Lebrijano
Biografía, discografía, audio y comentarios de los lectores

 

"Los tres que nos hemos salido del tiesto somos Camarón, Enrique Morente y yo"

 

El Lebrijano, cantaor flamenco. Entrevista

“Muchos cantan bien,
pero... ¿y qué más?”

Silvia Calado. Madrid, junio de 2008

Cuando Lebrijano canta se moja el agua,
Gabriel
94, Sevilla

... desde que Gabo trazara estas palabras en una servilleta de papel, lleva Juan Peña ‘El Lebrijano’ intentando descifrar la dedicatoria. “¡Es que el piropo tiene guasa!”, exclama el cantaor. Lo que sí ha tenido siempre claro es cómo devolvérselo: transformando en cante la atmósfera y el sentimiento flamenco latente en la obra literaria del Nobel colombiano. ¿Cómo? Pues primero Casto Márquez extrajo las letras de varias novelas. Después el cantaor grabó las voces, justo a tiempo antes de que cayera gravemente enfermo. Entonces Dorantes y Pedro María Peña imaginaron cómo suena el realismo mágico. Y ahora hay disco, lazos entre Lebrija y Macondo... y salud.


Lebrijano (Foto Daniel Muñoz)

Tras el trabajo previo de adaptación de textos, ¿cómo se trabajaron la voces y la música de este disco?

Primero hicimos, más o menos, un ensayo general y una limpieza mental. Como ellos (David Peña ‘Dorantes’ y Pedro María Peña) eran los productores, yo no me iba a meter en su trabajo, ni mucho menos. Les dije que lo que ellos hicieran, estaba. Aunque son sobrinos, hay que llevar unas normas. Cuando ellos me indicaron, metí las voces. Y de vez en cuando les decía, ¿puedo hablar? Claro, tito. ¿Y si lo hacemos así? Sí, sí. ¿Pero sí de verdad? Se ha hecho, de verdad, lo que ellos han querido. Lo que pasa es que yo soy un cachondo y de vez en cuando les he dicho que por qué esto y no esto. Era por darle un poco de humor a la cosa. Tienes que delegar porque, si no, el productor sería yo. No puede ser.

¿Y fue antes la voz que la música?

Yo empecé a meter primero voz. Al revés que todo el mundo, que normalmente primero se hace la música. Como nosotros cantamos de inspiración y tocamos de inspiración, sabía que si ellos hacían la música primero, me iban a amarrar. Y más en este disco en el que no hay rima, sino que es una prosa. Yo la puedo alargar o no, ¿cómo van a saber dónde termino? Y una vez metida la voz, empezaron ellos a trabajar. Por supuesto, a los coros les dejé las líneas a seguir. Los hice yo primero

Tienen todo el sello ‘lebrijano’...

 

Lebrijano (Foto Daniel Muñoz)
   

Cuando ellos llegaron, las líneas maestras las tenían. Entonces hay coros en los que se me escucha a mí, porque sabía que no iban a poder hacerlos solos, pues están acostumbrados a cantar en rima. Así sólo tenían que escucharlo un par de días antes de meter voz y ya cuando terminé, empezaron ellos a escuchar y a hacerse con la prosa. Poco a poco, fueron haciéndose a la prosa. Así y todo me decían, “maestro, estos numeritos no nos los hagas más”.

¿Ha tenido mucha dificultad llevar esos textos al cante?

Hombre, sí, fue difícil, pero yo tenía ya ventaja. He cantado mucho con los árabes y me he salido ya muchas veces de la medida tradicional. Eso me ayudó a poder cantar en prosa. venía con un poco de experiencia. Ya venía con la cosa de cantar a cuatro y medio; así tengo una soleá grabada, que la tiene Juan Reina. En principio, es imposible, pero entró. Yo con los árabes en mi casa he tenido muchas experiencias, no ya en los discos, sino personalmente. También he escuchado mucha música india, que se sale de nuestros esquemas. Y cosas como esas. Yo llevo una carrera de escuchar mucha música. No hago esto por... lo hago porque creo que puedo hacerlo, porque si no, no me hubiese metido a hacer algo con la obra de don Gabriel. Lo bueno de esto es que ya está hecho. Ahora vendrán y dirán “qué fácil”. Fácil no es. Y así y todo, les costará trabajo.

A la vez, esos retos provocan creación en el cante, ¿no?

Es una creación enormemente. Fíjate que lo es por que siempre se canta en rima, venga rima. Y ahora se parten los esquemas y hay que cantar en prosa libre... y ‘amarrao’, que el compás tiene que estar ahí. Si se van los compases, no vale.

¿Y que sucedía cuando ibas escuchando el resultado?

 

Lebrijano (Foto Daniel Muñoz)
   

Yo metí la voz y, desgraciadamente, me puse malo. David se fue a Tokyo, a su vuelta terminé de meter la voz y él estaría estudiando cómo iba a ser, pues ya me había escuchado como iba. Seguro que allí le daría vueltas a la cabeza. La parte creativa suya no la pude ir siguiendo porque he tenido una operación (los médicos tardaron en detectar la enfermedad y tuvieron que intervenirlo de urgencia). Tengo cincuenta y dos puntos. Me he asustado mucho. El disco tenía que tener diez temas y tiene nueve porque no podía más. Mis sobrinos iban a verme cuando podían, porque estaban todo liados y ya les preguntaba. Pero ellos me decían que no me preocupara, que iba todo bien, que lo había hecho muy bien. Cuando me dieron el disco ya acabado, me di una hinchada de llorar... Me lo tuvieron que quitar y todo. Yo es que creía que me moría, la he visto muy cerca... Después de oírlo supe que estos niños habían hecho un privilegio, una obra de arte. Tiene la solera, tiene el avance y tiene un caché el disco que no veas.

¿Cómo es que seguís los veteranos abriendo caminos? ¿Qué le pasa a los jóvenes?

Porque los jóvenes no tienen capacidad, no tienen valentía. Nosotros empezamos con esa trayectoria. Creo que no tienen la base bien cimentada. Pero aún así, lo mismo después no tienen capacidad. Son muchos los que cantan. Los tres que nos hemos salido del tiesto somos Camarón, Enrique Morente y yo. Los demás, es que dices tú cantas bien, pero... ¿y qué más? Lo primero que hay que tener es vocalización. La lengua es una cosa que si no te enteras de lo que te estoy cantando, ¿cómo te va a doler? Si no estoy cantando lo del “coronel no tiene quien le escriba y la mujer no tiene quien le atienda”, bien dicho, a ti no te va a gustar. O lo de la Cándida Eréndira. Hay que cantar con claridad, con vocalización. Esas cosas a mí me preocupan cuando estoy grabando. Porque, bueno, estás en una fiesta y pasas más o menos por la letra, pero en una grabación seria, tienes que procurar hacer las cosas bien.

Y atrevimiento...

 
"El primer crítico de mí soy yo"

Atrevido pero con límites. ¿Hasta dónde voy yo? Y, sobre todo, ser autocrítico. Porque el primer crítico de mí soy yo. A mis sobrinos les digo que me digan las cosas, como estamos inventando algo nuevo... Y ellos me responden que no me pueden decir nada, pues estoy marcando la pauta. De ellos he tenido una colaboración extraordinaria. Y luego, por ejemplo, los de las palmas es que llevan conmigo como quince años. Me conocen hasta la respiración. Uno de ellos se sabe todas mis letras y se pone a mi lado. Hacemos espectáculos con los árabes, hacemos espectáculos flamencos y ahora este. Pues para llevar tantas cosas en la mente, el que está a mi derecha, si me quedo en blanco, me da el pie.

¿Cómo se ha buscado el sentimiento flamenco de García Márquez?

Lo que escribe don Gabriel parece que lo ha hecho un flamenco. Sí. Esa magia que hablan de don Gabriel está en el disco, está flotando. Y creo que David también le da mucha magia, ese piano... A mí me gustaría, aparte de su carrera que él lleva, no desprenderme nunca más de mis sobrinos porque disfruto con ellos, es que me llevan en volandas dentro y fuera del escenario. Y me cuidan mucho también. Aunque por las noches me pegan unos regates que no veas... Con Dorantes canto mejor que con una guitarra, es que es la hostia. La seguiriya es escalofriante. Cada vez que da una nota, es la buena.

¿Hay que conocer profundamente esa obra literaria para hacer un disco así?


Lebrijano (Foto Daniel Muñoz)
 
   

Yo he leído lo básico que hemos leído todos de García Márquez: ‘Cien años de soledad’, imprescindible, ‘El coronel no tiene quien le escriba’, y este último, ‘Memoria de mis putas tristes’. Se lo dije a Casto Márquez, que conocía toda la obra, es amigo mío y ha colaborado conmigo mucho. Y le pedí que me buscara diez temas que yo no conociera. La ha adaptado con sentimiento, sin perder la armonía, todo es mágico.

Y además García Márquez ha dado el visto bueno...

Si no, no se podría. Es que en esto la editorial de don Gabriel es muy seria. Y primero le mandamos los temas, pero se resistieron porque desconocían de la amistad que tenemos. Ya le informamos, le mandé la dedicatoria... Yo entiendo perfectamente que la obra de don Gabriel no se puede tocar. Pero se lo mandaron todo y a los dos meses me contestaron por escrito y, además, de palabra dijo que hiciera lo que quisiera, que cantara lo que quisiera. Eso es por la amistad y el cariño que nos tenemos. Soy amigo de don Gabriel desde el 86... hasta siempre. Yo le tengo respeto, admiración, cariño, enamorado de él, yo estoy de todo.

¿Te sigue comiendo la cabeza la dedicatoria?

Es que la dedicatoria tiene guasa. Es un regalito ahí... ¡toma ya! Es lo más grande que a mí me podían decir. Con eso estoy yo como un pavo real. Y yo le he devuelto ese piropo con sus letras, con su literatura, más chiquitito el CD, sin tantas hojas... pero con mucho cariño.

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