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José
Mercé. Teatro Real. Madrid.
2 de Noviembre del 2000

"AIRE"
COMERCIAL Y REAL DECEPCIÓN
Mientras José
Mercé aparecía sobre las tablas del Teatro Real para presentar su
nuevo y más comercial trabajo, el flamenco se preparaba para terminar de
rendirse a la nueva etapa, corriente, generación, o como quiera que se
llame aquello que el público aplaudió con entusiasmo desde antes
de que empezara.
Resulta paradójico ver la presentación de un nuevo disco y que justo
lo mejor del espectáculo no esté incluido en el álbum. La
seguiriya a su hijo Curro, la malagueña del Mellizo y los dos solos de
Moraíto bien podrían valer toda una actuación, sin embargo
no justifican en modo alguno una presentación tan pomposa y a la vez tan
poco flamenca.
Posiblemente Mercé
supere las expectativas de venta de Virgin y pase a la historia del flamenco más
por los números que por el "Aire" de sus cantes y me parece muy
bien. Pero ocurre que en un momento coyunturalmente tan importante para la música
flamenca, vender gato por liebre para que todo el que se apunte al carro de la
moda crea que flamenco es lo que José vende con tanto éxito desde
hace unos años, puede ser peligroso.

Un blues titulado
"Arrengao" y "Al Alb"a, tema de Luis Eduardo Aute -que por
cierto grabara Alfonso Luna justo un año antes que el jerezano en un disco
que lleva por título Nostalgia de Amor por Bulerías-, junto con
la bulería "Aire" son los temas centrales del nuevo trabajo de
José Mercé.
Incluso las composiciones
y arreglos musicales de Isidro quedaron en entredicho a causa de la pobre calidad
del sonido amplificado el jueves 2 de Noviembre en el Teatro Real.
Si
alguna virtud tiene el nuevo disco de José Mercé, es precisamente
la calidad musical. No hay trabajo que pase por las manos de Isidro Muñoz
y no se llene al instante de sentido y buen gusto. Sin embargo no ocurre lo mismo
con las letras. Es duro reconocerlo, pero desde la muerte de Francisco Moreno
Galván no ha habido otro autor que acometa la renovación de las
letras en el flamenco con el conocimiento con el que el morisco lo hacía.
Por eso hoy en día existe una gran desproporción entre el nivel
alcanzado por la música en comparación con el de las letras. Ejemplos
que pueden servir para poner de relevancia tan importantes carencias son los casos
de la rumba "La Vida Sale" y la soleá por bulería "El
Café". En "La Vida Sale" participan tres pedazo de músicos-
Ramón González (percusión), José Mestre (piano), y
Manuel Machado (trompeta)- con los que por fin ha podido plasmar a su manera aquella
experiencia acumulada a través de los años en el ciclo de la Diputación
de Sevilla "El Son Cubano y El Flamenco". Mientras que la sencillez
de la guitarra de Moraíto en "El Café" es todo un placer
para buenos aficionados. ¿Qué ocurre entonces? Pues la respuesta
es tan dura como sencilla. Las letras no están al nivel de la música
compuesta. Tienen una temática frívola, retratan escenas de la vida
cotidiana, pero no es suficiente. Sin esa profundidad tan necesaria para una buena
historia, sin un sentimiento compartido un cante no es nada. Por eso resulta curioso
ver cómo José se deja el alma cantando un blues cargado de sentimiento,
en el que no recuerda a nadie nada más que a José Mercé.
Mientras que las bulerías, los tangos y el martinete no son más
que canciones aflamencadas. Quizás sea complicado explicar cuales son las
carencias del nuevo trabajo de este jerezano. Para un aficionado al flamenco es
muy fácil distinguir entre un cante ajustao, en el que la pelea del cantaor
con el cante es evidente de principio a fin y una canción aflamencada,
en la que el cantaor llega sobrado en todos los tercios como ocurre en este disco.

Lógicamente
tiene detalles de calidad, como los fandangos del Gloria. Pero eso no puede ser
argumento suficiente para justificar el último trabajo del que hoy por
hoy pasa por ser la primera figura del cante.
Al final, algo que se está convirtiendo en costumbre, ovaciones interminables,
bises descafeinados y por fin bulerías de Jerez con letras del propio Mercé
y Luis de la Pica.
Una vez más
Moraíto fue mucho Moraíto y además sacó las castañas
del fuego con una habilidad y un arte que no tienen precio. Y sino que le pregunten
a José Mercé la razón por la cual siempre lo lleva con él.
Fernando González-Caballos
Martínez
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