Fuensanta la Moneta, bailaora de flamenco. Entrevista
“Hasta una pestaña
es importante
en el baile flamenco”
Silvia Calado. Madrid, mayo de 2006
Ni familia, ni raza, ni afición.
Ni antecedente, ni ambiente, ni gen. Fuensanta
la Moneta es bailaora de flamenco porque así
lo siente desde siempre. La revelación fue Carmen
Amaya: verla le hizo entender que ese impulso artístico
que de niña sentía era flamenco. Y así
sucedió en las mismísimas cuevas del Sacromonte
de Granada. Allí se forjó una bailaora que
con diecinueve años se alzó con el premio
de baile del Festival de La Unión y entró
a formar parte de la Compañía Javier Latorre.
Tres años después, continúa confirmando
su valía cada vez que pisa un escenario, destacando
entre la nueva generación de valores del baile por
una equilibrada y personal combinación de temperamento,
estética y técnica... de la mano a la cadera,
de los pies a las pestañas.
¿Cómo te inicias
en el flamenco?
| |
Fuensanta la Moneta
(Foto: Daniel Muñoz) |
| |
|
La verdad es que en mi familia nadie se
había dedicado nunca al flamenco y ni siquiera eran
aficionados. Que yo sepa, no hay antecedentes. Yo salí
así y ya está. Es muy curioso porque a mí
no me lo han inculcado. Pero desde que tengo uso de razón,
me ha gustado eso. De chica cogía las cucharas de
la cocina y me ponía a bailar y a cantar. Y ni siquiera
sabía qué era eso hasta que una vez, no sé
qué edad tendría, vi un vídeo de Carmen
Amaya y ahí fue cuando supe lo que a mí
me gustaba. Fue por casualidad, un reportaje que estaban
echando en la televisión... Yo me enamoré.
¿Quiénes fueron tus
primeros maestros?
La verdad es que lo tenía muy claro.
Tan pesada era, que mi madre con ocho años me metió
en una academia del barrio, en Carmen Mari. Con diez años
empecé a estudiar con Mariquilla y a los doce años
me fui a bailar a las cuevas del Sacromonte. Nunca nombro
a todos los maestros por los que he pasado, que han sido
muchísimos y tengo muchos modelos a seguir, pero
mi verdadera escuela han sido las cuevas, ahí es
donde cogí la experiencia. Con diez años ya
trabajaba allí esporádicamente, pero con doce
trabajaba a diario, compaginando los estudios con el trabajo.
A los quince empecé a darme a conocer aquí
en Madrid, pues Granada se me iba quedando chica. Aquello,
por desgracia, es muy limitado y yo quería salir,
ver, aprender, conocer.
Te profesionalizaste pronto, ¿no?
Ya entonces fui dándome a conocer
en salas como Suristán y Cardamomo, la red de teatros
de Madrid, el tablao Casa Patas... A esa edad también
hice mi primera salida al extranjero, a un festival en Frankfurt.
Seguí trabajando y estudiando con todo el que veía
que me podía aportar algo. Me iba a Sevilla y me
hinchaba de estudiar con Javier
Barón, Juana Amaya, Matilde Coral... muchísimos
maestros. Entre los 16 y los 17 años salí
más al extranjero: estuve por Grecia, Francia, Luxemburgo...
Y a los 19 fue cuando me presenté, por casualidad,
al concurso de La
Unión 2003. No soy muy amiga de los concursos,
pero me presentaron unos amigos de Francia. Y fui sin ninguna
ambición de ganar, sólo por darme a conocer.
Bailé y me fui a mi casa. Cuando me llamaron y me
dijeron que estaba en la final, fue cuando me lo tomé
realmente en serio. Y gané el primer premio en 2003.
Después estuve en Japón, donde me llevó
Enrique el Extremeño. Actualmente trabajo con la
Compañía de Javier Latorre y por mi cuenta.
Y después de ganar ‘El
Desplante’, ¿cambió algo?
Sí. Siempre un primer premio te
abre muchas puertas.
¿Por qué no te gustan
los concursos?
No sé, se pasan muchos nervios.
Y creo que no debería hacer falta pasar tantas fatigas
para que te reconozcan tu trabajo. Estoy más de acuerdo
con el trabajo paso a paso, que con la madurez seas reconocido.
Por ganar un premio no sé más. Si quería
saber más, tenía que seguir estudiando y buscándome
la vida. Claro que te ayuda, te da ánimo, es un reconocimiento
a tu esfuerzo, te aporta muchísimo, pero no sé,
yo con 19 años no tenía esa necesidad de reconocimiento.
Tenía y tengo más la mentalidad de evolucionar
para más adelante mostrar lo que soy o lo que sé.
Nada más ganar el premio
te metiste en la compañía de Javier
Latorre, cuando casi el camino normal es comenzar en
solitario...
| |
|
| "Hay
que pasar por un tablao, por una compañía,
en solitario... Aunque, en realidad, uno se hace en
solitario" |
| |
Sí, suele ser lo más lógico,
pero yo sólo tenía 19 años. No había
pasado por una compañía. Y creo que hay que
torear en todas las plazas. Aprendí mucho de ese
monstruo al que quiero mucho, me ha aportado muchísimo
como persona y como maestro. Yo he aprendido a estar en
un escenario porque no es lo mismo estar desde pequeña
en un escenario siendo prácticamente autodidacta
y haciendo lo que quería, a tener que respetar tu
sitio y el sitio de otro compañero. Se aprende mucho
en cuanto a coreografía; no es lo mismo una persona
sola, que ocho personas moviéndose a la vez por un
escenario. Creo que hay que pasar por ahí. Hay que
pasar por un tablao, por una compañía, en
solitario... Aunque, en realidad, uno se hace en solitario,
que es donde uno se busca y se encuentra. Yo nunca pensé
que con 19 años fuera directa al estrellato porque
lo que iba a hacer era estrellarme. Si hubiera hecho una
compañía y montado un espectáculo,
creo que no lo hubiera hecho bien. No tenía esa madurez
que aún tengo que coger. ¡Que todavía
tengo 22 años! ¿Dónde voy yo a hablar
de madurez? Creo que todo viene en su momento.
Fuensanta la Moneta
(Foto: Daniel Muñoz) |
|
| |
|
Cada vez son más frecuentes
tus recitales en solitario. ¿Qué proyectos
propios tienes?
Ahora sí estoy trabajando en el
proyecto de mi primer espectáculo. Habíamos
pensado hacerlo para este año, pero al final lo presentaré
el año que viene. Sé que el primer espectáculo
nunca va a ser el mejor, es la primera experiencia que tienes.
Es la primera toma de contacto y quiero hacerlo a pasito
lento, tengo tiempo, no es que sea vieja ni nada de eso.
La puerta se abre y entra Carmen
Linares, con quien esta noche comparte escenario y camerino
en el mítico San Juan Evangelista de Madrid. La Moneta
se queda unos segundos en blanco...
¿Cuáles son tus inquietudes
artísticas? ¿Qué te mueve? ¿Qué
te inspira?
La idea es hacer un monólogo, algo
bastante arriesgado porque no salgo del escenario en ningún
momento. Se llama ‘De entre la luna y los hombres’.
Hago varios bailes que se corresponden con varios estados
de ánimo de la mujer, varias formas diferentes de
ver el amor en relación con los hombres: la mujer
infiel, el amor maternal... Lleva textos de Teresa Gómez
y Ángeles Mora, dos poetisas de Granada muy buenas.
Y la música es de Juan Requena, con colaboración
de Antonio Campos. Aún para la coreografía
y el montaje escénico no sé a quién
acudiré, no tengo nada concreto.
Continúa
>>