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Juan
Peña El Lebrijano.
Entrevista
El maestro del
cante publica un disco-mosaico de fondo religioso. Acaba de publicar un disco
dedicado a la Semana Santa que, bajo el título de "Lágrimas de cera",
vuelve a echar leña a una vieja y triste polémica flamenca. Según
su autor es la obra más atrevida en la larga carrera de atrevimientos de
Juan el Lebrijano, quien comenta el fruto audaz de la babélica reunión
de músicos dirigida por un productor francés. Cera que arde.
  
  
Juan el Lebrijano
lanza nuevo disco, cargado de un sentimiento religioso que se desprende desde
su título, "Lágrimas de cera". Apenas un año después
de su bien acogido "Casablanca" publica un disco sobre la Semana Santa sin apenas
saetas, con piezas pegadizas como los tanguillos "Nazareno". A la primera pregunta
de cómo se le ocurrió este tema para el disco responde de la forma
más sincera.
- El director
de la compañía quería un disco ya, rápido, y se me
ocurrió decirle, así de cachondeo, "te voy a hacer un disco de Semana
Santa". Y cuando venía en el AVE para acá yo decía "¿qué
le he dicho yo a este hombre?" Me llamaba y me decía "¿cómo lo llevas?"
Y yo le digo "¿qué llevo qué?" Y me dice "Vente para Madrid que
está aquí Hugo". Me mandó el disco de "Mozart en Egipto"
y yo digo "¡ojú qué lío tengo: pa Madrid!". Y así
empezó la odisea, a tomar cuerpo la idea.
Este Hugo es Hughes
de Courson, un tipo interesante: productor belga residente en París que
ha logrado el reconocimiento internacional a través de discos en los que
inserta a Bach en África, a Mozart en Egipto, baja hasta Andalucía
para tomar por vez primera contacto con el flamenco:
"Cuando de verdad
me hice responsable de lo que estaba haciendo fue cuando estaba dentro del estudio,
y me entró el miedo. Vi la responsabilidad tan enorme en la que me había
metido. Tuve momentos de dudas porque este disco era muy atrevido para mi carrera."
Disco multicolor.
Así que
allí, en un estudio de grabación de la Alameda de Hércules
sevillana, asístíamos a una asamblea musical multicolor: un productor
belga con su ingeniero francés, los hermanos marroquíes con los
que Juan lleva diez años colaborando a las cuerdas y voces, cuatro voces
búlgaras, Antonio Moya de Utrera a la guitarra y Rosario Amador, sobrina
de Raimundo, a las voces. Y Sainkho, que es del sur de Siberia.
"Aquello era
la ONU", bromea El Lebrijano. "No te puedes imaginar lo que esas mujeres, que
venían de Bulgaria, pasaron para meter "arsa y toma". Madre mía,
qué fatigas más grandes... No podían pronunciarlo. Hasta
que ya, después de mil veces... pero pusieron mucho cariño, al final
jugaban con el "toma, toma y toma".
El hecho de introducir
voces búlgaras podrá suscitarle más de una comparanza con
el último disco de Morente, "Lorca", también disco-mosaico.
"No lo he escuchado,
pero a mí las comparaciones no me importan; el que Morente lo haya hecho
antes no quiere decir nada, lo que me preocupa es que el trabajo esté bien
hecho. Morente cogió la Orquesta de Tánger, y el primero que cantó
con ella fui yo. Yo respeto las cosas de Morente, que además es amigo mío,
no tengo nada contra él, él hace lo que a mí me gusta hacer
y lo respeto. En el mundo del flamenco hay una gran equivocación con las
comparaciones entre artistas."
Tolerancia y
respeto.
"Lágrimas
de cera" ha sido una experiencia a veces electrizante donde se introducen sonidos
por primera en el flamenco, como las manos de ávaro, la respiración...
El Lebrijano ya introdujo una de las fórmulas más originales dentro
del flamenco, hacer discos conceptuales. "Lágrimas de cera" es su tercera
obra religiosa, antes vino "Ven y sígueme", con Rocío Jurado y Manolo
Sanlúcar, y mucho antes, en 1972, una grabación realizada como promesa:
"La palabra de Dios a un gitano":
"Aquel disco
fue una evolución, una inquietud musical que estaba dentro de mí.
Y ahí empieza mi calvario de incomprensiones, tiranías... No sé
cuando van a entender que Juan el Lebrijano es Juan el Lebrijano con sus defectos
y sus virtudes. Yo soy respetuoso con los puristas, he hecho cuanto he podido
pero nadie me puede quitar que yo sea como soy porque Dios me ha hecho así,
con esa inquietud de encontrar fórmulas para entender el flamenco e intentar
engrandecerlo haciendo una tolerancia entre culturas, entre las personas, buscar
un Dios de todos..."
Con 55 años
("y ya no cumplo más"), El Lebrijano ha hecho obras muy elogiadas
("mi ego se enterró cuando García Márquez dejó
por escrito: "Cuando Lebrijano canta se moja el agua") pero también
ha tenido que aguantar muchas críticas; al hablar del respeto le sale,
para finalizar, una torera comparación:
"A mí
me gusta todo el que cante, lógicamente me puede gustar más un cantaor
que otro. Es como el toreo. Lo importante del toreo es el toro. Si te gusta el
toro, te gusta el toreo. Solamente por salir a la plaza hay que tener un respeto.
Después está el gusto, lo que tú crees más profundo...
pero hay que estar abierto. Yo voy más lejos, eso es minimizar al arte,
eso es una mezquindad. A mí no me sirve ese dogmatismo."
1999.
Luis Clemente
[Revista[
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