José Luis Montón. Guitarrista
Alberto García Reyes
A la chita -callando-, un lugar ajeno al flamenco sigue dando flamencos. La
espuma del oleaje de allende es análoga a la de las aguas gaditanas, malagueñas,
granadinas, almerienses... Pero Despeñaperros queda lejos, las cunas que
parieron las tonás, las seguiriyas y las soleares no pueden ser vistas
por la lente de un catalejo. Sin embargo, aunque la cigüeña hace su
nido en un campanario, luego emigra a otro. Eso es lo que ha ocurrido entre Andalucía
y Cataluña. "Sin querer", una guitarra marcada por las corcheas
de Zyryab ha sabido ver en las Ramblas los ecos ricarderos, la estampa de Ramón,
el aire de Algeciras, los tiempos de Sanlúcar... En fin, la Sagrada Familia
que no hizo Gaudí, sino el toque flamenco.

Montón es barcelonés, pero en este disco -Auvidis, 2000- comienza
tocando en Fuentevaqueros. "El primer tema lo titulo "Homenaje"
porque quiero recordar a Lorca. Por eso empiezo tocando por granaínas.
Luego cambio a tangos y hago "La Tarara" para rematarla por bulerías".
Su memorando no busca la leyenda del tiempo. José Luis expresa con sus
dedos todo lo que siente cuando escucha aquel disco lorqueño de la
Argentinita que han versionado maestros como Pastora Pavón, Pepe Marchena
o, más recientemente, Carmen Linares. Pero busca más cosas: "La
guitarra es un instrumento armónico y nosotros podemos jugar en ese terreno
resbaladizo en el que se produce la cuestión de si es flamenco o no. No
quiero buscar nada, sino dejarme llevar y tocar lo que siento. En ese sentido,
todos los temas tienen un punto jazzístico porque yo he tocado tres años
con dos guitarristas de jazz y eso se me nota".
Montón se permite incluso la licencia de grabar un rap en un disco que
se vende como flamenco, porque "soy un admirador de Tomasito y en las fiestas
él suele hacerse siempre un rap. A mí me gustaba mucho y al final
lo convencí para que participara en este trabajo".
Aunque en la carátula se advierte demasiada bulería, a la hora
de la verdad, los matices van mucho más allá que los propios compases
y se pueden apreciar muchas influencias:
"Camarón y Paco han influido sobre todo bicho viviente. Nadie es
tan superhombre como para escapar de los genios. Pero yo nunca escucho analizando,
sólo quiero disfrutar. Por eso no me dedico a coger frases y cambiarlas
un poco, aunque luego, forzosamente, se me note a quién escucho".
Y entre tanto, vuelve a escribir con su bajañí los mismos versos
que otrora imprimiera el poeta de Granada en el papel sibilino. El Zorongo Gitano
se viste de chufla bulearera y José Luis Montón, que aclara que
"he grabado todo el disco con la lengua fuera, sin concesiones", abre
el abanico de la polirritmia con nuevos compases salidos de las entrañas
aceleradas de la soleá. "Le he echado todo el valor que he podido
y creo que he dejado un documento caracterizado por el atrevimiento". Y por
hacer flamenco subliminal: el disco se termina con una bulería -compás
que viste las principales letras del de Fuentevaqueros- sobre la que Miguel de
la Tolea abarca un fandango de Frasquito Yerbagüena -el jilguero de Granada-.
Así suena Lorca entre seis tripas que vibran en Montjuic.
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