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¿Pero no permite el flamenco
que en cada momento de la carrera de un artista se puedan
aportar cosas distintas?
Pero para aportar esas cosas distintas, tienes que estar
en plena entrega. El baile es como la vida, está en
movimiento siempre. Aunque tengas tu estilo de baile, esa
forma que estás enseñando, tiene que estar con
el movimiento actual para no quedar vieja, sino quedar con
la savia de lo clásico, de lo antiguo y aportando ese
movimiento generacional en el que se están moviendo
las cosas. Eso te lleva a seguir trabajando, viendo, investigando,
estando, no decayendo. Pero a veces las personas también
nos cansamos de toda una vida de lucha. Hoy la gente joven
lo tiene muy duro porque no hay trabajo. Entonces lo teníamos
muy duro porque había mucho trabajo y empezábamos
muy jóvenes a tener responsabilidades. Ahora hay gente
que tiene treinta años y la responsabilidad no la tiene
agudizada porque tiene unos padres que le están apoyando.
Antes, los que apoyábamos a nuestros padres éramos
nosotros.

Merche Esmeralda y Manolo Marín
(Foto: Daniel Muñoz)
Manolo
Marín, tu pareja en la gala, es justo ese ejemplo
de que hay cosas que no pasan, que no quedan viejas...
Ahí está. ¿Sabes por qué? Porque
ese hombre es un flamenco intemporal, un flamenco que no se
pierde nunca pues es el flamenco de la sobriedad, del carácter,
del mover un brazo, del mover una cabeza, de hacer un remate
a tiempo... eso que es el pellizco en el flamenco. Sólo
con hacer un recorte, subir los brazos y crecer dos palmos
estás diciéndole ole. Un compás retenido
es tan difícil de sujetar... Qué difícil
es retener un tiempo sujetándolo en el silencio. Ahí
no hay más que la fuerza de un ser que está
creando un interés en el público para que no
pierda ese hilo conductor. Es muy fácil hacer dos o
tres virtuosismos y decir ole. La gente se te cae, es lógico,
a la gente le estás inyectando adrenalina pura. Pero
que un hombre que hace un remate y levanta un brazo, levanta
la cabeza y mantiene un tiempo en el silencio y le digas ole,
qué difícil es. Lo mismo no eres capaz ni de
decir ole, pero sí se te pone la piel de gallina.
¿Y de tus compañeros jóvenes
en esa gala qué has aprendido?
Destaco a Adela
Campallo, esa niña que ha tenido ese accidente
tan tremendo (un accidente de tráfico le causó
una grave lesión cervical de la que tuvo que ser intervenida
y que le ha llevado meses de rehabilitación).
En Nueva York cuando terminó de bailar su mano estaba
agarrotada, no tenía movimiento. Inmediatamente, le
di hielo, empecé a darle masajes... Y ya hacíamos
ejercicios antes de salir para calentarle su cuello, sus hombros,
para no entrar directamente sin calentar. No sólo la
admiro, es que para mí ha sido un aprendizaje de valentía.
Qué valientes somos las mujeres. Yo posiblemente haya
sido valiente, pero como eres tú no te das cuenta.
Cuando lo hace otra persona así, que pone ante el baile
su propia salud, uf, qué admiración. Ese ser
me ha dado un equilibrio que me ha llevado a decirme a mí
misma: qué poco eres, que eres capaz de retirarte de
bailar porque te hayan lastimado el alma. Al alma dale otras
para seguir adelante y que se cure. Esa mujer, Adela Campallo,
me ha dado una inyección de moral enorme. Aparte que
pienso que es una bailaora muy buena y eso lo va a dar el
tiempo. Es una chica muy joven y su baile, que es ahora mismo
de temperamento, como su juventud, el día que -y además
va a ser pronto- vaya asimilando lo que tiene el arte de poder
manifestarse como una fuerza interior contenida, para luego
de pronto hacer explosión... La gente joven siempre
está con la explosión, no la contiene. Adela
está en el camino de estar conteniendo esa explosión
para saber cómo posar, cómo pisar fuerte, hacer
sus movimientos y explosionar en su momento. Es una niña
que tiene mucha limpieza de pies, mucha potencia, tiene una
escuela muy redonda en braceo, en giros... lo que tiene que
hacer es lo que le digo a mis alumnas, apaciguar los corderos,
tranquilizarlos, dejar que repose esa explosión, disfrutar
con el movimiento por él solo. Adela va a llegar a
eso pronto.
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| "Aprendo
mucho de mis alumnas, de lo que no hay que hacer y de
las cosas bonitas que les veo" |
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Rafael
Campallo, su hermano, a mí me encanta porque es
la fuerza del hombre... y con un sentido rítmico muy
raro. Y luego, por ejemplo, en las alegrías, que es
lo que más le he visto, tiene un sentido anecdótico,
una gracia muy andaluza, que está llena de movimientos,
de sabor, de quedarse con la parroquia, para luego en su conocimiento
del baile, hacer esos remates que redondean la faena. Yo he
aprendido todas esas cosas de esta gente, cada día
aprendo. Aprendo mucho de mis alumnas, de lo que no hay que
hacer y de las cosas bonitas que les veo. Ya cuando trabajas
con gente que es muy buena aprendes muchísimo. Y no
en Jerez, pero sí en Nueva York, estuvo también
Javier
Barón, que está en una madurez de baile
increíble. Tiene ese baile pausado, sabiendo cuándo
tiene que posar el pie, cuándo tiene que respirar,
cuándo girar, cuando mover una cabeza... es la madurez
de la persona con mucho conocimiento. Conocí a Javier
cuando estaba en el Ballet Nacional de España, era
un crío y lo he ido viendo madurar todos estos años.
Además, es un tío muy culto en baile y música,
hace cosas interesantísimas. Escribe y hace croquis
de los movimientos coreográficos cuando quiere mover
a la gente. Cuando quiere utilizar música estudia los
tiempos musicales para saber cómo tiene que mover.
Viven para el baile. Y me hace mucha ilusión vivir
esto con gente que tiene tantas inquietudes y me enseña,
de alguna manera, cómo trabajar.
Merche Esmeralda
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Será una satisfacción ver cómo
se han consolidado bailaoras a las que has llevado en tus
espectáculos como Sara Baras y Eva
Yerbabuena que participaron en ‘Mujeres’...
De Sara Baras no tengo que decir nada, pues lo que tengo
que decir no es nada agradable. A las personas que me hacen
daño sólo puedo dejarlas pasar, ignorarlas.
Eva Yerbabuena es una mujer muy redonda en su baile, que sabe
muy bien lo que es bailar, que tiene un sabor increíble.
Además hay que admirar que ya ha creado escuela. Es
una mujer con un conocimiento increíble de rítmica,
de giro, de cabeza, de braceo... Y, además del conocimiento,
luego baila como le da la gana porque para eso su cuerpo es
suyo. Demuestra que sabe hacerlo y luego baila como lo quiere
bailar. Eso es admirable. Es una mujer inquieta y, además,
tiene lo que otras personas no hemos tenido, un marido como
Paco
Jarana. Toda gran mujer tiene detrás un gran árbol
que le da sombra y cobijo. Y eso lo tiene Yerbabuena. Yerbabuena
sería siempre Yerbabuena, pero probablemente no tan
redonda si no tuviera ese árbol. Y quisiera destacar
a ese hombre que tan maravillosamente trata a esa mujer a
través del arte. Personalmente, supe que quería
y admiraba mucho a su mujer. Yo no sé qué podrá
pasar, pero sé que artísticamente sigue cuidándola,
mimándola. ‘Châpeau’ por personas
así, como también ha sido Rafael
el Negro, el marido de Matilde Coral, que han tenido al
lado a personas tan grandes y han sido capaces de estar en
un segundo plano. Mi admiración para ellos.
¿Tienes algún proyecto tras tu vuelta
a los escenarios?
Yo vivo al día. Cuando eres joven, te mueves para
llegar a ser algo. Cuando eres algo, te mueves para mantenerte.
Cuando decides que hay muchas puñaladas traperas y
te han hecho daño, te retiras y vuelves, ya vuelves
para vivir el día y ser feliz. Me pueden criticar muchas
cosas, pero no me pueden tachar de cobarde. Conocimiento también
tengo porque he pisado ya muchas tablas y he rodado por muchos
caminos. Y si tuviera que hacer algo importante en la danza,
me mojaría a tope, pero no para hacer cualquier cosa
y seguir sufriendo. No puedes tener una compañía
propia. Cuentas con una serie de personas, pero esas personas
tienen que comer y si les sale otro contrato, te dejan en
la estacada. No puedes hacer nada. Humano es eso... y humano
es encontrarse imposibilitada. Yo en la vida he sufrido mucho,
personal y profesionalmente, y ya digo como el chiste: virgencita,
que me quede como estoy. Estoy solita, vivo con un hijo, tengo
una vida muy tranquila, soy muy visceral porque no puedo ser
de otra manera. Cuando quiero, quiero a tope. Cuando no quiero,
no odio. Es mejor olvidar que odiar. Y vivo la vida muy tranquila
dentro de lo que tengo. Cuando quiero a la gente, me tiene
por entero. No me siento a tomar un café si no quiero,
ahora escojo yo. Si merece la pena morir por algo, moriría,
pero sólo por mi familia, ahí daría hasta
la última gota de sangre.
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