Entrevista a Nono García,
guitarrista:
"El flamenco es una forma de ser localista...
que es la condición para ser universal"
Silvia Calado Olivo. Madrid, junio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Una barbería hizo las veces de escuela
y un barbero barateño, de maestro. Las prácticas, nocturnas, con
los cantaores locales. La sonanta de Nono
García fue madurando aquí y allá: se incorporó
a una Jufra franciscana, se hizo cargo del aula de música del internado
de la Universidad Laboral de Málaga y, cuando estaba enjaretando los estudios
de Filosofía en la Universidad de Granada, llega el cantautor Carlos Cano
y lo contrata. Vivió el ambiente musical de la 'movida' madrileña,
trabajó durante ocho años en Bruselas y, de vuelta a la capital
española, graba un disco -el segundo- en el que hilvana la zigzagueante
trayectoria de su guitarra, con el concepto "piñonero" como hilo.
Nono García muestra en 'Atún y Chocolate', apadrinado por el actor
Gabino Diego, cómo el flamenco puede hablar un lenguaje comprensible por
músicos que, como él, son bilingües.

Nono García
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¿Dónde sitúas el flamenco y dónde
las otras músicas?
Siempre he estado ligado al flamenco pero,
desde el punto de vista profesional, he hecho muchas cosas diferentes: acompañando
a cantautores, con grupos de jazz, con músicos brasileños, muchas
experiencias étnicas en Bruselas con músicos de Hungría,
de África, de toda procedencia. También estudié en la sección
de jazz del Conservatorio de Bruselas. Siempre me he nutrido de los músicos
con los que he ido tocando, con una mentalidad abierta, para aprender todo lo
que me podían enseñar... pero aferrado al flamenco.
¿Siempre hay un punto de entendimiento?
Sí, porque la música es un lenguaje
sin palabras y comunica fácilmente por encima del idioma. La comunicación
surge naturalmente.
¿Y es de esa comunicación de donde surge el concepto
de "música piñonera"?
Yo me di cuenta, cuando trabajé con
Chano Domínguez y con Tito Alcedo, de que éramos una generación
de músicos que todos vivíamos cerca de los pinos... El piñonero
es un músico bilingüe que maneja dos códigos diferentes: por
un lado, el flamenco y, por otro lado, otro tipo de código. Desde ese punto
de vista, la fusión resulta algo natural, algo que sale sin esfuerzo.
¿Cómo se plasma lo "piñonero"
en 'Atún y Chocolate'?
Este trabajo es el resultado de rodar, con
músicos extranjeros, esta forma abierta de acercar el flamenco a las otras
músicas. Se trata de adecuar el lenguaje flamenco a un lenguaje comprensible
por otros músicos. El flamenco, normalmente, es hermético, cerrado,
pero yo he tenido la suerte de poder convivir con otros músicos, con otros
lenguajes. 'Atún y Chocolate' es una world music sin quererlo, algo
que sale como de la tierra, como sale un piñón o una seta o crece
un pescado. Después se puso de moda, pero los piñoneros estamos
por encima de modas. El piñón es, además, un símbolo
fálico, representa el fuego interior... Me llamó la atención
también que el piñón sea duro por fuera, pero muy blandito
por dentro... y, además, está muy bueno.
El directo lo explica. Nono García
presenta 'Atún y Chocolate' en clave babélica, rodeado de músicos
e instrumentos de acá y de allá: Antonio Serrano, a la armónica;
Pato Muñoz, al bajo; Guillermo McGill, a la percusión; Eva Durán,
al cante; y Nanda Khumar, a la tabla. La música que de ellos mana -pues
es oportuna la metáfora del manantial- fluye salpicando hasta desembocar...
entonces sabe a sal y huele a pino. Los 'Tanguillos del abanico' o 'Mi chiquilla'
, por ejemplo, representan esa comunicación en abierto de entendimientos
musicales varios, ese patchwork sin costuras.
Algo así ocurre con el flamenco, que exhibe su cerrazón,
pero después resulta ser muy versátil...
El flamenco tiene un algo espiritual, une
a la gente. El flamenco tiene un sentido muy de clan, de familia, de amistad,
es como la comunión espiritual de la gente que participa. También
es una música extrovertida. Cuando la ves, te metes dentro, te hace vibrar.
Y eso se mezcla con el aspecto introvertido que te da una música tan elaborada.
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"El flamenco es una forma de ser localista... que es la condición
para ser universal"
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El repertorio del disco se centra en estilos vitales, ¿los
que más cómodo te hacen sentir?
Tengo mucho respeto al flamenco porque me
gusta mucho el cante, lo que pasa es que a la hora de tocar es más fácil
tocar aires de fiesta, por el rollo de poder tocar en grupo. Y es que, como se
aprende, es tocando con otros músicos. El flamenco es como una base, es
como ver el mundo con los ojos de un niño criado en la playa, una forma
de ser localista... que es la condición para después ser universal.
También quiero hacer cosas más asequibles y desprenderme un poco
de ese bagaje mío de mi tierra del sur.
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