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Marina Heredia
(Foto: Daniel Muñoz) |
Tango de las
madres locas
“Llegó a mis manos cuando
acababa de ser madre. Tenía los sentimientos a
flor de piel, era todo nuevo. Me llegó sin querer
un día que estaba escuchando un recopilatorio de
copla de Carlos Cano y en el último corte del segundo
disco estaba escondido. Fue tan inesperado, que me quedé
pasmada. Y decidí que en el próximo disco,
que entonces no lo tenía ni en mente, lo íbamos
a versionar y a grabar. Porque aparte de lo que mí
me supuso como madre, siempre me gusta decir algo cuando
estoy cantando, me gusta contar y dejar un mensaje. Aparte
de que el amor es muy bonito y todo eso, a mí me
gusta decir cosas. Hemos intentado que se quedara el aire
argentino, como en el original, pero llevarlo a mi terreno...
Y eso se consigue simplemente cantándolo yo, en
vez de Carlos Cano”.
Rosa
tardía
“Es un tema mío que tenía
guardado hace muchísimos años. Ni intención
de que eso saliera del cajón. Pero Bola (el
guitarrista jerezano José
Quevedo), lo que es la confianza, me lo pilló
en una libreta y, prácticamente, me obligó
a hacerlo. Es una bulería muy cañera, festera.
Ahí mete los pies Joaquín
Grilo. Vaya colaboración de lujo que tuvimos.
¡Pero, vamos, yo no creo que se repita esto!”
-¿Sueles escribir?
-Escribo cosillas, pero me cuesta mucho trabajo. Y, además,
lo que escribo casi nunca me gusta. Lo tiro. No sé
si haré mal en tirarlo, porque el criterio de uno
mismo, a veces no sirve.
La
gran faena
“Surgió de un encargo para
una gala de navidad de la televisión andaluza.
No sabíamos qué hacer, pues no nos apetecía
cantar el clásico villancico. A mí me dio
por mirar en los libros de Benítez Carrasco y di
con este poema que habla de Jesús. Se lo mandé
al Bola por e-mail y en tres días me lo musicó”.
-¿Por e-mail?
–Sí, sí, trabajamos mucho así.
Estamos al último chillido, jajaja.

Marina Heredia (Foto: Daniel
Muñoz)
Mil
vidas
“También es mía la
letra. Volví a caer. En la música estamos
a medias Bola y yo. Era un tema que escribí cuando
estuve en Alemania con la ópera ‘Amore’
de Mauricio Sotelo, que me pasaba muchas horas sola en
el hotel. Yo soy una persona muy melancólica y
cuando estoy sola, lo paso muy mal. No me gusta nada la
soledad. Y lo escribí allí en Alemania,
o sea que es un tema de amor ‘made in Germany’.
Y cuando Bola encontró ‘La rosa tardía’,
en la página de al lado estaba ‘Mil vidas’...
Jajaja. Y se lo llevó también para musicarlo.
Como musica con tanta facilidad, no te da tiempo ni a
negarte. Cuando me lo trajo con música... pues
no me pareció que estuviera tan mal. Vamos, que
me gustó y todo”.
Illo
y Romero
“En esa gira por Alemania, una
de las veces que me fui para allá, el editor de
José Bergamín, Manolo Arroyo, me regaló
un libro que se llama ‘Apartada orilla’. Yo
nunca había leído poesía porque me
parecía un poco aburrida, esas cosas de la adolescencia.
Y cuando me dieron ese libro, nunca me he separado de
él. Lo he leído como quinientas veces, para
delante, para detrás, lo vuelvo a leer, lo tengo
seis meses perdido, lo vuelvo a encontrar... Es el libro
de mi vida. Con el paso del tiempo, conocí a Carlos
Bergamín, actualmente mi jefe de prensa, que es
nieto de José Bergamín. Y gracias a él
me llegó este poema. Él me ha hablado mucho
del abuelo, la relación ha cambiado mucho, José
Bergamín es como uno de mi casa, como mi abuelo.
Así que tengo muchas cosas de José Bergamín,
pero me faltan muchas otras que se han descatalogado.
Y a Carlos le pedí que, por favor, me pasara cosas
que no tuviera yo. Y un día sin avisarme ni nada,
me lo mandó por fax. Y cuando lo vi, aluciné.
Sabía que tenía un tema. Lo mismo, se lo
pasé a Bola y lo musicó en nada”.
-Hay temas que no se corresponden
con palos, son más como canciones...
-Como este disco lo hemos hecho por impulsos... sentimentales,
cada tema plasma el momento en el que estábamos.
Y la vida pasa por muchos momentos, no sólo pasa
por uno. Tu vida no gira por una única sensación,
sino que cada día tienes unas ganas de vivir distintas.
Los temas los hemos ido haciendo poco a poco sin la idea
de grabarlos, lo del disco surgió luego. No nos
hemos puesto a buscar repertorio para luego grabarlo,
sino al revés.

Marina Heredia (Foto: Daniel
Muñoz)
El
calor de un beso
“Es una soleá por bulerías
con letra y música de Bola. También la tenía
por ahí en un cajón. Y un día me
la enseñó y me gustó. Esta vez se
la robé yo a él. La empezamos a hacer directo,
mucho antes de que llegara el disco. Y al meternos a grabar,
tenía que estar. Era ya una más del repertorio”.
-Hablando de soleá. Este es
un estilo con marca de la casa...
-Creo que la soleá es la madre
del flamenco, creo que de ahí sale todo. Me gusta
verlo bailado, me gusta verlo tocado y me gusta verlo
cantado. Como esté, me gusta.
Los
tangos de la penca
“Jeje. Son de allí
de la penca, de los chumbos, de las pitas. Son los tangos
autóctonos de ‘Graná’. Además,
los hemos hecho en ese ritmo tan reposadito, que es como
se hacen allí. Cuando se han grabado en algunos
discos, se tiende a aligerarlos un poquito, pero quisimos
hacerlo así. De hecho, metimos una grabación
antigua al principio y la misma al final para que nos
marcara ese carácter de allí. Es una grabación
de la Zambra de Las Faraonas, de mi familia. Y en esos
mismos tangos, más adelante, canta mi abuela, pero
ya ese trozo no lo cogimos. Cogimos sólo la falseta
del principio. Suena como los pick-up antiguos y después
ya empieza la falseta nuestra... como el antes y el después.
Al final, hay que volver atrás porque es de donde
viene todo. Además, están los jaleos de
Curro Albaicín, que son geniales. Estos tangos
resultan muy bonitos, a mí es uno de los temas
que más me gustan. Y no se pueden cantar a medias,
son tangos valientes”.
Nunca
fui a Granada
“También nos lo encargó
la televisión, para una gala especial que se hizo
en homenaje a Alberti. Estuvimos buscando poemas y este
nos pareció muy adecuado porque citaba Granada,
yo soy de Granada y habla sobre esa cita que Alberti tenía
con Lorca, que habían estado aplazando y que no
se pudo dar porque lo fusilaron. Hay que decir cosas.
Puedes cantar muy bonito, tener muy buena voz, pero el
cincuenta por ciento de un cante es la letra. Aparte de
que lo cantes bien o mal. Hay cantantes o cantaores que
no han cantado tan bien, que no han tenido tan buena voz,
pero lo decían muy bien. Y lo que decían,
tenía contenido, tenía cosas que escuchar”.
-¿Cómo se convierte
un poema en cante?
-Hay algunos que los lees y ya los estás escuchando.
‘Illo y Romero’, cuando se lo mandé
a Bola, ya le dije que lo mirara por bulerías porque
lo lees y te dan ganas de fiesta, de bailarlo. El de Alberti
me sonaba a bulerías, pero no era esa bulería
cañera, era más como cuplé.
-¿Es un recurso fácil?
-En absoluto, es mucho más difícil que coger
un estribillo y repetirlo seis veces en el mismo cante.
-En ‘La voz del agua hay estribillos,
pero más dosificados...
-No los veo ni como estribillos, sino como colchones,
como ayudas. El tema no se basa en esos estribillos sino
en la música, en la letra, en el cante... en todo
lo demás, menos en eso. El estribillo es como un
instrumento más. “Me duele, me duele...”
-canta de broma-. Me he quedado de pesada.

Marina Heredia (Foto: Daniel
Muñoz)
De
antaño
“Son unos pregones de Manolo
Caracol. Llevo haciéndolos muchos años
porque me encantan y me encanta Caracol. Me gustaba la
idea de grabarlos. Caracol es flamenco en esencia. La
personalidad de Caracol era arrolladora, era genio y figura.
Me encanta. A mí esas personalidades tan fuertes
me llaman mucho la atención, como la de Lola Flores”
-¿Te pones a prueba vocalmente?
-Son muy difíciles, pero los tengo muy interiorizados
porque los llevo haciendo en directo mucho tiempo. Me
parecía que era un punto de seriedad para el disco.
Y todos los sonidos que mete Paquito González los
hizo llenado el estudio de agua, hace soniquete en barreños.
Imagínate allí salpicando agua. ¡Repite!
¡Pincha! Una hora así... Nos llegaba el agua
por las orejas. El del estudio nos quería matar.
“¡Que nos va a dar corriente!” Fue muy
divertido, se le ocurrió a Paquito en el momento
y quedó muy bien. Además, encajaba perfectamente
con la idea del título.
-Y no es la ‘típica’
toná...
-Era un cante que se hacía por la calle, pregonando
lo que se vendía. Hacemos los de los caramelos,
los de las uvas... Y metemos también la trilla
“no lo quiero del campo”. Era todo muy campero,
como muy de la calle.
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