Entrevista a María
Pagés, bailaora:
"El flamenco es uno de los claros ejemplos de que la
unión de culturas, de razas o de religiones puede crear un eco común"
Silvia Calado Olivo. Madrid, abril de 2002
María Pagés vive un momento
dulce. La bailaora y coreógrafa sevillana rebosa madurez en una etapa de
plena explosión creativa y de reconocimiento internacional. La forma de
entender el baile flamenco de esta mujer de brazos infinitos que no entiende que
el arte pueda limitarse, se ha ganado un puesto de influencia en el panorama dancístico
mundial. Y, para ella, la prueba no es tanto que sea invitada aquí y allá
como embajadora de la cultura española, sino que una niña canadiense
le envíe cartas o, simplemente, ser admirada por un bailarín contemporáneo
israelí. Con el lenguaje flamenco como único código, investiga
dentro y fuera de este arte capaz de superar diferencias, pues cree que la necesidad
social de comunicación genera permeabilidad en la cultura. ¿Valiente?
¿Solidaria? El caso es que en pleno recrudecimiento del conflicto entre
Israel y Palestina, María Pagés sigue adelante con lo previsto en
su agenda y se va a bailar a Tel Aviv...

María Pagés (Foto: Daniel Muñoz)
La experiencia de Israel ha sido super interesante,
muy enriquecedora. A parte de que hemos tenido muchísimo éxito,
estábamos en un lugar donde la gente tiene la sensibilidad a flor de piel.
Cualquier reacción ante una emoción es mucho más expresiva,
mucho más entrañable, más patente. Y es lo que nos ha pasado
allí. La gente tiene una necesidad de ver arte, de entretenerse, de olvidarse
un poco, al menos durante un tiempo, de los problemas con algo que le guste...
Nos daban las gracias por no haber cancelado. Ellos estaban como presintiendo
lo que iba a ocurrir... de hecho, al poco tiempo de estar allí, la cosa
se ha agravado mucho. La gente estaba muy preocupada. Todo eso se siente. El éxito
ha sido muy especial.
¿Crees que el arte, en este caso,
la danza puede ser una vía que ayude a superar diferencias?
Sí, yo creo que el arte es una
de las pocas cosas que une a la gente. Ante ese momento de unión, nadie
se para a pensar en las diferencias, sino en todas las cosas que hay en común.
Son los sentimientos, el ser humano. He conocido a gente en Israel que me ha contado
que, a pesar de las diferencias que hay entre ellos, también son capaces
de, a través de la música y la danza, de compartir con los palestinos,
siendo israelíes, un trabajo o una creación. Es como una noticia
esperanzadora, comprobar que el arte puede unir a la gente.
¿Tiene el flamenco algo especial
que induce al entendimiento?
El flamenco es uno de los claros ejemplos
de que la unión de culturas, de religiones... es capaz de crear un himno
común. Nosotros podemos decir que en el flamenco, a pesar de que dentro
existan diferencias, payos y gitanos compartimos una cosa y creamos una cosa.
Y es nuestro eco y es nuestra estética. Están los árabes,
están los judíos y están tantas culturas que han pasado por
Andalucía... Y todo eso, puesto en común, es capaz de crear un lenguaje.
Es verdad que el flamenco es uno de los claros ejemplos de que la unióin
de culturas, de razas o de religiones puede crear algo en común que compartir.
Actuar en foros como un congreso de la
Organización Mundial de la Salud o en la fiesta de investidura del presidente
estadounidense George Bush te convierte en embajadora internacional de la cultura
española, ¿eres consciente de esa responsabilidad?
Me he dado cuenta de eso con los años.
Yo no había caído... Más que nada, es una gratificación.
El hecho de que me llamaran para que fuera la única española invitada
y que participaba en la fiesta de investidura de Bush es saber que eres reconocida
como una de las artistas españolas de mayor reconocimiento. He trabajado
muchísimo en Estados Unidos en los últimos seis años. Incluso
el otro día recibí una carta de una niña de quince años
que me escribe y me cuenta que le gustaría aprender flamenco, que se quiere
dejar el pelo largo como yo... Y es una niña de Canadá que yo no
sé ni quién es. Eso te hace pensar en la influencia que puedes llegar
a tener. Ella está estudiando piano, estudiando piezas relacionadas con
España pues, desde el momento en el que me vio bailar, considera que el
flamenco es una de las cosas más bonitas que ha conocido en su vida. También
los japoneses son muy dados a esas cosas. Es increíble que, con quince
años, esté dedicándome su tiempo.
Y ya tan curtida en giras internacionales,
¿crees que, con el tiempo, se van desechando los tópicos y hay una
percepción más real del flamenco?
Una de mis grandes preocupaciones de siempre
ha sido precisamente esa: intentar cambiar el concepto que tiene la gente del
flamenco en el extranjero. Y es como una preocupación clave para mí,
es como un objetivo que yo me he marcado siempre, teniendo en cuenta la influencia
que he llegado a tener en el extranjero. Como profesional y como persona dedicada
al flamenco, mi objetivo no está cumplido si no he logrado cambiar un poco
el concepto folclórico o tópico, en el mal sentido de la palabra,
que, de forma negativa, encierra el flamenco. Es importante que, cada vez que
hagamos un espectáculo, por lo menos la gente que ha venido a verlo, salga
convencida de que es otra cosa, que el flamenco es un arte con letras mayúsculas
y que todo lo que pueda haber de tópico, es tan tópico como pueda
ser en Estados Unidos la hamburguesa. Creo que para mí es importante. Y
creo que, poco a poco, se va consiguiendo.
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"El arte encierra en sí mismo la expresión no límites"
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Hablando no sólo del extranjero,
sino también de España, ¿crees que se ha entendido tu forma
de plantear el baile?
El único lenguaje que tengo es
el flamenco, no es que juegue con distintos lenguajes. El único lenguaje
común, el que quizás me hace ser seria, es el flamenco. Luego se
trata de que, como cualquier lenguaje, pueda rodearse, enriquecerse, influenciarse,
dejarse influenciar, de otras artes, de otras culturas... Pero, en realidad, mi
lenguaje de expresión es siempre el mismo, soy muy fiel. No hay más
vuelta de hoja que el baile flamenco.
En esa labor de enriquecimiento, de influenciar
y dejarse influenciar, ¿dónde crees que está el límite?
Yo no creo que haya límites. El arte
encierra en sí mismo la expresión no límites. No existe un
arte con límites, siempre que ese trabajo esté tratado seriamente,
honestamente y con conocimiento, es decir, ese es el único límite
que yo pondría si se pudiera poner: hacer las cosas con otros fines que
no fueran trabajar de forma seria y de forma honesta, sin otra intención
que hacerlo bien.
Continúa...