El profesor: "Hacer un curso de una semana es muy fácil, eso
lo hace cualquiera, pero dar clases hoy, mañana, pasado, un año,
otro año..."

Manolo Marín (Foto: Daniel Muñoz)
Treinta años regentando la escuela
por la que han pasado la mayoría de las figuras actuales del baile flamenco...
La enseñanza es la faceta más
difícil y la más ingrata.
¿Por qué?
Yo no quiero ser de los que se quejan
por todo porque he tenido muchos alumnos que me respetan y me quieren, gracias
a Dios. Pero también los hay que se olvidan y les oyes decir que no han
estudiado con nadie o sólo con una persona que suena mucho, pero con quien
no han hecho más que un cursillo de una semana. Tu verdadero maestro es
quien te coge cuando apenas sabes nada. Luego sí, también he tenido
alumnas que han venido a mí cuando ya estaban hechas e incluso eran conocidas.
Yo no he formado a Cristina Hoyos, yo he aportado algo a Cristina Hoyos. Yo no
he formado a María Pagés, pero la he cogido justo cuando ella ya
sabía bailar y ha estado años conmigo, ella no me puede olvidar.
Pero otros no, no lo reconocen... ¡A mi niña to le sale de dentro!
Quieras que no, te molesta, igual que te satisface mucho que un alumno tenga la
atención de enviarte una tarjeta y ves que va bien.
La profesión es difícil,
hay que tener mucha paciencia, hacer un curso de una semana es muy fácil,
eso lo hace cualquiera, pero dar clases hoy, mañana, pasado, un año,
otro año... con el nivel que hay ahora. Es dificilísimo tener algo
que enseñar cada día. La obligación del maestro es entretener
a la gente, es mantener el interés. La juventud aprende muy rápido,
los niños, sobre todo... a los seis meses ya saben más que el maestro.
Tener algo cada día para mantener a la gente disfrutando, sin atemorizar
a nadie... Yo soy de la opinión de que gritar no sirve para nada, que la
gente debe ir a la clase y que sea un gozo, no un martirio. Una niña va
a la colegio y allí podrán darle leña y obligarla los padres
a ir, pero el baile, no. Si a la persona vas a matarla, es difícil mantenerla
interesada.
¿Qué enseñanzas intentas
transmitir a tus alumnos?
Lo primero que yo pregunto a mis alumnos
es si les gusta el baile. Y dicen que sí, que tal... Y yo les respondo
que el baile no tiene que gustar, ¡tiene que apasionar! Tienes que bailar
por la calle, cada vez que pases por un espejo tienes que mirarte y hacer algún
movimiento, alguna pose. Tiene que ser una locura. Claro, es una profesión
mejor que estar en una oficina ocho horas o limpiando suelos, es más divertido
bailar. Hoy en día baila más gente porque los padres pagan la academia
y para pocos es una pasión. Deben saber que es difícil, que no es
un oficio tan fácil como cree mucha gente, tiene una disciplina y, sobre
todo, requiere amor al flamenco, amor al baile.
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"A los extranjeros lo que le falta más que la sangre, como
se dice, es la vivencia"
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¿Crees que el baile flamenco es
un lenguaje internacional?
Yo empleo muchas palabras en inglés
y en japonés dando clases, pero más por diversión que por
otra cosa... en el ballet clásico se enseña en francés. Yo
también le digo a mucha gente extranjera que baila, que aprenda un poquito
de español. ¡Cómo van a bailar flamenco si no entienden una
letra! A los extranjeros lo que le falta más que la sangre, como se dice,
es la vivencia. Si una persona viene de los Estados Unidos o de Japón y
pasa quince días en España cada tres años le falta eso, convivir.
Una persona de Jerez o de Sevilla está acostumbrada, aunque sea de la radio,
a escuchar si no flamenco, por lo menos sevillanas, y sabe tocar las palmas por
rumbas. Pero una persona que sólo escucha flamenco cuando se pone un disco,
le falta vivirlo.
¿Con qué panorama se encuentra
actualmente un bailaor una vez formado?
La situación es difícil
porque hay mucha gente que baila, pero la vida de ahora no tiene nada que ver.
Antes, para ahorrarte la pensión, te ibas directamente a la estación
a coger el primer tren, unos autocares, las pensiones... de pueblo en pueblo,
esos teatros, esos camerinos. Esto que ves un poco cutre -un camerino del Teatro
Albéniz de Madrid- es un palacio comparado con esos pueblos y ciudades.
Estaban los camerinos debajo del escenario y cuando zapateaban, te caía
todo encima... Segovia, Valencia, Valladolid... ¡El agua de los grifos salía
helada!
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"He trabajado en sitios peores y mejores, pero no he tenido
que hacerle de payaso al señorito"
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¿El cambio de contexto impide sentir
el flamenco?
Sí que se puede sentir, pero yo creo
que esa cosa que tenía el artista de salir adelante para sacar a su familia
no la tiene la juventud de ahora. A lo mejor no tiene nada, pero tampoco carece
de nada, no es esa ilusión... tener un coche o una casa era un sueño.
Tampoco le importa tanto. Y creo que hay gente que lo ha pasado peor que yo. No
estuve metido en el mundo ese de la fiesta, de los señoritos. He trabajado
en sitios peores y mejores, pero no he tenido que hacerle de payaso al señorito.
Cuando conocí un poquito, salí. Yo sería pobre, pero con
orgullo.
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