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¿Sientes, como guitarrista,
la presión de tener que componer?
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Miguel Ángel Cortés
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Parece que es como una pesadilla, que estamos
esclavos de la guitarra. Yo me he dado cuenta con el tiempo,
y mira que soy de los más jóvenes, de que hay
que disfrutar más de las cosas. Desde que tuve el niño
también he visto que las cosas se van, que luego te
vas al cajón, como yo digo, ¿y qué pasa?
Las cosas en la música vienen solas, hay que trabajarlas
y hay que buscarlas, pero si un día viene un detalle
muy bueno, hay que ponerse las pilas y desarrollarlo. Eso
de estar ahí veinte horas a ver si sale por fuerza,
eso no mola. Eso es un sinvivir. Hay que prepararse de manos
porque vivimos de eso y tienes que estar ante el público.
Yo no lo veo como un sinvivir. Y no es que no estudie, yo
estudio más que nadie. Que luego sale una cosa, como
estamos muy modernos y tenemos nuestro micro y nuestro Protools,
pues te lo guardas. Y casi que vas componiendo un puzzle.
Tienes un trocillo, otro que te sale de soleá, tu claqueta...
pues lo vas componiendo. Hoy en día hay mucha tecnología,
no es como antes que no había ni casette.
(El hilo musical continúa ‘on’.
Mientras va hablando, no deja de hacer dedos...)
Hace unos días presentaste
‘Bordón
de trapo’ en Granada. Esta noche acompañas
a Sonia Miranda. ¿Te planteas de forma diferente ambos
registros?
Totalmente. Antes de ayer tuvimos la presentación
de Granada... y no tiene nada que ver. Cuando tocas para cantar,
tienes que tener muy buena técnica, pero el concepto
es diferente. El concierto tuyo es como un combate, aguantar
un asalto de hora y media en un escenario de protagonista.
Tienes que tener la mano súper limpia en cuanto a sonido
y a técnica muy depurada. Aquí para cantar haces
los adornillos y las dos falsetas para cada cante y la entrada.
Estás como acostado en comparación (bromea).
Claro que siempre tienes tu responsabilidad. El ahogo ese
lo tienes cuando estás solo. Como no respondas, la
gente enseguida te hace un gesto con la mano a ver qué
pasa. A los guitarristas es lo que más nos gusta porque
haces tu música propia, pero es lo que más te
hace prepararte. Antes del concierto de Granada había
días que me pasé tocando desde las nueve de
la mañana hasta las doce de la noche sin darme cuenta.
En un concierto de esos, si en casa estás a un cien
por cien, siempre en el escenario te quedas a un ochenta y
cinco por ciento, por muy acostumbrado que estés. Tienes
que estar a algo más del cien por cien en casa... Pero
es verdad que cambia mucho. Igual que cuando tocas para bailar,
es otro rollo, estás más de ritmo y la muñeca
se te disloca de rasguear. Y cuando vas a tocar para cantar
ya es otro escalón, ya no coges el tacto, las uñas
todas postizas... un rollo. Cuando vas con la percusión,
te vas arropando un poquillo más y suena más
para la gente, se mueve más el cuerpo, gusta. Pero
cuando más se descubre un guitarrista y se ve en pleno,
es cuando está solo. Por eso casi nadie lo hace. Gerardo
cuando estuvo solo en la última Bienal, se quedó
la gente flipada. Se tiró casi dos horas sin parar
y no se le escuchaba ni la respiración. Eso es fantástico.
Y, sin embargo, está más escondidillo que otros
por los motivos que sean, quizás porque tiene más
nombre la gente con la que ha estado...
Miguel Ángel Cortés
(Foto: Daniel Muñoz) |
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¿Qué te sugieren las voces que han
colaborado en tu disco?
Sabemos todos que son primeras figuras del flamenco, eso
es obvio. Carmen
Linares es madurez y experiencia. Es una persona que me
sacó desde niño, tenía diecisiete años
y venía de acompañar al baile a gente como Mariquilla,
Javier Barón... Me cogió con mi hermano y ella
es la que me ha hecho aprender a tocar para cantar. Esperanza
Fernández es mi cómplice. Yo llegué
a Sevilla con una mano alante y otra atrás, hecho polvo,
tieso. Por cierto, hubo unos rumores en el mundillo del flamenco
que decían que me había peleado con Carmen,
pero qué va, yo es que prefería en ese momento
hacer mi música, probarla con otros cantaores. De hecho,
seguimos trabajando juntos. Y Esperanza me acogió como
un hermano. Ella es una cantaora que tiene uno de los ecos
más flamencos que hay ahora mismo y domina el compás
como nadie. Y Arcángel
es un diamante en bruto, una voz que suena a gloria, que escuchas
y te deja diciendo: ¿qué ha pasado? Me ha enseñado
cosas, sin saberlo, porque es muy aficionado a la guitarra
y tiene un particular sentido rítmico: dónde
coloca la voz, dónde me obliga a poner los tonos sin
quererlo, porque va con otro sentido rítmico muy bueno,
como hoy en día se está cantando y se está
tocando. Tiene mucha experiencia y un don muy grande que creo
que ni él mismo lo sabe. Murió Camarón
y estaba todo el mundo cantando camaronero. Y llega uno diferente
cantando con otra velocidad, otro metal... Por eso ha llegado
donde ha llegado.
(Y Miguel Ángel sigue haciendo dedos...)
¿Y eso ha pasado también en la guitarra
respecto a Paco de Lucía?
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| "Lo
que estamos cambiando los jóvenes guitarristas
es el sentido rítmico" |
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Lo que estamos cambiando los jóvenes –me incluyo
con compañeros como Niño
Josele, Diego de Morao...- es el sentido rítmico.
Antes era una euforia como para picar más rápido
y el ritmo estaba ahí como una claqueta, se movía
menos. Y ahora lo que estamos siguiendo es esa tendencia,
que ya empezó Paco, de mover las cosas. Ahora se está
jugando más con dos detalles. No es la típica
falseta con la melodía dos veces y su remate. Ahora
no hay falsetas, hay música y la música puede
durar hasta aquí o hasta allí, como tú
lo sientas. Es un detalle bueno, ya está, qué
más da. Con que suene a su palo... La técnica
es importante, pero ya hay chavales que tocan bien y no se
preocupan tanto por poner el metrónomo y partirse la
mano.
(La de Miguel Ángel Cortés sigue, fluida,
haciendo música.)
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