Miguel Ochando, guitarrista
flamenco. Entrevista
“La juventud tiene que acordarse
de que existen
guitarristas antiguos que también eran buenos y
tenían entidad musical y técnica”
Silvia Calado, octubre de 2007
Miguel
Ochando va a contracorriente. Cuando muchos flamencos
se afanan en mirar al futuro, el guitarrista granadino
hace en ‘Memoria’ un viaje al pasado. El disco
devuelve a la actualidad a Ramón Montoya, a Niño
Ricardo, a Sabicas, a Mario Escudero, a Esteban Sanlúcar.
Y, aunque sólo lo hizo por curiosidad, su trabajo
es ahora una reivindicación, una forma de decir
que el arte es en tiempo presente. Ya sentenció
Pablo Picasso que “en el arte no hay pasado ni futuro”.

Miguel Ochando en
la presentación de 'Memoria' en Antequera
(Foto Málaga en Flamenco 2007)
¿Cómo surge idea
de hacer un homenaje a los maestros del toque?
La idea la tenía desde hace tiempo,
porque siempre he tenido curiosidad por estudiar a los
guitarristas antiguos. A Montoya, a Sabicas, a Niño
Ricardo... Es algo que se hace poco. Y lo hice con intención
de que no se pierda, de recordar a los maestros.
En músicas como la clásica,
el repertorio se reinterpreta constantemente. ¿Los
guitarristas flamencos se sienten obligados a componer?
Sí, un poco. Ese es el tema. Quería
hacer una cosa diferente a lo que se está haciendo
hoy en día. Aunque no es una obligación.
Mi homenaje sale de una curiosidad personal.
¿Qué criterio sigues
para seleccionar las piezas?
Buscando, sobre todo, partituras. La
mayoría de los temas los hacía desde hace
ya tiempo. No ha sido buscar repertorio a conciencia,
sino que ha ido surgiendo con el tiempo.
¿Qué representa
cada uno de esos maestros para ti?
Ramón
Montoya fue el primer solista que hubo. Creo que de
ahí salió toda la guitarra que se conoce
hoy en día. Sabicas fue discípulo de la
escuela de Montoya, pero con una técnica más
moderna. Niño
Ricardo, por ejemplo, yo lo considero un poco más
flamenco que los otros. Está también Esteban
Sanlúcar, que era un virtuoso de la guitarra,
tirando más a clásico. Y Mario Escudero
era de la escuela de Sabicas
y Montoya, muy buen músico y, sobre todo, compositor.
¿Cómo has enfocado
la interpretación?
Más o menos, he sido fiel a la
partitura. Después, lo que pasa es que le he dado
mi forma de interpretarlo, de verlo. Pero, musicalmente,
está más o menos igual que lo hacían
ellos.
¿Cuál es tu valor
añadido?
Yo creo que está tocado, más
o menos, con la técnica de hoy en día. Y
creo que también con un sonido diferente por los
medios técnicos que hay actualmente.
La grabación se ha hecho
en el estudio de Gerardo
Núñez...
Sí, ahí se han grabado
los ocho temas de guitarra. El de Piazzolla y el de Morente
se hicieron en Granada. Ha sido una grabación muy
a gusto. Gerardo y yo somos muy amigos.
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Miguel Ochando (Portada
del CD 'Memoria'
de Miguel Ochando) |
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¿Se puede entender este
disco como un toque de atención a los guitarristas
jóvenes?
No lo he hecho con esa idea, pero sí
que es una manera de que se fijen en que hay una serie
de guitarristas antiguos que también eran buenos
y tienen entidad musical y técnica. La juventud
se tiene que acordar de que existe esa gente.
¿Crees que están
olvidados?
La gente de hoy en día que empieza
a tocar la guitarra se fija directamente, por ejemplo,
en las cosas de Vicente
Amigo. Hombre, es un aprendizaje muy bueno, una base
buena.
Hay dos temas que se salen de
ese concepto, las versiones de ‘Lo que vendrá’
de Astor Piazzolla y ‘La reina del blús’
de Carlos Cano...
El tema de Astor Piazzolla encontré,
por casualidad, la partitura. Empecé a sacarla,
me gustó la idea de hacer algo diferente. Es un
gran músico. Y me apetecía introducir un
cambio. Y la colaboración de Enrique
Morente me la tenía prometida desde hace ya
tiempo. Hemos hecho la canción de Carlos Cano ‘La
reina del blús’ y Enrique le ha metido su
forma. Me lo propuso Enrique. No sabíamos muy bien
qué hacer. Y meter un cante tradicional no nos
cuadraba mucho. Y... bueno, a ver si el disco tiene con
su nombre un poquito de más tirón. Igual
lo compran por Morente, aunque no les guste la guitarra.
Jajaja.
Sí que tu carrera artística
está muy vinculada a Morente...
He trabajado con él bastante,
en directo y también en algunas grabaciones. Nos
une una buena amistad.
¿Qué representa,
a tu juicio, el cante de Morente?
Hombre, es de los revolucionarios de
este siglo, un artista que va a pasar a la historia del
flamenco. Qué te voy a decir, si es un fenómeno.
Ya lo sabemos todos.
¿Has encontrado algún
rastro de flamenco en Piazzolla?
De flamenco no tiene mucho, pero me gustaron
los arreglos de guitarra. Ya lo hacíamos en un
espectáculo Emilio Maya y yo. Me pareció
bien meterlo. Y hay un mensajito para los puristas, para
la censura.
Ahora combinas el acompañamiento
al cante con el toque solista. ¿Cómo afrontas
ambas facetas?
Acompañar al cante es lo que más
he hecho. Como solista, realmente, llevo poquito tiempo.
Y me gusta más tocar solo, no tiene uno que aguantar
a nadie, haces lo que te gusta. Pero es más sacrificado,
lleva más horas de estudio. Para acompañar
al cante, te aprendes cuatro falsetas... Digamos que es
un poco más fácil para mí.
¿Tienes también
repertorio de composiciones propias?
Sí, ya para el próximo
disco. Aunque estoy un poco en duda. No sé si seguir
por esta línea, según como vaya este trabajo.
Tengo idea de seguir con los maestros, pero centrándome
en un guitarrista solo. Quizás Niño
Ricardo. Me gusta y no se han hecho muchas grabaciones
de él. Y es un guitarrista al que se le puede sacar
mucho partido musicalmente. Tiene muchas cosas solo que
no se conocen y son muy buenas. No es seguro, pero lo
tengo en mente.
¿Cuál es tu valoración
sobre el panorama actual del toque?
El panorama está muy bien. Hay
mucha gente joven que se come la guitarra y mucha afición
por todos sitios. Pero la gente, de entrada, quiere tocar
lo de ahora y se están olvidando un poco de lo
que hay atrás, de la base.
¿Hay que pasar necesariamente
por el acompañamiento?
Yo creo que no hace falta. Es una cosa
que ayuda, pero no es imprescindible.
Hablando de la base... En el
libreto del disco hay un texto que rememora tus inicios
como guitarrista, ¿cómo recuerdas esa época?
Muy bien. Era un niño, empecé
con ocho o nueve años. Y tenía muchas ilusiones
y muchos sueños: llegar a tocar algún día
en teatros, grabar un disco... Y todo se está cumpliendo.
Fue una época de mucho estudio, de perder un poco
los juegos, de estudiar mucho. Pero ha merecido la pena,
ya están saliendo los frutos.
“En este disco se hace memoria
de la pequeña epopeya de un niño de diez
años bajando asustado cada noche por la cuesta
del Chapiz, que une el Sacromonte con el paseo de los
Tristes, a los pies de la Alhambra...”
Foto portada: Ronise Brusco