Mercedes Ruiz, bailaora de flamenco.
Entrevista
“Eva Yerbabuena me enseñó
que hay que
amar el arte por encima de todo”
Carlos Sánchez. Sevilla, mayo de 2006
Joven, inquieta y risueña.
Sincera, extrovertida... y bailaora desde que tiene uso
de razón. La bailaora jerezana Mercedes
Ruiz sincretiza el baile de su tierra con la técnica
y la sabiduría de las tendencias actuales. Tiene
un estilo depurado que se ha ido hilvanando a lo largo de
los años, con la experiencia de su paso por compañías
tan importantes como las de Manuel Morao y Eva Yerbabuena.
Un día decidió que quería emprender
su propio camino y abandonó la servidumbre del baile
en compañía para volar en soledad. Tras sus
éxitos en el Concurso de Córdoba y en la Bienal
de Sevilla, la artista del barrio de San Miguel montó
su propia compañía con la que ya ha estrenado
dos espectáculos y diseña el próximo,
‘Juncá’.
Mercedes Ruiz (Foto: Daniel
Muñoz) |
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En tu familia no hay tradición
flamenca, ¿de dónde viene tu afición?
No lo sé. Creo que con el flamenco
se tiene que nacer. Desde que nací, me he sentido
flamenca. Mi madre cuenta que desde niña movía
las muñecas y bailaba. Desde que tuve uso de razón,
sabía que quería bailar. Es mi vida.
¿Tus padres vieron algo
en ti?
Sí. A mis padres les gusta el flamenco.
Mi madre vio que me sentía atraída por el
baile y nos metió a mi hermana y a mí en una
academia para ver si realmente nos gustaba. A mi hermana
no le gustó, pero yo seguí bailando.
Con tan sólo seis años
ya bailaste profesionalmente, ¿no?
Sí. A partir de ahí vino
ya lo bueno. He tenido la suerte de escuchar cantar a los
mejores gracias a estar cerca de Manuel Morao. Fue un pilar
básico en los inicios de mi trayectoria. En esa época,
tuve la suerte de escuchar a María Soleá o
a Juan
Moneo ‘El Torta’.
¿Quién fue tu primera
maestra?
Fue una señora que se llama Pilar.
Con ella empecé a bailar, pero luego mi maestra fue
Ana María López de la Peña Los Cernícalos
durante siete años.
¿Qué aprendiste con
Manuel
Morao?
Él me lo enseñó todo.
Con él estábamos cuatro niñas chicas.
Allí bailábamos un poquito por bulerías
y por tangos, pero teníamos que estar en escena.
Y con eso ya aprendías mucho. Él nos enseñó
mucha disciplina y saber escuchar el cante. Estaba muy pendiente
de nosotras. Creo que me acostumbré a lo bueno porque
ahí trabajaban los mejores. Morao ha sido fundamental
en mi carrera.
¿Y con El
Pipa?
Antonio estuvo el mismo tiempo que yo en
la Compañía de Manuel Morao. Más tarde,
él montó su propia compañía
y me llamó. Y me enseñó el saber estar
en un escenario. Él es una persona muy educada que
sabe estar en los sitios. En esa época yo ya estaba
en el Conservatorio de Sevilla, pues necesitaba colocación
en el baile. Cuando salí de la Compañía
de Manuel Morao yo me creía que era la reina, pero
me di cuenta de que no estaba colocada. Veía en la
televisión a otras bailaoras que estaban colocadas
y yo percibía que tenía que corregir eso.
Por esa época, la bailarina sevillana Raquel Romero
abrió una academia de danza española y mi
madre me animó a que me apuntara. Cuando llegué
allí y vi una barra, me di cuenta de lo que era eso.
Luego me fui dos años al Conservatorio de Sevilla
para seguir mi formación. De ahí me fui al
tablao El Cordobés en Barcelona, donde también
aprendí muchísimo.

Mercedes Ruiz (Foto: Daniel
Muñoz)
Y llegó la época
con Eva
Yerbabuena, ¿no?
Eva me enseñó que hay que
amar el arte por encima de todo. Que hay que amar el baile
o lo que uno sienta, por encima de todas las circunstancias.
A mi baile le aportó muchas cosas. Lo que pasa es
que llega un momento en que tienes que decidir si seguir
ahí o emprender tu camino. Yo sólo veía
por los ojos de ella. La veía tan completa que ya
no me gustaba ninguna bailaora que no fuera ella. Entonces
decidí que me tenía que ir de su compañía.
Me costó mucho trabajo. Lo tuve que hacer poco a
poco. Si no me iba en ese momento, no lo haría después.
Ella tenía mucho trabajo y no parábamos. Y
eso, unido a que estás en una gran compañía
con una de las mejores bailaoras, pues fíjate. Yo
sentí la necesidad de bailar sola.
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