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FRANCISCO MORENO GALVÁN, EL PINTOR DE LAS LETRAS FLAMENCAS
Fernando
González-Caballos
Francisco
Moreno Galván (La puebla de Cazalla, 1925-1999), aún
era un chiquillo cuando empezó a seguir a los gitanos
en los tratos que durante la feria hacían. De este
modo aguardaba a que terminasen los negocios y comenzara el
cante, para así poder disfrutar con la afición
que ha llenado toda su vida. Sin embargo había algo
que no cuadraba en todo aquello:
"Me
gustaba el cante, pero veía que las letras eran siempre las mismas y me
molestaba que aquel gitano o aquel aficionado no cantara otra cosa -penas y alegrías-
que ya había oído a otros".

Francisco Moreno Galván
con José Menese
Es
cierto que en el cante flamenco, cómo en otras músicas,
tendemos a identificarnos con las letras e historias que les
han ocurrido a otras personas en diferentes situaciones o
circunstancias. A pesar de ello, Francisco se preguntaba y
respondía lo mismo un día tras otro;
"Una
persona tendrá más posibilidades de trasmitir una queja si a quién
le duele es a él".
De
este modo surge aquella inevitable inquietud por el flamenco y su temática.
Evidentemente Moreno Galván ha sido mucho más que un simple letrista,
ya que si amplia ha sido su labor literaria, mucho más rica y personal
ha sido su vertiente pictórica. De este insigne morisco se ha llegado a
decir que es el más importante expresionista andaluz de todos los tiempos.
Lo que se puede afirmar sin ningún genero de dudas, es que ha sido el pintor
que mejor ha retratado el flamenco. Cante, toque y baile se reúnen en su
obra de un modo único e inigualable. Silverio, La Niña los Peines,
Carmen Amaya, Fernanda, Diego del Gastor, Juan Talega, Paco Valdepeñas
y otros muchos artistas le sirvieron de inspiración.
Lógicamente,
aquella fuerte personalidad influyó en sus paisanos, sobre todo en un grupo
de amigos que al abrigo del bar Central, se reunían para hablar, cantar
y disfrutar una noche tras otra con la celebración del arte andaluz por
antonomasia. Fue en este ahora histórico lugar donde surgió la idea
y se concibió el Festival de Cante Jondo de La Puebla. Allí se reunían
noche tras noche. Fernando el del Central, Pepe el Cacha, José Menese,
Miguel Vargas, Diego Clavel, Cristino Raya, Moreno Galván y hasta algunos
artistas de los pueblos cercanos que se acercaban en ocasiones a pasar un rato
y disfrutar de la compañía de estos grandes aficionados. Por aquel
local han desfilado nombres tan importantes para la historia del flamenco cómo
los de Paco Laberinto, El Berza de Jerez, Farruco, Juana la del Pipa, Enrique
el Cojo, etc.
Moreno
Galván ha sido un pintor de inspiración. Siempre
llegaba con el tiempo justo al final de sus trabajos, que
en la mayoría de los casos hacía por encargo.
Aunque residió en Madrid durante algunas temporadas,
donde entabló relación con Chumy Chumez, Antonio
Mingote, Fernando Quiñones, Antonio Gala, J.M. Caballero
Bonald, Sánchez Dragó, etc, lo que a Francisco
realmente le gustaba era pasear, trabajar y convivir con su
gente en la Puebla. Todos los que le conocieron dicen de él
que era una persona bondadosa y desprendida hasta el extremo
de que todo lo que tenía o ganaba con su trabajo era
puesto a disposición de sus amigos. Incluso se dice
que tenía una talega llena de dinero colgada en su
estudio y a la que todo el que tenía alguna necesidad
recurría sin ningún compromiso.
Nadie
ha abordado la renovación de las letras flamencas cómo
él. La huella dejada por Moreno Galván ha calado
hondo entre los aficionados al flamenco. Nadie hasta la fecha
se había atrevido a escribir una letra nueva a palos
en los que hasta entonces la elección estaba marcada
por la escasez. La Petenera, la Farruca, el Garrotín,
la Mariana, cantes que contaban con letras hasta entonces
inamovibles. De este modo Francisco revolucionó el
cante y encontró en la figura de José Menese
a un joven, que se ajustaba a su idea de cómo había
que decir el cante. Menese era un árbol joven pero
recio al que se propuso con todas sus fuerzas alzar recto
y sin torceduras.
La
censura reprimió en no pocas ocasiones su pluma, pero la habilidad de Francisco
supo sortear las trabas que el régimen le imponía, de modo que ni
José Menese ni él mismo tuviesen que esconderse de nada ni de nadie.
Aquellas letras siguen siendo modernas y actuales si se las compara con las recopiladas
por Demófilo y las escritas por el mismo García Lorca. El verdadero
trabajo de este pintor y poeta ha sido el de llevar a cabo una readaptación
de la temática de las letras para traerla a nuestros días. Aquello
le trajo más de una discusión con artistas y estudiosos del flamenco
cómo Antonio Mairena, Juan Talega y otros que se mostraban contrarios a
su labor. Sin embargo el tiempo ha dado la razón a quién la tenía,
ya que las letras de Francisco suenan en la actualidad tan flamencas cómo
las del cancionero popular.
"Señor
que vas a caballo/ y no das los buenos días/ si el
caballo cojeara/ otro gallo cantaría/ (Tientos)".
Fernando González-Caballos
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