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NIÑO JOSELE, GUITARRISTA
FLAMENCO. ENTREVISTA
“El flamenco
está pidiendo a gritos un cambio”
Silvia Calado/ Flamenco-world.com.
Madrid, noviembre de 2009
Lo dice con toda claridad:
“Este es mi primer disco”. Niño
Josele entiende que ‘Española’
–que, en realidad, es su quinta grabación- es
un punto de giro en su carrera no ya guitarrística,
sino musical. Y la clave de este cambio es que el álbum
que le ha producido el cineasta Fernando Trueba no entiende
de fronteras estilísticas ni genéricas. Lo jazz,
lo latino y lo flamenco se cruzan con toda libertad en un
trabajo que lo mismo homenajea a Bebo Valdés, que a
Paco de Lucía o a McCoy Tyner. Y, según admite
el guitarrista almeriense, “me costó entenderlo
porque es una forma de ver la música muy nueva para
mí, pero ahora sé que es algo importante hacia
el futuro, pues me da una visión muy amplia para hacer
grandes cosas con la música”.
Niño Josele
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La primera sensación
que da ‘Española’ es que un disco que no
se abarca en una sola escucha…
Los discos buenos hay que escucharlos
varias veces para entenderlos y los discos malos, de estos
de pumchiquipum que hay ahora, los escuchas un rato
y ya no más. En este disco sí he notado un cambio
muy grande para la forma de entender la música desde
un flamenco. Es una forma de ver el flamenco nueva para mí.
Hay cosas muy abiertas, no se convierte en el disco de flamenco
con el típico estribillo, las típicas palmas
y la misma estructura, sino que es un disco de música.
Creo que en el flamenco ha faltado hasta ahora un poquito
más de música, sobre todo, en discos de guitarra.
Lo que sí he notado es que cuando les llevaba a los
músicos los temas, todos me decían que no era
flamenco, que era música. Bueno, en mis códigos,
esto es una soleá, esto es una seguiriya, esto es una
bulería… Sí sé que en este disco
me he esforzado mucho. Venía de tocar de gira con Paco
de Lucía, cinco años con ‘Cositas buenas’,
y como guitarrista me siento un poquito más preparado,
más consciente de lo que estoy haciendo. Y después
de ‘Paz’, que era música de Bill Evans,
tenía muchas ganas de componer cosas nuevas. Y me he
encontrado con otra forma de componer.
¿Y es ese trabajo
sobre Bill Evans el que te da otra manera de componer?
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Niño Josele
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Sí, Bill Evans y un
poco todo lo que he vivido en estos últimos años.
El entorno en el que he estado, desde siempre he sido muy
inquieto y me ha gustado hacer muchas cosas: de tango argentino
a música clásica y jazz. Creo que esa fusión
sale si la llevas abierta sin ningún tipo de miedo
hacia otra música, si lo haces con la verdad que tiene
tu música y tu flamenco, y si ves las cosas muy tranquilas
y muy normales.
¿Crees que los
flamencos tienen miedo a otras músicas?
No, yo creo que a los flamencos
lo que les hace falta es que se abran más a otras músicas,
que salgan un poco de la familia musical que hay en el flamenco.
Si vienes de una formación flamenca y eres una persona
a la que le gusta aprender cosas, al flamenco le estás
haciendo un bien. Hubo una época y ahora hay otra época.
Hasta ahora, lo que se ha hecho con la guitarra es un disco
que ya sabes cómo es: la letra aquí, las palmas
aquí, los coros y esta estructura. Yo tenía
en la cabeza cambiar eso y gracias a Trueba lo he conseguido.
Y sólo por estar con él, que es una persona
muy abierta y que no tiene prejuicio a la hora de decir que
no estoy tocando flamenco, sino música. Te da cabida,
seguridad y te hace tirar para delante. Cuando te pones a
componer, nunca sabes cómo va a resultar en el disco...
Casi la totalidad de
las composiciones del disco son tuyas…
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“Yo no
soy Paco de Lucía ni pretendo serlo porque él
es el más grande de la historia, yo pretendo ser
Josele”
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Todo menos una canción.
Bueno, realmente, la canción de McCoy Tyner tiene tres
acordes, pero no veas qué tres acordes, qué
complicado. Ese tema a mí me sonaba flamenco. Siempre
pones tu granito, tus arreglos flamencos, pero es un tema
que para mí es como si fueran unos tangos y ya que
él le hace un homenaje a España con una música
cercana a la música española, pues por qué
no ponerle ‘Española’, como dijo Trueba,
y así se le hace de paso un homenaje, igual que hay
homenajes a otros tres grandes maestros: Bebo Valdés,
Paco de Lucía y Bill Evans.
¿Cómo
se plasma ese homenaje a Paco
de Lucía?
El tema ‘Camino de Lucía’
es una rondeña homenaje al maestro porque me he tirado
cinco años escuchándolo a él tocar en
el escenario y quería captar el espíritu de
su forma, de su expresión. De ahí surgió
‘Camino de Lucía’, que es una rondeña,
un emblema suyo. Yo no soy Paco ni pretendo serlo porque él
es el más grande de la historia, yo pretendo ser Josele,
pero sí quiero captar por lo menos el espíritu
de la música.
¿Cómo
se hizo la grabación?
Grabar con Fernando es distinto,
tiene una visión distinta, de hecho, no es un productor
normal, es un productor de cine y tiene una visión
muy amplia. Y lo primero que me dijo fue que en el estudio
le encantaría grabar en directo sin cortes, sin ningún
tipo de edición. Yo tenía que ir con los temas
muy preparados… y la verdad es que me lo he pasado muy
bien. Grabar en directo te da la seguridad de que luego cuando
lo tocas el directo es otro mundo. Con los músicos
que tocas, como Dafnis Prieto a la batería o John Benítez
al contrabajo o la estrella que colabora en el disco, que
es Phil Woods, pues por fuerza el disco tiene que sonar bien.
Nunca nos habíamos juntado para tocar, fue la primera
vez y salió así: hola qué tal, este es
el tema, muy bien, sentarnos y para delante.
¿Eso fue en
el Village Vanguard de Nueva York? ¿Cómo fue
esa segunda experiencia allí?
Ha sido distinta. Esta vez
me he encontrado más arropado, con amigos, ha venido
mucha gente que me quiere mucho, mi productor, mi manager,
mi compañía… y hasta un primo mío
de Mallorca. Y me decía “no me puedo creer que
estemos dos gitanos en el Village”, jejeje.
La experiencia fue muy bonita porque esta vez ha sido con
más fuerza. La otra vez fue un compromiso distinto,
iba tocando jazz, era la música de Bill Evans y tenía
mucho respeto, tenía que tener mucho cuidado. Esta
vez con mi música me encontraba totalmente libre y
la respuesta del público fue brutal, la gente pegaba
botes. Fue, de verdad, muy especial.
Allí en Nueva
York se ha hecho parte de la grabación, ¿no?
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Niño Josele (Foto
Daniel Muñoz)
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Sí, allí se han
grabado los instrumentos y se han hecho parte de las mezclas
también. Buscamos un sonido internacional, ya que la
música es más abierta. Que los metales sonaran
más reales y que el sonido de la guitarra fuera lo
más natural posible. Lo hemos conseguido, estoy muy
contento con la mezcla del disco, suena muy muy bien. Es difícil
que el músico se quede contento con el sonido del disco
y en este caso estoy muy contento.
Te he escuchado decir
que cuando te mandaba Trueba pistas desde Nueva York hasta
te sorprendías de lo que escuchabas…
Me acuerdo de que una vez Fernando,
que estaba con otro proyecto en América, se había
llevado los temas para ver lo que los músicos hacían.
Cuando volvió a España, me puso un tema y me
quedé asustado. ¿Esto qué es? “Pues
lo que has tocado, tu música”, me contestó.
Me ha costado mucho entenderlo porque es un concepto nuevo.
Cada uno está tocando lo que toca y ha sido libre de
tocar, no se ha adaptado para tocar conmigo. Por primera vez
la cosa es libre y suena como es. A mí me impactó
mucho y cuando lo entendí le dije a Fernando que me
parecía increíble. Cada día que me pasaba
un tema, se me abría una manera distinta de ver la
música. La primera vez que se escuche el disco va a
costar un poco, porque es nuevo y necesita tiempo y escuchas
para entenderlo. Como, por ejemplo, el tema que toca Phil
Woods. No lo iba a tocar, pero lo escuchó y le dijo
a Fernando que quería tocarlo entero y haciendo unísono
conmigo, que no quería hacer nada, que la melodía
era perfecta, intocable. Yo me quedé flipado.
Háblanos de
esos músicos…
Dafnis es uno de los grandes
baterías que hay ahora y de los jóvenes, el
más potente, tiene un camino muy grande para delante.
John Benítez es para mí uno de los grandes contrabajistas
del mundo. Aparte, venía bien recomendado del maestro
Bebo Valdés. Me dijo, “llévate a John
Benítez, que ese es el capo”. En las colaboraciones
de vientos hay maestros legendarios como Ralph Bowen al saxo
soprano, es uno de los mejores y una persona encantadora.
El disco es un proyecto de divertirse, no ha sido de vamos
a ponernos serios, sino de disfrutar haciendo música.
Se refleja mucho en un tema, la bulería ‘A contratiempo’,
en el que el percusionista, Pedrito, toca la conga y el batá.
Este instrumento no se suele meter mucho en flamenco y si
se mete, el que lo haga que sepa sacarle el sonido y que sepa
de dónde viene. Y él es maestro en eso, otra
cosa no toca y eso es muy importante en cada músico.
Siempre te aportan algo muy especial. Estoy muy contento porque
es el primer disco en el que he participado prácticamente
en todo. He estado codo con codo con Fernando hablando de
los músicos que íbamos a meter, consultándome
qué pienso yo, qué veo yo en cada músico,
qué músico veo en cada tema, qué arreglo
veo yo… Me he encontrado muy cómodo. La portada
también la elegí yo, vi los cuadros y, de hecho,
Manny Farber es ya parte mía, es quien me hace las
portadas, un maestro, un gran pintor. Para todo se ha contado
conmigo. Este es mi primer disco, lo tengo claro. Aquí
hay un gran cambio como guitarrista y como músico.
Ya como persona, voy aprendiendo poco a poco. Este es mi mejor
disco en mi carrera musical, como algo importante hacia el
futuro, me da una visión muy amplia para hacer grandes
cosas con la música. Pienso que la música va
a pegar un cambio grande o, al menos, yo lo veo ya de otra
manera. Soy partidario y me encanta una guitarra con un cante…
Pero aquí no
hay ni una voz…
… ni una palma, ni un
ole.
Te habrá costado
trabajo, ¿no?
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“No es
el disco más flamenco de la historia, pero sí
pienso que es un paso hacia delante en la música
del flamenco”
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Eso se lo dije a Fernando,
¿por qué no llamamos a alguien que diga por
lo menos ‘ole’? Sin embargo, he grabado hace poco
un tema con Andrés Calamaro, para su nuevo disco y
me he hartado. He metido una colaboración de guitarra
muy potente, de las mejores que he hecho hasta ahora, con
unos picados, una locura… y al final, como venía
con esa espinita, le pedí a Andrés que me dejara
meterle al menos un par de oles… y unas palmas. Ni una
letra ni un ole ni nada, es un concepto nuevo para la guitarra
flamenca. Por supuesto, no es el disco más flamenco
de la historia, pero sí pienso que es un paso hacia
delante en la música del flamenco.
La verdad es que no
están definidas las fronteras entre los distintos géneros
musicales que hay implicados…
No y pienso que los jóvenes
que salgan ahora serán el futuro y esa música
la van a entender perfectamente. Cuando tengan veinte años,
ya estaremos nosotros antiguos, supongo. Por eso quiero dar
guerra ahora.
Y lo mismo que se va
hacia el jazz, también se va a lo latino.
Lo del latin lo he aprendido
con ellos. En la época de la película ‘Calle
54’ de Fernando Trueba fue cuando Jerry llegó
a España y hubo un cambio muy grande para el latin
jazz aquí. Yo no era consciente de que era partícipe
de esa movida. Estaba disfrutando y aprendiendo tanto, que
no me daba cuenta. Y fue también un cambio grande para
el flamenco. Con Piraña, Alain Pérez, Jerry
y Cigala
hicimos una historia nueva, una fusión de música
muy abierta. Yo aprendí lo que es la clave, bueno,
todavía estoy aprendiéndolo porque la música
latina es un mundo. No es una música de dos o tres
días ni de un par de años, es difícil
entenderla. En la rumba los flamencos no hacemos clave, la
clave nuestra es el compás que, para los cubanos, está
al revés, para ellos es como si fuéramos atravesados.
Hay que entender muy bien. Y, por ejemplo, la rumba del disco
creo que está muy bien apoyada porque he tenido la
ayuda de Alain Pérez, que me ha ayudado a entenderla
y a hacer una estructura muy clara y muy latina. Y va con
la clave perfecta.
Ya no los vuelves locos…
Pero vuelvo locos a los flamencos
porque mucha gente no sabe dónde están colocados
los golpes o no los entienden. En realidad, es el más
normal del mundo: va a ritmo.
¿Cómo
se explica ese cruce entre bulería y tumbao?
Yo siempre he tenido ganas
de cambiar el concepto de la bulería. Es difícil
tocar por bulerías pero cuando lo tienes, no le das
valor. Yo estoy loco por darle la vuelta a la bulería,
me apetece cambiar el ritmo, me apetece cambiar la estructura
esa de falseta, falseta y falseta. Eso en España no
lo entiende todavía nadie, fuera menos y los músicos
que lo entienden son los flamencos. Y hay que dejar que la
gente participe en una bulería y la entienda, y para
eso tienes que hacer una estructura, construir un tema que
tenga coherencia, que tenga su estribillo, que tenga su sentido,
que vaya todo ligado. Yo tenía eso en la cabeza metido
y cuando al principio empiezo a hacer el ritmo, eso que dicen
que es el aire, quería meter un tumbao para cambiar
un poco el concepto rítmico. De ahí lo del tumbao
por bulerías, prácticamente, lo que se hace
es sustituir el ritmo del rasgueado. Los pasos sí son
flamencos, pero el tema es como un rompecabezas… es
lo mismo o al revés o atrás. Tiene los mismos
elementos, pero colocados en distintos lados. Cuando llegas
al tumbao, te puedes ir perfectamente a cuatro, por eso llega
un momento en el que no sabes si es una bulería o es
una rumba.
La bulería es un mundo.
Lo del tres y el cuatro vine de la raíz de toda esta
historia que inventamos cuando llegó Jerry aquí
y al tocar en las jam, siempre acabábamos yendo para
el otro lado. Pero fíjate que con todo el tiempo que
llevo tocando latin aquí, siempre le he tenido mucho
respeto a esa música y a subirme a una jam. Jerry me
decía que subiera y siempre me negaba, aunque abajo
sí hacía cosas con ellos en una reunión
o en una fiesta. Cuando hacíamos ‘Los piratas
del flamenco’ nos subíamos y tocábamos
sin ensayar. ¿Quién va a ensayar con Jerry?
Ahí no se puede ensayar con nadie, aprendes lo que
es improvisar sobre la estructura y tocar sobre la marcha.
Sin querer, llevas las riendas, pero sin darte cuenta de que
las llevas. Yo soy partidario de que en el escenario las riendas
las llevamos todos los que estamos tocando, no sólo
yo. Siempre dándole cabida a unos y a otros, así
surge la magia. Y por primera vez en el concierto del Village
con Horacio el Negro, tocando con él en la bulería
‘A contratiempo’ estoy improvisando sobre latin
y ya noté que no era el flamenco que se mete a tocar
latin, ya era muy consciente de lo que estaba haciendo, ya
me había convertido en uno de ellos. Lo noté
yo y hasta El Negro lo notó. Y quiero seguir sintiendo
ese hormigueo.
Y ese dar la vuelta
a la bulería está también en el segundo
tema, que se llama, precisamente, ‘¿Es esto una
bulería?’…
Cuando estaba componiendo el
tema yo decía que era una bulería, pero cuando
acabé de grabarlo y lo escuché acabado con los
vientos y todo, le pregunté varias veces a Fernando
si eso era una bulería. Luego en casa, a mi padre,
que toca la guitarra, la pregunta le salió sola del
alma: “Oye, ¿esto es una bulería? Y ya
te quedas con eso. Es lo que dicen los flamencos. Y también
quería titular los temas de forma diferente a lo que
es habitual en el flamenco: plazuelas blancas, callejones
estrechos... Quería cambiarlo todo un poco. En el flamenco
hay que cambiar un poco el concepto. A mí me gusta
pegarme una fiesta, pero el flamenco está pidiendo
a gritos un cambio. Pero no un cambio de fusiones de estas
de le meto una batería o le meto un… ¿Y
qué músicos van a tocar? ¿Los mismos
o los que no tienen ni idea? El concepto es que si tienes
muy claro lo que son unos tangos, pues ábrete a músicos,
no a gente habitual que está ya acostumbrada a tocar
con unos y con otros, sino gente que tenga una visión
muy distinta. Con ellos vas a tirar para delante y vas a aprender
mucho. Eso le da frescura a la música. Si siempre se
cuenta con los mismos músicos, al final, todo suena
igual. Hay que tener la humildad, las ganas de aprender...
y ser claro y coherente contigo mismo. A mí me encantaría
hacer un futuro un disco de música clásica,
con orquesta, algo potente o especial con mi música.
Pero si yo no sé hacer arreglos de orquesta, tengo
que llamar a un arreglista y que lo haga. Y si no me encuentro
preparado para tocar con una orquesta, no toco. Aprendo qué
necesito, qué es, pido consejo… Claro que es
muy cómodo ponerse siempre el mismo pantalón.
En este minuto que
queda, cuéntanos qué ha sido ‘Venta del
alma’.
Era una cosa especial que tenía
ganas de hacer, tenía unas cuantas composiciones inéditas,
hablé con mi compañía porque estaba eufórico
después de hacer un disco como ‘Española’.
Y me dijeron que no había problema, que si quería,
se sacaba una edición limitada. Tenía que sacar
esa música, no podía tenerla guardada.
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