UN ENCUENTRO CON CHANO LOBATO
Y MARINA HEREDIA:
"¿El duende? Yo no sé lo que es eso, sobrino"
Alberto García Reyes. Sevilla, mayo de 2002
La fuente de la Casa de la Judería
rompe el silencio. El sol pega ufanamente sobre las calles de Sevilla. Pero el
refugio umbrío del barrio de Santa Cruz sirve de bálsamo al maestro,
que anda ya entre cuidados seniles, y a su alumna. Madrid, la corte, les espera.
Uno tiene ya todo el pescado vendido. La otra aún tiene mucho que faenar
por las aguas del cante. Pero el primero en llegar a la cita es él. Chano
asoma la cabeza por la puerta con timidez, maldice la bofetada del lorenzo sobre
sus ojos y avanza, con la mano haciendo de visera, hacia el patio. Comienza el
recital de gracejo. Marina avisa desde su móvil: aún tardará
un ratito en llegar. Pero nadie se ofusca. Al contrario. Juan Miguel Ramírez
Sarabia, el del gaditanísimo barrio de Santa María, aprovecha la
espera para soltar las bridas de su arte. Y entonces el maestro Chano Lobato recuerda
una noche que cantó para un señorito en este palacio, hoy convertido
en hotel: "Aquel día llovían canales y távoras, y recuerdo
que pasamos muchas fatiguitas, hijo". Marina Heredia interrumpe la historia.
Acaba de llegar en compañía del torero granadino Pedro Pérez,
Chicote. Parece una metáfora: la juventud irrumpe en el flamenco gracias
a las penurias que pasaron sus antecesores. Y, aprovechando la excusa, comienza
una conversación en la que uno aconseja a la otra y la otra se arrodilla
ante el uno. Aún no saben que triunfarán en el Festival CajaMadrid
porque la conversación se produce una semana antes de la comparecencia
capitalina. Y esto es lo que piensan dos artistas, el viejo y el nuevo, antes
de subir a la madera. Todo un documento.

Marina Heredia (Foto: Anahí Cármody)
Chano, ahora que le oye, ¿qué
trucos le contaría usted a Marina Heredia para triunfar en la capital?
Chano: Ella no necesita consejos, eso
lo sé yo desde que la escuché una vez en un pueblo de Madrid, no
recuerdo cuál. Metió mano y cantó la liviana, la seguiriya
y la cabal. To perfecto. De eso hace lo menos dos o tres años, y con la
edad que tenía ya cantaba esas cosas, así que, ¿qué
le voy a decir yo que ella no sepa? Figúrate la situación: cantando
por Paco la Luz y la cabal de El Planeta. Claro que, los jóvenes como ella
cantan esas cosas porque tienen los medios para estar preparados, no es lo mismo
que antes, que no teníamos esa posibilidad. Me acuerdo yo que hasta para
grabar era otra cosa. Había que ceñirse a un reloj de arena que
te iba marcando la medida y encima íbamos ciegos tos, borrachos
tos.
Eso dicen, por ejemplo, de Manuel Torre,
que tenía una borrachera de mil demonios cada vez que grababa, ¿no,
maestro?
Chano: Claro. La gente dice, por ejemplo,
que el taranto de Manuel Torre es muy bueno, pero eso está para darle el
disco a Manuel y decirle: "Tome usted, cómase usted este disco, ¡que
se lo coma! Tráele ahora un vino fino de Jerez y después el disco
que se lo coma de tapa". El final del taranto es pa darle en la boca. To
desafinao.
¿Todo eso lo cuenta usted en el
libro que está escribiendo Juan José Téllez sobre su vida?
Chano: Uy, el libro lo vamos a terminar
para el 2030. Lo menos catorce personas han venido a hablar conmigo para escribir
mi biografía, y al final he decidido hacerla con Téllez, que Téllez
es el colmo ya. Vino a mi casa, cogió todas las fotos y va a empezar, pero
yo no sé cuando. Ya le temo. El ritmo es dos carillas, cuatro tintos. Le
he dicho que no venga más porque él va a ir a la editorial y yo
pa la sepultura. Cuando me llama le digo que no puedo, que tengo que ir a Pamplona.
Bueno, maestro, que se desvía la
conversación. Dígale algún truco a Marina, que está
muy callada.
Chano: Vale, venga. Pues mira, niña,
yo lo que quiero es que tú cantes en Madrid lo mismo que yo te escuché
aquella noche que he contado antes. Empezar por toná liviana deja al público
encampanao. Y luego haces eso que tú cantas alusivo a Caracol y
sigues por cantiñas, y verás como la gente se queda encantada. Pero
tienes que hacerlo de esa manera que tú lo haces. Tú eres un portento.
Yo creo que aquella vez que te escuché por primera vez fue en Alcobendas
y me quedé de piedra. Y, además, como le metes esa personalidad
que tú tienes, te van a aplaudir mucho. Yo siempre digo que no estoy en
contra del progreso siempre que éste se haga con medida. Me encanta la
gente como tú, que va con sentido común. Pero ahora hay una gente
con otros argumentos que yo no entiendo diciendo que son cantaores. Por eso me
da tanta alegría escucharte. Sobrina, eso es lo que yo te digo. De la manera
que tú lo llevas, no tendrás problema.

Chano Lobato (Foto: Anahí Cármody)
Marina, esto ya merece una respuesta.
Marina: Yo pienso que el tío
Chano es uno de los pilares vivos del flamenco. Para aprender a estar en un escenario
tienes que mirarlo a él, porque mejor que está el tío Chano
en el escenario no se puede estar. No se puede tener más arte y más
seguridad. Y luego cantando, a ver quién le puede decir al tío Chano
que los cantes no son como él los hace, porque de los poquitos que quedan,
él es de los más completos. Para mí es uno honor que hable
de mí así. Me da ánimos y seguridad en lo que estoy haciendo.
Chano, con la experiencia que tiene seguro
que saca conclusiones certeras. ¿Madrid es, como dice la malagueña
de Chacón, la corte?
Chano: Madrid es Madrid. Antes de que
ese bicho -señala a la grabadora- empezara a funcionar hemos estado hablando
de toros y he dicho que Madrid me da mucho coraje en ciertas cosas del toreo,
pero para los flamencos es una plaza de las más importantes y cada vez
que salimos a cantar tenemos que intentar conquistar a la gente con todas nuestras
fuerzas.
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Chano Lobato: "No estoy en contra del progreso
siempre que éste se haga con medida"
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Marina: Sevilla también es muy
importante, ¿eh?, es más quisquillosa.
Chano: Llevas razón. Madrid
es una ciudad menos quisquillosa, tanto en el público como en la crítica.
Marina: Date cuenta de que en Sevilla
hay más aficionados al flamenco que entienden mucho y controlan todo lo
que estás haciendo. En Madrid también los hay, pero menos.
Chano: Eso es ley de vida. En Sevilla
cuesta mucho cuando se es de por ahí.
Les recuerdo que esta entrevista
también se va a publicar en Madrid...
Chano: (Entre risas) Yo, con
74 años que tengo, no estoy para coba, porque me queda media hora para
irme a la güisquería de los callaos, pero, hablando en serio,
yo tengo que decir que viva Madrid. Son treinta años trabajando allí
y la conquista de la capital es importantísima, pero, sea por lo que sea,
cuesta mucho más trabajo triunfar en Sevilla. Ahora, cuando se tiene arte,
da igual donde cantes. Lo que pasa es que también hay críticas que
se escriben sin razón, porque hablar de esto es muy difícil. (Marina
se ríe). Es verdad, hay quien lleva toda la vida y no se ha enterado
todavía, como ese gachó que llevaba veinte años de municipal
y no sabía dónde estaba el ayuntamiento.
Marina: Ni conocía al alcalde
(carcajadas)
Chano: Pero de Madrid yo recuerdo muchas
cosas buenas. Fui la primera vez allí con Paco Toronjo, que en paz descanse,
al tablao El Duende, que era de Pastora Imperio. Aquella vez nos tomamos, antes
de salir por la mañana, lo menos cinco o seis coñacs. Ibamos asustaditos.
Bueno, pues llegamos con los seis coñacs, Toronjo se bajó borracho
y se pegó treinta años más borracho. La borrachera le duró
treinta años. Aquéllos eran otros tiempos.
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Marina Heredia: "Las opiniones de mis compañeros
son las que realmente yo tomo en cuenta"
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Marina: A mí Madrid me causa
mucho respeto, porque allí está toda la prensa y todos los artistas.
Yo siempre he dicho que me gustaría ser artista de artistas. Las opiniones
de mis compañeros son las que realmente yo tomo en cuenta. Me gusta que
ellos me digan cuándo canto bien y cuándo mal.
¿Ustedes creen en el duende?
Chano: Yo eso no sé lo que es,
sobrino. Sé que hay determinados momentos mejores de inspiración,
aunque estés incluso rozado. Yo se lo atribuyo mucho a la guitarra, porque
le tengo mucho respeto al instrumento. Una guitarra que te lleva bien es muy importante.
En fin, que hay días que aunque hagas un pregón sale con mucho arte,
y otros, aunque tengas la voz como Pavarotti, te sale fatal. Es un misterio.
Marina: Yo creo que el duende es muy
relativo. Tienes que estar preparado y currártelo todos los días.
Si no trabajas, el duende no viene del cielo y te da con la varita. Es cierto
que hay días que tu ánimo personal está mejor que otros,
pero ya está.
Marina, pues teniendo en cuenta su opinión,
pídale un consejo a Chano sobre el trabajo a la hora de cantar. O sobre
lo que quiera, vamos.
Marina: Tengo muchos.
Chano: Bueno, pero yo te voy a dar
el principal: no dejes nunca de estudiar, sobrina. Recuerdo aquella película de
la televisión, 'Fama' creo que era, en la que la maestra decía: "Vais a sudar
gotas de sangre". Pues lo mismo. Aquí no se aprende nunca. Yo sé que tú lo vas
a llevar a cabo porque me lo has demostrado. Te pierdo de vista en un año y cuando
te vuelvo a ver me sorprendes. Eso significa que estudias. Y te vuelvo a decir,
con 74 años, que no estoy en contra de ese progreso. Ahora, lo que sí quiero es
que no abandones esa pureza, que no pierdas eso.
Continúa...
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