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El porqué de La Fábrica de Colores.
Sobre la industria
¿La propia idiosincrasia del grupo es lo que os lleva a crear La
Fábrica de Colores como sello propio?
Ramón: El proyecto de La Fábrica de Colores ya venía
de antes. En el primer disco intentamos dar cabida a toda nuestra gente, pues
en esas jam no sólo había gente que hacía música.
Y era como un proyectito. Ya en la carátula del primer disco hay modelaje
en plastilina donde todo el mundo colaboró. Nuestra necesidad artística
nos hizo decidir que teníamos que seguir nuestro camino. La Fábrica
de Colores se convirtió en un sello discográfico, en la plataforma
para sacar nuestros propios trabajos con todo lo que es, conlleva y significa
en esfuerzo. Y ello redunda en el fruto que das al final, que es más tú
que el otro.
¿Y se ampliará en un futuro a otras iniciativas musicales?
Ramón: En tu cabeza puedes ser ambicioso, pero hay que ser coherente.
No venimos de holdings empresariales, hemos estado siempre improvisando sobre
la marcha para hacer lo que hacemos y ahora mismo sólo hay manos para Ojos
de Brujo. Si es cierto que la inquietud artística y creativa que tenemos
podría encaminarse hacia más proyectos, pero no de momento.

Marina la Canillas (Foto: Silvia Calado)
¿Es la forma de sortear las trabas de la gran industria?
Ramón: Hay unas vías marcadas y nosotros nos hemos saltado
un paso, el de las discográficas. El de la distribución, por infraestructura
y porque eres artista y lo que haces al fin y al cabo es tocar, no lo saltas.
Te replanteas qué quieres y cuál es el precio que pagas. Una cosa
que tenemos muy clara es que cuanta mayor repercusión tenga tu obra, mejor,
pero eso tiene un precio. A mí me encantaría regalar los discos,
pero es evidente que no se puede hacer. Hay que buscar vías intermedias.
La vía independiente evita la situación de desamparo que sufre
gran parte del catálogo flamenco...
Ramón: Dentro del mundo del flamenco, es fuerte que del catálogo
antiguo haya más en Francia que aquí.
Marina: Sólo se apuesta por la moda, no por los artistas con
una continuidad. No apuestan por ti, no creen en ti, creen en cuentas de dinero.
Y yo creo que están equivocados.
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