas, etc... y no reconozco
al tocaor de matices de hoy, sino es por la escuela de Ricardo en sus falsetas.
Después
de este periodo del toque para baile, Juan Habichuela tiene la suerte de pasar
a tocar en los festivales y las peñas, acompañar a unos y a otros, formar pareja
artística con Fosforito y por consiguiente profundizar en el oficio de tocaor,
matizando paulatinamente su toque.
"Hoy
en día hay mucha gente que se come la guitarra, que la toca fenomenalmente. Pero
a la hora de acompañar el guitarrista tiene que pararse y escuchar al cantaor
y ayudarle, sobre todo cuando está mal de la voz. No meterle variaciones largas,
hacerle cosas raras para dejarlo más afónico, sino ayudarle para que se tranquilice
y pueda salir de lo que está haciendo porque está físicamente mal. Eso es lo que
tiene que hacer un guitarrista que acompaña (...) Cuando el cantaor termina su
cante se le hace una variación cortita y entra otra vez. Se le ayuda a respirar
y a entonar de nuevo (...) El cantaor es el mataor y el guitarrista el banderillero.
Hay que dejarlos cantar y si el guitarrista quiere sobresalir que haga después
dos solos para que el público sepa que también es figura. Pero mientras el cantaor
está actuando el guitarrista tiene que estar supeditao a lo que hace el cantaor".
Si
Juan es aficionado al cante, lo es también de la guitarra y sabe perfectamente
el lugar que ocupa entre los guitarristas cuando describe con toda honestidad
su toque, presentando el disco "De la Zambra al Duende":
"He
hecho una soleá que se la dedico a mi hermano Luis, que le gustaba tocar muy fácil
y muy sencillo, que es lo que sé hacer, cosas sencillas y fáciles, porque yo de
virtuosismo no tengo nada, para qué voy a engañar a la gente (...) Yo soy un guitarrista
corto, me he sacrificado siempre para el cantaor. Yo toco solo pero son falsetas,
no de picar fuerte, de correr... lo mío es otra cosa, es mucho más fácil que todo
eso. es tocar flamenco y corto"
Norberto
Torres Cortés
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