María del Mar Moreno,
bailaora. Entrevista
"El baile flamenco está evolucionando
desde la forma, pero no desde el fondo"
Silvia Calado. Jerez, abril de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
'Lágrimas Negras' y una cálida
luz preprimaveral ambientan el café del Teatro Villamarta. La ajetreada
actividad de maestros y cursillistas del Festival de Jerez 2004 se toma un respiro
a eso del mediodía. Antes de comenzar la clase, María
del Mar Moreno tiene un rato para una entrevista que se intuye catártica.
'Septiembre' fue un antes y un después en su carrera... y en su vida. Ahora
tiene más claro que nunca la artista y la persona que quiere ser: por encima
de todo, alguien que anteponga el fondo a la forma. María habla de respeto,
de compañerismo, de emoción, de existencialismo. Cada una de sus
palabras brota con aplastante sinceridad. Aún no sabe que conmocionará
a la audiencia en el espectáculo homenaje que cerró el festival
de su ciudad... durante más de treinta segundos.
María del Mar Moreno
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Vuelves al Teatro Villamarta, esta vez
como protagonista de un homenaje a Angelita
Gómez. ¿Qué papel ocupa en tu carrera la maestra?
Cada vez estoy más contenta de haber
empezado seriamente en el mundo del flamenco de su mano. No sólo me ha
enseñado qué es este mundo, sino que, al ser una persona muy seria
y respetuosa, me ha dado una disciplina como persona. Mi relación personal
con ella es, con el tiempo, más sincera y más verdadera. Mañana
yo no sé si bailaré mejor o peor, pero ya me he emocionado en los
ensayos... es algo muy especial. Yo no pensaba estar este año en el Teatro
Villamarta, después de estrenar 'Septiembre' en la pasada edición
y todo lo que supuso montar un espectáculo teatral con producción
propia, sin medios, sin ayuda. No tenía posibilidades económicas
ni tiempo real para hacer lo que yo quería. Venía dispuesta a dar
mis dos cursos, pues adoro dar clases, tengo una vocación docente fuerte.
Pero se propuso el homenaje y yo quería estar.
¿Cómo has ido evolucionando a partir de las enseñanzas
de Angelita Gómez?
Las personas tenemos que tener una guía
académica y espiritual y para mí Angelita supuso fortalecer unas
bases que yo desde chica había tenido. Tengo unos padres muy aficionados;
yo te cantaba y te bailaba sin que nadie me hubiera enseñado en el sentido
académico, estaba salvaje. Ella me domó, me civilizó y me
enseñó las bases más fuertes para entender esto: un respeto
al cante y un respeto a la guitarra, a las palmas, a tus compañeros, un
respeto a este arte. Ahora que me he hecho más mayor, es lo que más
valoro. Además, técnicamente, me dio unos cimientos a partir de
los cuales no se puede ya evolucionar. Más bien, he ido creciendo con mis
propios compañeros y las vivencias que he tenido con ellos, como Joaquín
Grilo, Antonio el Pipa, grandes maestros como Paco Cepero, Manuel Morao, grandes
cantaores como El Torta, Manuel Moneo, Juana la del Pipa, maestros del baile como
Mario Maya, Matilde Coral, Rafael el Negro. Y mis compañeros de mi vida:
Antonio Malena, Luis Moneo, Luis de Pacote, Domingo Rubichi, mi hermano Santiago,
Luis de la Tota, bailaores como Juan Ogalla, Andrés Peña, María
Bermúdez... Yo me nutro de todas las personas que tengo a mi alrededor
y eso es lo que me hace avanzar. No sólo se aprende en un aula, se aprende
hablando, se aprende escuchando. Y lo que me queda...
¿La comunicación entre los miembros de tu compañía
es tan fluida como parece desde fuera?
Cuando estás en un escenario tienes que apartarlo todo
y ser profesional, pero lo más grande que yo tengo es que somos una familia.
Y como familia, un día nos abrazamos y otro nos peleamos, eso es lo más
fuerte. Y aparte es que los admiro y los respeto como grandes artistas que son
todos y cada uno. Lo más difícil son las relaciones humanas y si
consigues tener un grupo con el que compartes tu arte, tus inquietudes, tus sentimientos
y la forma de entender el flamenco, creo que me puedo sentir afortunada. Y se
nota en el escenario. El miedo es el mismo pero si triunfas, el triunfo es más
grande; y si tienes pena, la pena es más pequeña.
Describe la relación de tu baile con el cante.
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"A mí me hubiera gustado ser cantaora"
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A mí me hubiera gustado ser cantaora,
eso está marcado. Me identifico más con la palabra y con la musicalidad,
que con el movimiento. Hombre, adoro bailar y lo necesito, pues es mi forma de
expresarme... pero siempre a través del cante. Necesito un cante de Antonio
de la Malena o de Luis Moneo para poder llegar a mi ser más profundo. Tengo
la suerte, no es porque sean mis compañeros, de contar con cantaores que
no son ni de atrás ni de 'alante', son cantaores con mayúsculas.
Mis compañeros, cada uno de ellos por sí solos, son grandes artistas
solistas. Y eso es peculiar. Somos un equipo y a la vez muy individualistas, pero
en el buen sentido. Cuando bailo, cuando interpreto una soleá o una seguiriya,
tenemos una estructura para ejecutar el baile, no vamos a ir a lo salvaje. Pero
es verdad que hay un setenta por ciento de improvisación y un treinta por
ciento de coreografía, seguro. A veces, los vuelvo locos, pues me tiro
dos semanas ensayando cuatro falsetas y después María se vuelve
majara. No es una virtud, es un defecto. Cuando termino a lo mejor ha sido maravilloso,
pero me quieren matar. "Te comes dos falsetas, te has olvidado del cante,
te he tenido que hacer otro porque me has rematado en otro lado". Pero es
así y ahí se les ve su talla solista porque tienen que resolver
en un determinado momento algo que les demando. Y con la guitarra ocurre igual.
Ahí radica la magia de este arte.
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María del Mar Moreno
Y no es frecuente...
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"¿Cómo puedo hacer yo para que la persona
que me está viendo bailar se emocione sin casi moverme?"
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Lo que está ocurriendo es que se está
evolucionando mucho desde el punto de vista de la forma, pero no del fondo. Estoy
totalmente de acuerdo con que cada persona busque su manera de evolucionar, igual
que ocurre en la literatura, en el teatro y en todas las artes. Cada persona tiene
un 'modus vivendi' y un 'modus operandi', una forma de sentir y una forma de vivir
que refleja su arte. Nos estamos preocupando mucho de la técnica como fin:
de si hay más movimientos difíciles, si en diez segundos hago más
sincopados o más vueltas... Veo una evolución increíble desde
el punto de vista formal, tangible, pero no veo evolución en lo intangible.
Eso es evolucionar desde el fondo, es decir, cómo puedo hacer yo para que
la persona que me está viendo bailar se emocione sin casi moverme. Y eso
va en paralelo con lo que está ocurriendo en la vida, en nuestra sociedad,
que nos estamos fijando más en lo exterior que en lo interior. Todo es
consumo, márketing, producto. Sin probar el producto, ya dices que es bueno.
Y el público está hecho a eso. Es un círculo y no vamos a
culpar a nadie. Todos estamos dentro de esta rueda. Desde mi punto de vista filosófico
yo concibo el mundo como Heráclito o Parménides, como un círculo:
el público demanda lo que se le da y el artista hace lo que se le demanda.
Somos partícipes todos de esta vorágine. Pongo un ejemplo no del
flamenco: la película 'Lost in translation'. La he visto y me pareció
increíble. Preguntaba a la gente y todos me decían lo mismo, que
era lenta, que era rara... Y, sin embargo, les había encantado 'El último
samurai'. Me he dado cuenta de que no les gusta porque no quieren pensar, porque
pensar es muy complicado. A lo mejor cuando te miras el fondo no te gusta lo que
ves. Mirarse duele. Voy en busca de lo verdadero... y estoy en un momento de crisis
existencial de la que no sé cuándo saldré.
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