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ENRIQUE MORENTE, CANTAOR FLAMENCO.
ENTREVISTA
“Yo me la
tengo que jugar en cada tercio”
Silvia Calado. Madrid, noviembre
de 2009
Aurora fue quien tuvo
la idea. “No vayas a hacer otro disco de esos modernos”,
le dijo su mujer. Y cogió de lo alto de un armario
una caja que guardaba grabaciones en vivo de más de
una década de cante de Enrique
Morente. De escoger lo mejor de esa caja sale ‘Morente
Flamenco’, el primer disco en directo del cantaor granadino.
Y siendo él de esos pocos artistas impredecibles de
este género, está garantizado que “esas
versiones que hay en el disco son únicas”. En
esa sintética antología hay tangos, soleares,
granaínas, fandangos, recuerdos a maestros como Matrona
y Sernita, las guitarras imperecederas de los Habichuela,
la especial musicalidad de Riqueni, el brío de Cerreduela…
Pero, ante todo, hay riesgo morentiano. Y, claro, de ahí
que no falte una creación de estudio… la nana
que los niños le cantan a las madres.
La conversación comienza
por la grabadora que llevo, un diminuto mp3 que a Enrique
le parece una maravilla, “parece un mechero”.
Le cuento que es muy cómodo volcar los archivos de
audio al ordenador y olvidarse de las cintas de casete, que
ocupaban espacio, se enganchaban... “Sí, sí,
pero yo me fiaba más de la cinta, rebobinabas, comprobabas
que estaba y ya está”. Y justo eso nos lleva
a meternos de lleno en lo que nos ocupa, el primer disco en
directo del cantaor granadino, ‘Morente
Flamenco’. En el libreto del disco se ha tenido
el detalle de indicar en los créditos de cada cante,
además de dónde y cuándo fue grabado,
el soporte de registro: cuatro pistas, revox, casete…
¿Cómo
decidiste que esas grabaciones resultaran ser un disco?
Estaban en una caja en lo alto
de un armario y cuando a Aurora, mi mujer, le dije que tenía
que hacer un disco para Universal, me contestó que
no fuera a hacer otro disco modernos de esos que yo hago,
sino que hiciera un disco bueno ya de una vez que estaba la
cosa muy mal, jejeje. Y me recordó que ahí
tenía unas cintas, que mirara a ver… Aparecieron
cosas de diversos momentos, aunque no las he puesto todas,
sólo algunas. Así se ha confeccionado el disco.
¿Cuál
fue el criterio de selección?
Está seleccionado en
una línea de cante flamenco tradicional, como una pequeña
antología. Y tiene cantes que hacía tiempo que
no se grababan.
Aunque ya eres maestro
para los jóvenes, aún te sigues acordando de
los tuyos, con dos referencias muy claras: Pepe de la Matrona
y Sernita de Jerez.
Este disco es una consecuencia
de todo el cante que yo le he escuchado a los anteriores.
Hoy en día tenemos todo el archivo del cante flamenco
grabado y digitalizado, todos los discos de pizarra y de vinilo
están pasados a CD y están a disposición
de cualquier joven que quiera aprender los cantes. Sin embargo,
como entonces no teníamos ni tocadiscos, todos estos
cantes yo los aprendí de viva voz, de ellos mismos
y en directo trabajando, por las noches en las fiestas…
Con Pepe de la Matrona
llegaste a tener una vivencia muy cercana…
Sí, sí, muy amistosa,
de gran amistad y de gran aprecio, siempre con disposición
de aprender.
Los guitarristas que
te acompañan son muy diferentes. ¿Te lleva cada
uno a cantar de una manera?
Claro, claro. Canto con Juan
y con Pepe
Habichuela, que son hermanos, dos extraordinarias guitarras.
Como cada persona es un mundo, con cada uno canto de una manera.
Y luego está Rafael
Riqueni, que se levanta por la mañana con los pelos
de punta y es un guitarrista genial. Con él canto de
otra manera. Ahí tengo cantes de lobo hambriento, jejeje.
Lo que me salva es la guitarra de Rafael, que es extraordinaria.
Junto a Pepe llevas
recorriendo camino desde siempre…
Con Pepe son muchos años
de encuentros, de trabajo y somos como familia. Y ya tocando
y cantando, pocos ensayos nos hacen falta.
Y está también
David Cerreduela, sello Cañorroto…
Es un sonido distinto, como
es el sonido del flamenco de Madrid, más universal.
Toca extraordinariamente el Davicillo, con un brío
y con una energía extraordinarios… y acordándose
de Paco
de Lucía.
En tus directos, siempre
se aprecia un factor sorpresa, de riesgo… ¿crees
que ese punto está captado en el disco?
Sí, esas versiones que
hay en el disco son únicas. No digo yo que sean ni
buenas ni malas, pero son únicas.
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“El trabajo
de estudio nunca debemos despreciarlo porque los mejores
trabajos de la historia del flamenco están hechos
en estudio”
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Sin embargo, lo más
habitual en el flamenco es el cantaor que interpreta siempre
el canon…
Yo eso lo respeto y lo admiro.
Además, yo he estudiado cómo son los cantes.
Pero yo los cantes los hago como me salen, no sigo las reglas
esas de hacer el cante como es o como se dice que es. Hay
que respetar al que lo haga así, pero yo me la tengo
que jugar en cada tercio si no, prefiero el desastre. Si canto
cinco letras y me salen tres malas pero dos muy buenas es
genial… dentro de lo que yo hago. Bueno, merecen respeto
todas las formas de hacer música, la mía es
la que tengo, no tengo otra y no tiene ningún mérito.
Algunas de esas grabaciones
están hechas en espacios tan singulares como El Bañuelo
de Granada. ¿Cómo se canta ahí?
Sí, en ese baño
árabe canto con Riqueni. Ese día llegó
muy temprano por la mañana y a mí me extrañó
porque todos los días teníamos que ir a buscarlo
al hotel. No sé siquiera si se había acostado.
Y sacó la guitarra en El Bañuelo, que es un
baño árabe de la Carrera del Darro. Allí
no se suele cantar, pero le pedí permiso al Patronato
porque empecé a grabar allí una cosa sobre Picasso
en imagen, que no la he continuado todavía. Empiezo
muchos proyectos, pero luego se me quedan estancados…
Digo que ya los terminaré, que ya los continuaré
y este todavía lo tengo parado. Parte del sonido fue
con Rafael en el baño árabe y la imagen está
comenzada… es un corto que empecé, o medio no
corto, yo qué sé. Los demás son festivales
más normales, actuaciones en teatros o auditorios.
¿Qué
sensaciones o vivencias guardan esos cantes?
Sensaciones son múltiples
siempre las que están detrás de una grabación.
Estás grabando y pasan todos los días cosas.
Y se te mete el ladrido del perro y a ver qué haces.
¿De tu perro?
¿El mío? El mío
está de la voz últimamente genial, jejeje.
Yo, realmente, al perro lo contraté para un tema y
grabé una bulería de broma que nunca la he sacado
y canta el perro ahí ¡más bien! Si lo
saco, os paso una copia. Cuando se lo he puesto a algún
amigo han mirado alrededor preguntando que dónde estaba
el perro. Y les he dicho, no, no, ¡si es un cantaor
más!
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“La expresión
del directo no la tiene el estudio, tiene otra garra,
otra cosilla”
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¿Qué
diferencia va a encontrar quien escuche el disco entre el
Enrique Morente del directo y el del estudio?
Soy el mismo, pero vestido
de otra manera, con diferente peinado. La expresión
del directo no la tiene el estudio, tiene otra garra, otra
cosilla. El trabajo de estudio nunca debemos despreciarlo
porque las mejores obras están grabadas en el estudio,
los mejores trabajos de la historia del flamenco están
hechos en estudio. Un estudio no es para repetir, debes llevar
el trabajo hecho porque si empiezas a repetir demasiado pensando
que va a acabar saliendo como tú piensas, no te sale
nunca. En el estudio tienes la música ahí metida
en las orejas, en el sentío. Sin embargo, en la actuación
en directo es aquí te pillo, aquí te mato.
¿Por qué
apenas se editan discos de flamenco en directo?
Se hace menos porque, claro,
da un poco de miedo. Los defectos salen a montones.
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“Yo quiero
desmitificar esa idea de que el flamenco auténtico
está en el cuarto de los cabales”
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Y, sin embargo, siempre
se dice que es una música de improvisación,
del vivo.
No. Yo quiero desmitificar
esa idea de que el flamenco auténtico está en
el cuarto de los cabales. Hay cierta parte de verdad en eso,
pero el estudio te permite la creación, te permite
la afinación, la creatividad…
De hecho, en el disco
no te has quedado con la espinita de no sacar una creación
nueva: ‘Nana de oriente’.
Claro. ‘Nana de oriente’
es el único tema de este disco que es creación
total en el estudio. Y había otro tema de directo que
no he puesto en el disco, pero sí que está en
iTunes para comprar por Internet. Es un tema que tiene mucha
garra del directo, se ve muy clara la diferencia entre el
cante en directo y el cante en el estudio. Sin embargo, lo
he quitado del disco porque no es un cante clásico.
Aunque va en tiempo de soleá, es una inspiración
sobre el ‘Aleluya’ de Leonard Cohen de mi álbum
‘Omega’. No es un cante flamenco, vamos, pero
está cantado con mucha garra.
La nana es especial
por el tema, por quienes cantan contigo…
Es un tema especial porque
los niños le cantan la nana a la madre, no la madre
a los niños. Y trata sobre la soledad de los niños,
unos por una razón y otros por otra. Unos por los aparcamientos
hoy necesarios; no hay más remedio porque las madres
tienen que salir a trabajar. Y también por otra series
de sufrimientos que no voy a citar por no ser demagógico
con el tema. Es un juego sobre el canto de las madres, sobre
la palabra ‘mare’ con la mar, con el mare
nostrum, con las olas, con la mamma italiana que es igual
en el mundo árabe y aquí en muchos pueblos nuestros.
Bueno, una idea algo surrealista. Lo importante es que cantan
los niños con mucha ingenuidad y mucha inocencia…
como únicamente pueden cantar los niños.
Quisiste llamarla ‘Nana
de Guerra’, ¿no?
Sí, tenía ese
título pero me parecía demagógico y oportunista
y no lo puse. Se llama ‘Nana de Oriente’.
Aunque tiene ese punto
de denuncia del ‘Guernirak’ que abre el disco
anterior ‘Pablo de Málaga’.
Inevitablemente. Luego me dicen
en Granada que soy un rojo asqueroso y no quiero, jejeje,
que luego tengo que regresar a casa y al barrio.
Ahí volvemos
a escuchar un poquito la voz de tu hija Soleá…
De Soleá, de Estrella,
de los niños de Estrella, que son mis nietos, y otros
niños del Polígono. Son encantadores, lo pasé
con ellos genial. Y ahora me han entrado muchas ganas de hacer
cosas con niños. Yo hice hace mucho tiempo una cosa
para niños en una gira por Francia. Y el concepto del
concierto lo había organizado un guitarrista amigo
mío, como una antología severa y seria, con
la soleá de Tío Manuel el del Zapato Cojo, la
familia de los no sé qué, los Caganchos de Barcelona…
Los niños se quedaban dormidos, pobrecitos. Eran niños
de muchos colegios que iban a un auditorio por la mañana.
Así que dije que cambiáramos el repertorio,
que nos iban a empezar a tirar los chicles. Les fui cambiando
el repertorio, con jaleos, villancicos, cosas muy sencillas
con las que ellos podían tocar las palmas y divertirse.
Al final, parecía yo el ídolo de los niños
de Francia. El último día les canté por
martinete… y ya también les gustaba.
¿Y Soleá
va a seguir cantando?
Canta bien, ¿verdad?
Dice que está deseando, que si… Pues venga, canta,
le digo. Y me temo que éramos pocos y parió
el gato. Tiene una voz chiquitita pero con buena afinación.
Y no sé lo que hará porque ha terminado la carrera
de Hispánicas… Aunque creo que le gusta más
cantar. Además, la casa de discos está deseando.
Y si quiere, yo la voy a ayudar y voy a estar con ella siempre,
tire por dónde tire.
Hablando de cantaores
jóvenes, ¿cómo es que siendo maestro
y veterano sigue siendo el más revolucionario? ¿No
parece que están un poco cohibidos los nuevos cantaores?
Hay gente joven haciendo cosas
y cosas muy bien hechas. Pitingo
a mí me gusta lo que hace, por ejemplo. Y es un cantaor
bueno que en su primer disco hizo cosas muy buenas de flamenco
clásico. Y en la guitarra no hablemos. En baile está
el loco maravilloso de Israel
Galván y mucha gente. Hay gente que está
intentando avanzar, lo que pasa es que no es fácil,
todo tiene sus ciclos, se tienen que parar un poco, tienen
que aprender y entender los cantes para luego hacer lo que
quieran. No pueden hacer la trampa antes de aprender a jugar.
Entonces están con el nos atrevemos, no, sí,
voy… si voy de pureta chungo, si voy de Enrique Morente
peor…
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“Yo creo
que en el flamenco hay que procurar sacar la personalidad
de uno y ser sincero con uno mismo”
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Yo creo que hay que procurar
sacar la personalidad de uno, no ser un mero imitador de los
demás, ser sincero con uno mismo y cantar lo que se
considere oportuno y lo que se tenga ilusión de cantar
en cada momento. Todo tiende a estandarizarse, con los CD
y con la música grabada se parecen mucho unos a otros.
Y en el flamenco es más preocupante que en otros géneros.
Lo que sí recomiendo, por supuesto, es no tener miedo
a hacer música. Que no tengan miedo con los atrevimientos,
pero que los atrevimientos no se hagan ni para ser más
interesante ni para ver si se triunfa más, aunque todo
esto dicho entre comillas, pues es lícito. Claro que
es lícito que un chico o una chica joven pretenda ser
más interesante y quiera triunfar. Pero que el primer
móvil y el fondo de la cuestión sea hacer arte,
hacer música. Yo lo veo así, pero tampoco soy
quien para decirle a nadie cómo tiene que hacer las
cosas. El tema es delicado y en arte más.
Seguro que a los jóvenes
les gusta escuchar tus consejos…
Sí, hombre, está
bien hablarles así. Yo soy amigo de todos ellos, de
Arcángel,
de Pitingo, de Poveda, de Duquende, de Joselito de Lebrija,
de todos. Hay una cantera muy buena, son muy buenos cantaores…
¡Y las cantaoras, como nos descuidemos, nos echan de
España!
Hace unos días
emitieron en televisión el documental ‘Tiempo
de Leyenda’ y cuando vi a Camarón con el mono
rojo de obrero y el micro en la mano, pensé que hoy
estábamos muy antiguos…
Camarón
se las traía, el tío.
¿Y qué
será lo próximo de Enrique Morente?
¡Si no he terminado
con este todavía! Hay cosas, hay proyectos… unos
dieciocho o veinte. No sé cuál de ellos abordamos.
Lo mismo hablo de uno y luego hago otro, no lo sé.
De lo que tengo ganas es de que Estrella grabe ya, es importante
que se ponga las pilas. Ahora mismo la voy a llamar…
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