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El trabajo coreográfico dice haberlo
aprendido, sobre todo, de José Antonio: “Los
movimientos en el escenario, que el espectador siempre esté
viendo cosas diferentes, que no vea nada quieto. Me gusta
mucho la exactitud a la hora de hacer el dibujo, pero a la
vez que no salga del flamenco”. La fórmula ideal
de la coreografía tiene para ella, en síntesis,
tres ingredientes: “Que sea flamenco, con pocas personas
y con el dibujo definido”. Y ello lo combina con la
música, en especial, con la guitarra, instrumento que
adora. A la hora de hablar de sus preferencias en el acompañamiento
musical, afirma que “los cantaores me encanta que canten
muy flamenco pero, a la vez, que se les pueda pedir cosas
diferentes, que te hagan un tema más especial, que
no sólo te hagan letras populares, sino que se puedan
amoldar a cosas nuevas”.
María José
Franco
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Y con la guitarra, igual. María José Franco
busca que en sus espectáculos “todo tenga un
nudo, que todo vaya hilado, que no sea un baile y parada,
sino que todo tenga un porqué. Se nota el relleno mientras
te cambias el vestuario. Me gusta que igual que se trabaja
la coreografía, se trabaje el cante”. Y eso lo
ha aprendido de los veteranos, a los que siempre trata de
escuchar. Cuenta que “el otro día estaba Felipe
Maya diciendo aquí (en el Tablao Corral de la Morería)
una cosa supercuriosa: que hoy en día se cuida mucho
la guitarra, pero no el cante en los bailes”. Explica
que “todo el mundo cuida que la falseta del principio
sea lentita, que luego camine de una determinada manera...
pero es verdad que el cante no se cuida. Al menos, que si
se le canta a una mujer se le canten letras que le vayan”.
Todos estos aspectos rondan su cabeza mientras prepara ya
su siguiente proyecto. No quiere contar todavía mucho,
pero adelanta que “quiero crear mi propia compañía
y sacarla a la luz con un nuevo espectáculo que va
sobre Cádiz, que lleva cuerpo de baile y que están
componiéndome la música y las letras. Ahora
es la mayor meta que tengo, que ya es bastante difícil”.
Y hablando de Cádiz, ¿es que hay un sello para
el baile gaditano como lo hay para el cante gaditano? Responde
afirmativamente: “Hay como un aire. Creo que cuando
alguien de Cádiz canta o baila por alegrías,
por ejemplo, sí tiene un aire especial, más
fresco, como es la gente de Cádiz, más fresca,
más dicharachera, más picarona. Creo que eso
se transmite también al baile, igual que Sevilla tiene
su sello y Granada el suyo. Cada sitio marca a su gente, es
curioso”.
Y lo mismo que el lugar de nacimiento, también marcan
los ídolos. María José Franco coincide
con su compañera de generación Fuensanta la
Moneta (leer
entrevista). Y señala a tres referentes: Carmen
Amaya, Manuela Carrasco y Eva Yerbabuena. Aunque añade
un cuarto nombre, el de Juana Amaya, a quien admira desde
niña: “Era superfan de ella, la copiaba y todo
(jajaja). Y ella sabe que soy fan suya”. Con
referentes así, queda claro que se decanta por las
bailaoras de personalidad, “las bailaoras de fuerza.
Y luego Eva
Yerbabuena es que me encanta todo lo que hace y cómo
lo hace”. Tiene claros sus gustos: “La gente critica
la fuerza, pero a mí me gusta más que los bailaores
transmitan que la coreografía que hagan. A veces te
equivocas montando, lo haces como en ese momento te ha salido,
por eso me gusta más lo que se transmite que lo que
se hace. Y cómo transmite Juana me encanta, me gustan
mucho sus detalles... igual que los de Eva, está claro”.
Transmitir es aún más importante en circunstancias
tan especiales como las que impone un tablao. Con motivo del
quincuagésimo aniversario del tablao madrileño
Corral de la Morería, se ha organizado un ciclo de
valores en alza del baile en el que ha participado durante
julio la gaditana. Mano a mano con el bailaor cordobés
José Barrios, ha bregado durante varias noches con
las limitaciones de este tipo de escenario, una escuela por
la que, según dicen los entendidos, hay que pasar.
La experiencia está siendo satisfactoria: “Con
la cosa de que no vas con tus músicos, te tienes que
adaptar, pero eso a la vez hace que te abras, improvises.
Aquí sabes que lo que tú haces es lo que va
a llegar, no va a llegar el cante ni las luces. Aquí
no hay nada, aquí eres tú y el público
y te tienes que apañar. Y la verdad es que aprendes”.
Y aprende deleitando a la concurrencia, entre quienes a veces
hay ilustres personajes. Esta noche, ha aparecido la bailarina
china Jin Xing, que no se corta en fotografiar con el teléfono
móvil los curvos quiebros de María José
por alegrías. Cosas que pasan en los tablaos.
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| "Nos
estamos dando cuenta de que la gente lo que demanda
es baile" |
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¿Y qué sucede en el baile actual? Cuando a
la bailaora se le pide un breve análisis de situación,
pone el acento en la vuelta a la raíz. “Creo
que a los que estamos ahora empujando nos lo están
poniendo difícil porque se están haciendo cosas
muy buenas, pero a la vez creo que todos vamos a optar por
la línea de ser más flamencos. Creo que se han
hecho tantas cosas y está el mundo del espectáculo
tan raro, que todos vamos a por lo mismo, a por que vuelva
la cosa atrás y se vuelva a hacer flamenco de verdad.
Todos estamos en la misma línea. Nos estamos dando
cuenta de que la gente lo que demanda es baile, mientras a
la hora de coreografiar y de todo nos comemos más la
cabeza que la generación anterior. Y hay mucha competencia,
mucha gente muy buena bailando y eso te obliga a estar siempre
al día, no olvidarte de que tienes que estudiar, de
que tienes que sacar cosas nuevas... no se te puede ir nada,
pues pierdes el hilo”. Y esto lo cuenta relajada, con
naturalidad, ya maquillada y sentada junto a su vestuario
en un pequeño camerino subterráneo del señero
Corral de la Morería cuyas vetustas paredes tantas
historias de bailes y de bailaoras tendrán que contar.
En pocos minutos, María José Franco contará
la suya.
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