FLAMENCO X 2.
Manuel Liñán & Marcos Flores, bailaores
“Si realmente lo sientes,
¿por qué limitar el arte?”
Silvia Calado. Madrid, septiembre de 2005
La última hornada de bailaores
está inquieta. Apenas espera a salir de los cuerpos
de baile de las grandes compañías, para asumir
el riesgo de presentar sus propias propuestas. Este es el
caso de Manuel
Liñán y Marcos
Flores que comienzan a labrarse un camino propio luchando
contra el individualismo. La química personal y profesional
que existe entre el bailaor granadino y el gaditano ya se
ha plasmado en montajes como ‘Dos en compañía’
donde, ante todo, quieren mostrarse como son y asumir la
responsabilidad de dirigir. Y lo estrenaron en cuanto encontraron
un espacio, el madrileño Teatro Pradillo y su décimo
ciclo ‘La otra mirada del flamenco’, una oportunidad
que raramente está al alcance de los jóvenes.

Marcos Flores y Manuel
Liñán (Foto: Daniel Muñoz)
¿Cómo surge la ocasión
de trabajar juntos?
Manuel Liñán.
Hemos hecho varias cosas juntos, siempre que se nos ha dado
la oportunidad. La propuesta sale de Teatro Pradillo, cuya
asesora vino al tablao Las Carboneras, donde solemos trabajar.
Marcos Flores. Estaban
ya cerrando programación para este ciclo que lleva
ya diez años y nos dijeron que les había gustado
nuestra forma de trabajar, nuestro flamenco algo más
desarrollado y más personal.
¿Cómo habéis
trabajado el montaje?
M. L. Todo es nuevo. Los
bailes siempre los hemos ido trabajando porque siempre estamos
rodeados, más o menos, de estos músicos.
¿La música es original?
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Manuel Liñán
(Foto: Daniel Muñoz) |
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M. L. La música
es de Arcadio Marín y Fernando de la Rúa.
Y del cante se encargan El Falo y Leo Triviño. Las
palmas y los jaleos son de La Tacha y Ana Romero. Es un
trabajo en el que todo el mundo aporta.
M. F. Con todos hemos
trabajado mucho en el tablao Las Carboneras. Montamos las
cosas muy a gusto, muy bien.
¿Cuál es el repertorio?
M. L. Hay una soleá
por bulerías a dos con la que empieza el espectáculo.
Después unos tangos, un número musical, unas
alegrías de Marcos, una seguiriya mía y un
fin de fiesta. Es un espectáculo muy normal, pues
lo que queremos es que la gente venga a ver baile, a ver
flamenco, a ver nuestra línea sin argumento y sin
nada. Bailar.
M. F. Con nuestra mirada
del flamenco. Es lo que teníamos ganas de hacer.
En realidad hay pocos sitios donde los jóvenes podamos
presentar nuestro baile, pues la mayoría de las veces
estás sometido a una coreografía o al trabajo
de una compañía.
¿Y eso de las “piedras
en los bolsillos” que comentáis en el texto
del programa de mano?
M. L. Viene a raíz
de una pieza que presenté al Certamen de Coreografía
del Teatro Albéniz en la que hacía un monólogo
en el que bailaba el sonido de las palabras. Y había
una frase que se repetía y decía: “De
niño me metían piedras en los bolsillos para
que no pudiera andar”. Y se quedó como anécdota
nuestra.
M. F. Como había
que presentar una especie de sinopsis hicimos ese intercambio
de ‘cartas’, para que la gente se vaya metiendo
en la onda de la que vamos. Por encima de la profesionalidad,
somos dos colegas.
Marcos Flores, por alegrías
(Foto: Daniel Muñoz)
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Actualmente es extraño que
se presenten propuestas compartidas. ¿Queréis
luchar contra el individualismo que reina en el flamenco?
M. F. Siempre que se pueda,
claro.
M. L. Además es
que él me aporta muchísimas cosas a mí
y la verdad es que tenemos una química tanto personal
como artística que nos une.
M. F. Coincidimos en la
forma de trabajar, en lo que nos gusta, en lo que queremos
dar…
M. L. Tenemos el mismo
concepto y nos enriquecemos el uno al otro.
M. F. Y eso es muy importante
en el flamenco, que es un lenguaje que exige estar constantemente
aprendiendo. Creo que no te puedes limitar a trabajar sólo
contigo mismo porque puedes acabar cansándote. Esto
de compartir es maravilloso.
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