Manuel Torre
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores.

Compra en nuestra tienda:

 
 


EL CANTAOR DE LA GENERACIÓN DEL 27

La compañía Sonifolk edita un recopilatorio que recupera en una cuidada edición 24 grabaciones registradas entre 1909 y 1930 de un cantaor rodeado de leyenda, referencia inevitable, junto a Don Antonio Chacón y La Niña de Los Peines, para comprender la historia del cante flamenco.

La fuerte personalidad de Manuel Torre impresionó vivamente a varios de los componentes de la generación del 27, llamada así por ser en ese año cuando tuvo lugar el mas amplio encuentro de un grupo de poetas e intelectuales, con ciertas afinidades, que se reunieron en Sevilla por el mecenazgo del torero Ignacio Sánchez Mejías, para celebrar el centenario del poeta Luis de Góngora. Además de los actos formales hubo alguna fiesta flamenca, organizada por Sánchez Mejías, que llevó a su admirado y protegido Manuel Torre, al que conocía de los tiempos de su cuñado Joselito.

En memorias y escritos de estos componentes, ha quedado el relato de lo que para muchos supuso esta experiencia flamenca, tanto en lo artístico como en lo humano, dando lugar a la creación en su entorno de una aureola fascinante, convirtiéndole en una figura mítica del arte flamenco, a lo que han contribuido nombres como Rafael Alberti y Federico García Lorca.

De Lorca parte el mito literario. Este le dedicó, del Poema del Cante Jondo sus viñetas flamencas, con las siguientes palabras:

"A Manuel Torre, Niño de Jerez, que tiene tronco de Faraón". El inmortal poeta también escribió lo siguiente sobre él: "Manuel Torre, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido", y "Cada arte tiene, como es natural, un duende de modo y forma distinta, pero todos unen raíces en un punto de donde manan los sonidos negros de Manuel Torre, materia última y fondo común controlable y estremecido, de leño, son, tela y vocablo. Sonidos negros detrás de los cuales están ya en tierna intimidad los volcanes, las hormigas, los céfiros, y la gran noche apretándose la cintura con la Vía Láctea".

Alberti: "Manuel Torre no sabía leer ni escribir, solo cantar. Pero, eso sí, su conciencia de cantaor era perfecta. Aquella misma noche, y con seguridad y sabiduría iguales a las de un Góngora o un Mallarmé hubieran demostrado al hablar de su estética, nos confesó que no se dejaba llevar por la corriente, lo demasiado conocido el terreno trillado, resumiendo al fin, de un modo raro y magistral lo que él se imaginaba que comprendíamos a medias: "En el cante jondo lo que hay que buscar siempre hasta encontrarlo, es el tronco negro del Faraón".

Poco tiempo después el escritor y periodista Antonio Díaz Cañabate tuvo la vivencia siguiente:

"Media noche. Acabamos de entrar en la estancia. Ignacio Sánchez Mejías, un par de franceses amigos suyos, Manuel Torre, otro cantaor y una bailaora y un guitarrista. Íbamos a escuchar al famoso gitano Manuel Torre. Ignacio, gran admirador suyo, nos había estado ponderando su arte durante toda la cena: "Es algo que estremece. Es algo único. Le oyes una seguiriya y ya no te importa morirte. Ya no puede uno encontrar en el mundo una belleza que iguale el cante de Manuel Torre". El cual se sentó en un rincón y empezó a beber vino, callado, como ausente en la reunión. El otro cantaor, cantó. La bailaora, bailó. Manuel Torre ni miraba la danza ni escuchaba el cante. Ignacio nos informa: "Hay que dejarle. Es un gitano puro". Las tres de la madrugada. Manuel Torre se bebería sus treinta copas de aguardiente. Empezó... ¿a cantar? No. A hablar. Hasta las cinco de la mañana se estuvo hablando de galgos sin parar. Los franceses se durmieron borrachos perdidos. Entraron las claras del día. Bajito le pregunté a Sánchez Mejías: ¿Tú crees que cantará?. Y me contestó muy compungido: "Me temo que no. Cuando la toma con los galgos, a lo mejor no canta hasta las dos de la tarde". Me espanté. ¿Pero no vamos a estar aquí hasta las dos de la tarde?. Ignacio, con toda naturalidad repuso: "¡ Ah, claro!. Tu no sabes lo que es una seguiriya cantada por este hombre". Lo supe exactamente a las nueve y media de la mañana. Ignacio Sánchez Mejías, aquel hombre tan hombre, lloraba. Yo tenía la carne de gallina. Recorría mis nervios el escalofrío de la más intensa emoción. Han pasado muchos años. Ninguno me produjo la hoda, la jonda emoción del cante por seguiriyas de Manuel Torre".

Pepe el de la Matrona se manifestaba de manera parecida: "Manuel no pudo dar una, no estaba el hombre en condiciones. Y ya a las claras del día, cuando nos íbamos, salimos allí a la terraza a tomar café, nos sentamos y le dice Manuel al guitarrista: Oye coge la bajañí que voy a cantar dos veces que me ha cogió bien. Puso el pie encima de uno de los veladores aquellos, el otro tocándole, y cantó tres coplas por seguiriyas que el suelo temblaba. Yo no he visto otra cosa igual. Lo tengo metió en la cabeza y no se me olvía, no se me pué olvidar".

Cuando la anécdota y el mito superan la realidad, nos obliga a enfrentarnos a dos Manuel Torre completamente distintos, uno el de la mitología de los cuartos, "el señor de las camisas rotas" que conduce a disparates como "con él nació el duende", "impuso la voz natural" y no digamos de ciertas exageraciones "brotó la sangre" o " cabellos [arrancados] por el suelo". Y el otro, el cantaor que tiene que actuar ante un público a hora determinada, y que al no encontrar sitio artístico llegaba la bronca y hasta en algunos casos "obligándole a retirarse". La definición mas adecuada para él puede ser la de una amplia irregularidad, y tal vez el equilibrio mas sensato, al menos el más real, puede estar en su discografía, que ahora podemos escuchar, y ante la cual cada uno puede sugestionarse como quiera.

José Blas Vega (texto cedido por Sonifolk)

 
Para pertenecer a nuestra cyberpeña flamenca
mándanos tu e-mail y te informaremos de todas las novedades:

 Home | Contacto | Publicidad