Vídeo: Nacho Arimany

 

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CD: Nacho Arimany
"World-Flamenco Septet.
Silence light"


Nacho Arimany
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores

 

“Al flamenco le cuesta crear en directo”

 

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Historia neoyorquina de ‘Silence light’

Y ya hablando del disco, de ‘Silence light’, Nacho Arimany comenta que “refleja la experiencia del encuentro de dos mundos, como un documento que dirijo proponiendo marcos, caminos para viajar, pero dejando libre el final para que cada uno se exprese”. Ese es el secreto de la obra, la frescura del momento: “El disco está grabado en directo, después de haber ensayado sólo la tarde antes. Con la premisa de la admiración y el respeto, conseguimos crear un mundo común. Esa es la magia del disco”.

 

Nacho Arimany (Foto: Daniel Muñoz)
   

Del lado flamenco, el percusionista y compositor madrileño contaba con el cantaor Antonio Campos, el pianista Pablo Suárez y la bailaora Concha Jareño. Y no fue tarea fácil, pues asegura que “era difícil encontrar a artistas flamencos que, sin miedo, se embarcaran en el proyecto, que fueran capaces de admirar la música de los otros y comunicarse con ellos”. Pero lo logró. “Pablo Suárez cumplía una doble función, pues yo sabía que allá donde el cante se fuera armónicamente, el piano iba a estar allí, daba la sujeción flamenca. Además, aportaba sensibilidad, musicalidad y el puente para unirnos con los jazzistas. Incluso logró entrar en el otro lado y destaparse, viniéndose conmigo tanto en lo rítmico como en lo tímbrico”, explica. En el caso del cantaor Antonio Campos, “estaba sin miedo desde el principio a pesar de que el lenguaje que había desarrollado con Javier y Lionel en mis composiciones, eran distintas para el cante por las armonías. Yo buscaba música y seguridad. Y lo encontré. Además, se dio un entendimiento total entre el guitarrista, aunque no fuera flamenco, y el cantaor, así como respeto y admiración”.

Caso distinto fue el del baile. Confiesa que “Concha era la que estaba más asustada porque mi propuesta era hacer del baile música. Tiene una musicalidad muy sensible en los pies, aunque improvisar con ella era más difícil. Más allá de tocar y bailar, toda la grabación era meterse en una bola de energía. Y al final entró tanto con sus pies como con sus palmas”. Para lograrlo, hizo un peculiar dibujo de la disposición del septeto en el estudio, de forma que todos formaran un círculo en cuyo centro estuviera la bailaora: “El baile se escucha en el disco por los pies, pero su movimiento generaba inspiración”. Sólo dejándose llevar por conceptos tan intangibles podía fluir la experiencia: “El jazz significa libertad y compromiso con la música”, sentencia.

-¿Y no significa eso el flamenco... o lo significa de otra manera?

-El flamenco lo da de otra manera. Al flamenco le cuesta crear en directo. Todos los espectáculos ahora están medidos. Hay matices nuevos porque en cada actuación hay una energía nueva. Sólo tendremos la libertad de sorprendernos al estar comprometidos con la música y cuando no haya jerarquía. En World Flamenco Septet somos siete jefes con un guía loco.

Y eso lo entienden a la perfección los ‘jefes’ jazzeros. Nacho Arimany recuerda que conoció a Javier y a Lionel en el Café Central, después de un concierto de Enrique Morente, al que dedica un tema del álbum: “Vinieron a casa y me dijeron, sin haberme oído nunca, que me fuera al día siguiente a tocar con ellos”. La experiencia fue inolvidable para él, pues “al principio no entendía nada, pero me llegaba una verdad y una honestidad que me llenaba de miedo. Intentaba meterme y entendí que la única manera era buscarme dentro de mí. Volví a sentir lo mismo que al principio de tocar, esa sensación de libertad, de fuerza, de unión con los demás”. Y ahí encuentra una diferencia clara con el flamenco, “que es como siempre hacia afuera, pocas veces puedes mirarte dentro y dar tu verdad”. Y no deja de sorprenderse de quiénes son esos compañeros que le hicieron mirarse dentro. “Fíjate, Lionel es el guitarrista de Herbie Hancock, es como la promesa de la guitarra de jazz. Y Vercher es el siguiente saxo español, de la generación posterior a Jorge Pardo”. Ni tampoco ante el hecho de que “haberme tenido que animar a hacer mi propia música en Nueva York”.

La idea de universalidad recorre de cabo a rabo este proyecto. Nacho Arimany defiende que “la música es un lenguaje universal y el flamenco es música y es perfectamente entendible por todo el mundo. Hay que abrirse a compartirlo y a dejarse sorprender por lo que hay fuera”.

-¿Y cómo reaccionan los músicos de fuera ante el flamenco?

-Reaccionan con respeto para, desde ahí, dar el corazón. Así siempre va a ser lícita la mezcla: con un corazón noble, con un sonido de dentro y con sabiduría musical. Recuerdo que cuando nos conocimos, les puse en mi casa el disco de Ramón Jiménez y no he visto nunca a nadie escuchar la música con tanta profundidad. Por eso, cuando un músico está en la música no hay misterio. Por eso la bulería del disco se grabó en una sola toma. Nada estaba preparado, sólo les dije a Lionel y Antonio, “para delante”. Y todo fue sucediendo, aunque para ambos fuera su primera vez.

-Y a ti, ¿qué te aportó musicalmente el flamenco?

-El flamenco me ha dado una formación rítmica tan fuerte, que me permite comunicarme. El ritmo del flamenco me ayuda a comunicarme.

Filosofía de la percusión


Nacho Arimany (Foto: Daniel Muñoz)
 
   

Ahora llega el momento de entrar en profundidades y reflexionar sobre el presente y el futuro de la percusión en el flamenco. Nacho Arimany está convencido de que “hay mucho camino por hacer, lo cual me ilusiona”. Añade que “a nivel tímbrico está el mundo entero para descubrir, para colorear, más que para buscar ritmos complejos. La percusión aporta colores”. Y en cuanto a los ritmos, explica que “hay otras tradiciones muy ricas que se pueden aprender, especialmente, la iraní, la norteafricana y la sufi, que se pueden incorporar al flamenco”. ¿Y cómo? Su respuesta es clara: “Hay que generar una corriente de investigación en torno al ritmo, pues hay muchas maneras de marcar”. Y dirige la mirada hacia la voz: “No hace falta inventar ritmos nuevos, sino seguir descifrando el ritmo del cante y darle color. Cómo no vamos a seguir aprendiendo unos de otros”.

Y entonces aparece la palabra mágica en la conversación: el cajón. “La percusión es joven. El referente es el cajón, pero no hay que olvidar que Paco de Lucía lo que hizo fue buscar un instrumento que le interesaba para apoyar la música de su guitarra. ¿Por qué no hacemos los demás ese mismo proceso? Cuando toco por bulerías, toco mi bulería, no el patrón que a Paco le valía para su guitarra”. Pero no es que esté en contra del cajón: “A mí me encanta porque es muy poderoso, pero incluso a nivel de baile es más nítida la calabaza”. Defiende que “cada percusionista descubra por sí mismo qué instrumento le viene bien, que cada uno investigue en su lenguaje”. Y hace una propuesta: “Seguir insistiendo en el lenguaje de las palmas, pues es su instrumento antropológico y siempre va a ser el mejor, aunque es complicado y dificilísimo”. Mirando hacia adelante, piensa en la necesidad de “crear una rítmica más musical como, por ejemplo, el zapateado con partitura para palmas que ha hecho Manuel Liñán. Y ya hay apuntes grabados, como al comienzo del último disco de Tomatito. La cuestión es que las frases sean más ricas, que exista melodía en el ritmo. Hay mucho que investigar en esa forma de musicalizar el ritmo”.

En estos pensamientos anda, mientras se prepara para viajar a Estados Unidos, donde participa en Flamenco Festival USA 2007 embarcado en la compañía de Rafaela Carrasco. “En su espectáculo ‘Una mirada del flamenco’ también se propone compartir lenguajes y eso es para mí muy bonito”. Así que para el nuevo montaje de la bailaora sevillana, ‘Del amor y otras cosas’ que se estrena en el Festival de Jerez 2007, profundiza “y le he hecho una pieza entera de percusión”. La han montado aquí mismo, en la antigua bodega del sótano donde, después de no pocos esfuerzos, tiene instalado su estudio y su ‘museo’ vivo de instrumentos. Repasando la agenda, también tiene compromisos próximos con Jorge Pardo, con Enrique de Melchor... aunque lo que le interesa es dar a conocer su World Flamenco Septet. Nacho Arimany y el mundo. Nacho Arimany y el flamenco “que me sigue alimentando cada día... y me cura. ¡Que no se acabe el diálogo!”.

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