Manolo Marín,
bailaor, coreógrafo y profesor:
"Algunos famosos o famosillos piensan que han inventado
esto y que antes de ellos no hubo nada, no hubo nadie"
Silvia Calado Olivo. Madrid, mayo de 2002
La vida misma fue la que enseñó
a Manolo Marín a desenvolverse en el mundo del baile flamenco. "Mirando
por la ventana de Enrique el Cojo, en los bautizos, en los concursos, pegándome
mis taconeos con las canciones de la radio que hacían Lola Flores y Manolo
Caracol"... y trabajando. La primera vez que fue a una academia de baile
se la pagó "con el dinero que ganaba profesionalmente, ya cuando mi
familia comía todos los días". El bailaor, coreógrafo
y profesor sevillano nacido en el fatídico año de 1936, reconoce,
al echar la vista atrás, que "los artistas de mi generación
teníamos mucho mérito, porque la gente no tenía una preparación,
las películas se hacían con tres gordas... demasiado". En parte
por ese afán luchador, en parte porque ya no tiene escapatoria, mantiene
en activo las tres vertientes con la que ha forjado una de las carreras más
sólidas del baile flamenco: "El baile es mi vida, mi gusanillo...
no puedo estar sin esto. Afortunadamente, ya no tengo necesidad, pero creo que
hasta que pueda levantar aunque sea un brazo voy a seguir en esto, pues es lo
único que me llena... o lo que me llena más". Y sobre esas
tres vertientes reflexiona...

Manolo Marín (Foto: Daniel Muñoz)
El
bailaor: "Ahora hay mucha más preparación pero quizás menos personalidad,
menos sentimiento"
El
coreógrafo: "No hay momentos musicales en el flamenco, sino que ahora es todo
cajón y espectacularidad"
El
profesor: "Hacer un curso de una semana es muy fácil, eso lo hace cualquiera,
pero dar clases hoy, mañana, pasado, un año, otro año..."
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