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¿Cómo reaccionan ante
el flamenco los músicos de otros géneros con
los que trabajas en este disco?
Realmente, ellos de flamenco no saben mucho. Obviamente,
sí conocen a Paco
de Lucía. Lo que ellos admiran mucho es el ritmo
que tú tengas y el corazón que le pongas a las
cosas. Son personas con alma dentro del jazz. El miedo que
yo tenía ante músicos como Tom Harrell y Marc
Johnson es que los dos habían tocado con el propio
Bill Evans. Y para mí era un reto muy grande que tocaran
conmigo... ¡y a ver lo que opinaba! A mí me impactó
una frase de Tom Harrell. Yo no estaba cuando lo dijo, porque
siempre he tenido pánico a ver la reacción de
los demás músicos cuando termino de grabar.
Y Fernando y Javier me iban contando por teléfono.
Yo el miedo que tenía era la expresión porque
en el jazz tampoco se preocupan tanto por la técnica,
sino más por la expresión. Y no era fácil
captar dónde había centrado yo mi expresión.
Había encontrado sitios en los que Bill Evans expresaba
de una manera y yo había buscado otra forma de ver
su expresión. Y Tom Harrell percibió exactamente
dónde había cambiado yo la expresión,
que le encantaba cómo lo había hecho y que quería
tocar. Ese día lo celebré y dormí a gusto.
Lovano igual, tocó ‘The Peacocks’, no veas
cómo toca él. Y Marc Johnson ha sido un honor
porque ese hombre tiene un ritmo y un arte increíble.
Parecía que Bill Evans cobraba vida a su lado.
Niño Josele (Foto:
Daniel Muñoz) |
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No paran de salir discos de artistas flamencos tocando
otros géneros. ¿Qué está ocurriendo,
que el flamenco os limita?
Como el flamenco quiere crecer, veo bonito que se tire por
otros campos. Tiempo hay para seguir haciendo flamenco. Yo
he hecho el disco de Bill Evans, pero me siento ahora más
flamenco que antes. Amo mucho mi música y este proyecto
lo que hace es enriquecer mi música. Quién dice
que no vaya a hacer en una soleá unos detallitos de
Bill Evans. Puede ser muy bonito llevarlo al flamenco. A mí
Bill Evans me parece muy flamenco. Armónicamente hacía
cosas muy bonitas. La melodía es muy importante en
el flamenco y Bill Evans tenía para dar y regalar.
El propio Horacio el Negro, con el ritmo que tiene, si fuera
un bailaor sería el mejor bailaor del mundo. Hemos
tocado por bulerías en directo y toca increíble.
En este disco no ha tocado latin, él dice que ha tocado
como un pintor. Lo que hago con jazz, lo que hago con tango
argentino... me lo llevo para el flamenco para enriquecerlo.
El flamenco para mí es lo más grande que hay,
pero no es lo único. Como un poco de todo.
Colaboran en el disco músicos más cercanos
al flamenco como Javier Colina y Jerry González. ¿Qué
aporta cada uno?
Javier
Colina para mí, aparte de tocar como toca el contrabajo,
es un músico universal. Lo toca todo perfectamente
porque lo conoce todo perfectamente: flamenco, jazz, bolero...
No lo veo como contrabajista, sino como músico. Es
uno de los maestros que he tenido. Cuando no he sabido una
cosita, él me lo ha sabido explicar perfectamente.
Sabe el código flamenco. Jerry es mi maestro de latin,
es quien me ha enseñado a descubrir ese mundo. Fue
la persona que me enseñó la música cubana
y que a partir del latin jazz, el jazz es otra cosa. Para
que me entrara mejor al oído un tema de Thelonious
Monk, primero me daba la versión en latin. Después
ya me lo ponía en serio, en duro. Descubrí el
jazz de esa forma. Es como la literatura, para alguien que
no lee mucho es más fácil empezar por ‘El
código da Vinci’.
Y la voz de Estrella
Morente en ‘Minha’...
Ha demostrado que controla muy bien el cante flamenco y ahora
está descubriendo otra faceta. No sólo es cantaora,
sino cantante. Y creo que es una de las mejores voces que
hay en España.
¿Qué otros proyectos tienes entre manos?
Tengo varias cosas...
Cuenta, cuenta.
Tengo una gira con Andrés Calamaro, del disco de tango
argentino que prácticamente hemos hecho a medias, ‘Tinta
roja’. La gira es con todo el grupo de Casa Limón:
Alain Pérez, José Reinoso, Piraña, Antonio
Serrano y yo. Vamos a hacer tango argentino, que me encanta.
Y en este disco he aprendido mucho del tango argentino, que
es muy parecido al flamenco pero no por sus tendencias musicales,
sino por la fuerza que tiene y por la pena que tiene. Hay
letras que me recuerdan mucho a la seguiriya. Para mí
ha sido una experiencia muy bonita, además con otro
guitarrista argentino, Juanjo Domínguez, uno de los
mejores de tango. Un honor. Aparte de eso, tengo mi presentación
en Madrid y en Barcelona. Y después de Calamaro, me
voy con Paco de Lucía por el mundo. Hay gente que me
pregunta que cómo hago para cambiar del tango argentino
a Bill Evans, y de ahí al flamenco con Paco
de Lucía o con Enrique Morente... Y lo que hago
es que cuando estoy con Paco de Lucía me imagino que
es el mejor cantaor que hay y yo tengo que acompañar
al mejor cantaor. Y si voy con Calamaro, me convierto en guitarrista
argentino. Y trabajar, trabajar, trabajar.
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