Entrevista a María
del Mar Moreno, bailaora:
"No sé ser artista fuera del escenario"
Silvia Calado Olivo. Jerez, marzo de 2002
¿Puede tildarse de rara avis a una
bailaora que lo único que quiere ser es bailaora? María
del Mar Moreno es de las pocas profesionales del flamenco que elude sucumbir
al formato teatral, a pesar de la desventaja comercial que ello conlleva. La bailaora
jerezana rebusca la tierra en sus movimientos, del aire al suelo, sin que ello
tenga que implicar estruendo: "Quisiera bailar por soleá sin un remate
siquiera". Y no es por falta de técnica pues, fruto de años
de estudio, la lleva consigo. La libertad está en no quererla usar: "¡Que
yo sólo quiero bailar!". Bailar... y ser persona.

María del Mar Moreno (Foto: Daniel Muñoz)
La bailaora jerezana se enganchó al
flamenco por esa misteriosa mezcla de fuerza, fuego, pasión y elegancia
que deslumbra a todo el mundo. "Eso se ve hasta en una foto colgada de Internet".
Y ese es el motivo por el que cree que el flamenco se hace entender por sí
solo, sin necesidad de otros códigos. Pudo comprobarlo, recientemente,
en las clases que impartió en el marco del VI Festival de Jerez a taiwaneses,
japoneses, malteses, argentinos... En esa porción de Torre de Babel, María
-que así la llaman los amigos- disfrutaba intensamente cada día
pues, como comentaba a sus alumnos, "una de las cosas que más me gusta
de bailar es conocer a tanta gente diferente".
Uno de sus retos es asumir el papel que en
su carrera jugaron los maestros Angelita Gómez, Matilde
Coral, Rafael el Negro y Mario Maya. Ahora es plenamente consciente de su
responsabilidad como docente: "Ser profesora es más difícil
que ser bailaora, pues tienes que sacar todo lo posible del alumno". Y comprueba
la influencia que ejerce sobre sus pupilos recordando que "del profesor nos
influye todo, cómo se peinaba, cómo hablaba...". Observa que
ocurre especialmente con los niños, "que se dan cuenta hasta de tu
estado de ánimo". Aunque, quizás, la responsabilidad es mayor
con los adultos que "suelen tomarse el flamenco como terapia". La bailaora,
que ha sido pareja de Antonio el Pipa en varios montajes de su compañía,
lo explica así: "Hay quien va a psicólogo y hay quien toma
clases de baile flamenco".
La doble faceta docente y artística
le lleva a reflexionar sobre cuestiones tan jondas como la supuesta pertenencia
racial del flamenco... debate que genera tantas contradicciones como las por ella
misma experimentadas. Un ejemplo: protagoniza, siendo "gachí",
la nueva serie televisiva de Manuel
Morao & Gitanos de Jerez -al igual que, anteriormente, producciones como
'Sentir Gitano'- que, a la par que intenta relacionar el flamenco y la vendimia,
lanza radicales postulados progitanistas. Las cosas parecen ser más sencillas.
Un contraejemplo: María alecciona en las artes del flamenco en su escuela
jerezana a una niña china adoptada por una familia del pueblo. Y sabe que
ni hay ni habrá diferencias respecto a otras niñas que también
bailan, pues "tiene el flamenco en el cuerpo, como de aquí que es".
Pero, por encima de la profesión,
María rezuma persona. A ella le gustan "las cosas por derecho",
desahogarse con su hermano por seguiriyas al llegar a casa, disfrutar de la conversación...
en la que suele llevar la voz cantante: "Hablo mucho, ¿no?".
La integridad y la sencillez le imponen obstáculos en el cuestionable camino
hacia la fama. Reconoce que ni sabe venderse, ni sabe ser artista fuera del escenario.
Quizás sea esa su baza.