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Alberto García Reyes
Junio 2001
"Chanillo,
hazte ese cantecito por bulerías que tú sabes". No tenía
más de diez años cuando Ignacio Espeleta le daba protagonismo en
las juergas del viejo cuartillo de Santamaría. El compás es para
Juan Miguel Ramírez otra parte de su cuerpo.
Tiene 72 años,
pero se ríe como un niño chico cuando el tema de conversación
es el flamenco. Sentado en su sillón, Juan mira todos sus premios y placas
conmemorativas con un toque de ilusión pueril.
Con un historial
tan alumbrado como el gaditano, tomar el testigo de los cantes de Enrique el Mellizo,
el Gordo Ortega, Rosario la Mejorana o el Espeleta es algo que debe preocupar
a Lobato. "Sigue habiendo muy buena gente en Cádiz, porque hay mucha
afición allí. Ahora hay gente joven muy preparada, las cosas que
se hacen en la universidad son sorprendentes y yo, la verdad, estoy a favor del
progreso. Lo único que no quiero es que se pierdan los aires de Cádiz,
eso hay que respetarlo y conservarlo como sea. Que cada uno haga lo que quiera,
pero conociendo esos cantes de antes".

AZÚCAR
CANDÉ
El cantaor gaditano
ha trabajado en "Azúcar candé" con la cantante Lucrecia.
En principio puede parecer contradictorio que Chano defienda los aires de su tierra
y al mismo tiempo comparta protagonismo con alguien del otro lado del charco.
"Yo hice un espectáculo con un grupo cubano el año pasado y
la cosa estuvo de muerte. Lo importante es que yo hago lo que sé y ellos
lo suyo y después, los adelantos de hoy día se encargan de unirlo
todo". Eso de los avances es algo que el cantaor valora mucho más
que las nuevas generaciones. No en vano ha tenido que soportar a muchos "señoritos":
"Yo he vivido aquella época en la que había que echarse la
guitarra al hombro y andar de cortijo en cortijo. Por eso hoy me alegro de que
el flamenco esté como está, tan valorado. Hoy, los chavales que
quieren aprender los cantes lo tienen mucho más fácil que nosotros
porque hay unas grabaciones fabulosas. En mis tiempos teníamos que ir a
un bar donde ponían placas o aprender a base de meterse en juergas. Lo
que pasa es que eso también tenía una cosa buena, que era la charla.
Tenías al maestro delante tuya diciéndote lo que estaba haciendo".
Antes de abandonar la conversación Chano explica que últimamente
anda regular de salud. Pero al poco confiesa: "Me gusta mucho una cervecita
y ayer me tomé dos o tres aunque no debo". Su carácter dicharachero
y su manía de hacerse tío del primero que pase le hacen sucumbir
a las atracciones de una reunión. Seguramente por eso sabe tanto de la
vida: "Vamos a tomarnos una allí, sobrino...".
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