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Con lo que se está dilatando,
¿cae en la tentación de retocar constantemente
lo grabado?
Una vez terminado ni siquiera lo escucho. Se dice que los
discos nunca se acaban de grabar. Lo que pasa es que yo he
llegado a un punto en que tuve que plantarme. Ya no cambio
más porque si no nunca lo terminaría. Los últimos
días de grabación sí fueron un barullo
de meter una cosa aquí, cambiarla allá. Hubo
un momento en que tuve que decir punto.
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Marina Heredia (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Por mucha personalidad propia que se tenga, las referencias
son siempre inevitables. ¿Cuáles han sido las
suyas?
Es un disco muy personal. Por lo menos es lo que hemos intentado.
Siempre hemos -hablo en plural porque El Bolita y yo hemos
estado 24 horas en el estudio- intentado dejarnos guiar por
nuestros presentimientos y aislarnos de todo. Lo que sí
le puedo decir es que, para mí, Jaime Heredia ‘El
Parrón’, mi padre, es de los cantaores vivos
que mejor hacen la soleá. La soleá es el todo
del flamenco.
Los violines y el contrabajo tienen un gran peso
en su próximo trabajo.
El contrabajo da mucho peso y una gran presencia. Parece
que potencia el contenido de las palabras. El mensaje que
tiene ‘Las madres locas’ hay que decirlo con contundencia
y el contrabajo es ideal para eso.
En los dos últimos años ha actuado
sólo dos veces en su tierra, Granada. ¿Se entiende
mal la palabra exigencia?
Hemos trabajado en muchos sitios pero es verdad que poco
en Granada. Por el hecho de ser de Granada te ofrecen dos
actuaciones por mes y eso cansa mucho porque, aunque la gente
te quiera, no hay que agobiarlos. Por eso me gusta guardarme
y no quemar las ciudades.
También ha cambiado para este disco su propia
imagen. De la falda de calle de ‘Me duele me duele’
ha pasado usted a una bata de cola moderna y una imagen quizás
más seria.
Yo siempre he tenido una imagen muy consolidada y no me gusta
disfrazarme cuando salgo al escenario. Cuando defendía
otros temas no podía salir con los volantes y las flores.
Yo soy flamenca. Lo siento así. Me gusta sacar un buen
vestido al escenario. Los vaqueros son para ir a la compra.
Mis trajes no son el típico traje de volantes. Soy
muy presumida y me gusta mucho maquearme, sobre todo para
trabajar.
Próximamente actuará usted en el Festival
del Albaycín. ¿Qué opina de los festivales
flamencos tradicionales sin acústica alguna? ¿Siguen
teniendo sentido hoy en día?
Fatal. Este del Albaycín es de los pocos que se salvan,
pero en general hay cosas muy fuertes que no deberían
ser así. Prefieren gastarse el dinero en traer otro
cantaor y hacer el festival más largo que dedicar ese
dinero a una empresa de sonido. En mi caso, la mayoría
de estos festivales no van conmigo. Son temas difíciles.
Próximamente actuará usted en Japón.
Allí sería impensable un concierto con estos
medios técnicos…
Está claro. Ese es su terreno. Aún así,
su afición es tan grande que les daría igual
un mal sonido.
Marina Heredia (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Parece que los artistas de tu generación seguís
un camino parecido. Arcángel, Miguel Poveda...
Estamos en un gran momento. A lo mejor faltan figuras como
antes. Algunos dirán que ya no hay un Caracol o un
Camarón, pero cuando pasen cien años se valorará
a algunos de ahora como en hoy en día se puede considerar
a Mairena. Hay que dejar madurar a los artistas para que hagan
su propia leyenda. Eso no se hace de un día para otro.
Hay mucha gente que saldrá. A mí me gusta escuchar
a todo el mundo, no tiene que ser siempre Poveda o Arcángel.
En Jerez hay un niño que se llama David Lagos que tiene
una voz muy personal y que conoce muy bien el cante. En La
Línea está el sobrino de Chocolate, que le dicen
El Pulga, que por seguiriyas es para rabiar. El flamenco está
en su mejor momento.
Comenzó usted como bailaora junto a Estrella
Morente. Su maestra, Angustias la Mona, dice que, como lo
hacían tan mal, decidió ponerlas a cantar. ¿Es
cierto?
No éramos tan malas. Sólo éramos malillas.
No sabían como decirnos que nos quitáramos de
bailar hasta que nosotras mismas lo hicimos por nuestra cuenta.
Al final nos cambiamos de terreno. Nos gustaba el baile porque
a esa edad nos llamaba más la atención. Menos
mal que cambiamos al cante. Después ya empezamos en
la Peña Platería cantando como un juego con
Manolillo Liñán, El Charico, Miguel Ángel
Cortés.
Tanto ha interiorizado esto que rara vez hace una
pataílla en el escenario…
No sé. No siempre lo hago. Sólo cuando me apetece
porque no tengo la costumbre.
¿Cree usted que para hace un homenaje a una
cantaora mítica es necesario hacerse un peinado como
en los años veinte?
Hombre, cada uno hace lo que en ese momento cree que está
bien. Pienso que cada uno tiene que tener su personalidad
marcada y clara. Tú mismo debes saber dónde
estás de pie. No estamos en los años veinte.
Estamos un poco más adelante. Somos muy jóvenes
y es bueno que nos equivoquemos siempre que no sea otra persona
la que te equivoque.
El apoyo institucional que recibe el flamenco en
los últimos años crea malestar entre músicos
de otros estilos. ¿Le parece justo?
Llevamos sólo cinco años con subvenciones y
cinco ‘desamayaos’. Si el pop vende tres millones
de copias y el flamenco tres mil no tienen razón para
quejarse. Además, que yo sepa, el rock viene de Inglaterra
y el flamenco es algo nuestro. La verdad es que últimamente
estoy muy guerrera y nadie tiene que ofenderse por lo que
digo. El asunto de las discográficas me ha tenido en
pie.
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