Paco Mora, bailaor
y coreógrafo. Entrevista
“Málaga está
capacitada para cantar,
bailar y tocar cualquier palo flamenco”
Silvia Calado. Madrid, agosto de 2005
El nuevo festival bienal Málaga
en Flamenco tiene en el espectáculo ‘Málaga’
su buque insignia. Concebido, montado y dirigido por Paco
Mora, busca “reflejar la importancia que tiene
Málaga en el flamenco y la aportación de Málaga
hacia otros palos del flamenco”. El bailaor y coreógrafo
malagueño cumple con este encargo su sueño
de llevar a cabo un proyecto flamenco de enjundia en su
tierra natal que, además, sea exportable. Cástings
secretos, horas de investigación en las hemerotecas,
audiciones de bailaores... El camino para llegar a ‘Málaga’
-que se estrena en el Teatro Cánovas el 14 de septiembre-
ha sido laborioso, pero en la expresión de satisfacción
de quien representó el majestuoso papel de Herodes
en la película ‘Salomé’ de Carlos
Saura, se ve que ha merecido la pena. Aunque la inquietud
ya le lleva a pensar en los siguientes proyectos, pues “ahora
me puedo permitir el lujo de seleccionar lo que quiero hacer”.
Paco Mora (Foto: Daniel
Muñoz) |
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¿Cuál es el concepto
del espectáculo ‘Málaga’?
Yo siempre he tenido la idea de hacer un
espectáculo de flamenco para mi tierra. De hecho,
llevo desde 1999 queriendo montar una compañía
estable en Málaga. Cuando surge el proyecto del festival
Málaga en Flamenco, Salvador Pendón, presidente
de la Diputación de Málaga, estima oportuno,
junto con su comité, encargarme que dirija el espectáculo
principal de apertura. Quieren que sea un espectáculo
que cuente algo, pero con artistas malagueños. Ahí
coincidimos los dos. Málaga en el terreno del cante,
el baile y el toque, se queda corta en cuanto a propuesta
musical. Tenemos muchos cantes muy importantes pero, aparte
de los ‘abandolaos’, la malagueña, los
verdiales, las rondeñas, los tangos... nos faltan
palos básicos del flamenco como una soleá,
unas alegrías, un taranto. Entonces lo que he hecho
ha sido ver no sólo los palos propios de Málaga,
sino la aportación malagueña a otros tipos
de cantes, bailes y toques.
¿Por ejemplo?
A la hora de aportar la soleá dentro
del espectáculo, he tenido que tirar de hemeroteca,
para basarme en Trinidad Huertas ‘La
Cuenca’, la primera bailaora que bailó
con pantalón, vestida de hombre. Era de Málaga
y ella rescató una soleá que incluso Sevilla
tenía olvidada, la de Julián
Arcas. Dentro de la parte de los martinetes y seguiriyas,
he hecho la investigación hacia El Planeta, un cantaor
que vino hacia la serranía y aportó estos
cantes un poco más fuertes, más rudos, como
el martinete o la seguiriya. Situar la caña geográficamente
es complicado, porque es una soleá por bulerías,
una soleá apolá que se mezcla con el polo...,
pero hay una letra básica que es “arsa y viva
Ronda”, con lo cual, según los investigadores,
se centra en la serranía. Luego están, por
supuesto, los cantes propios de El Piyayo. También
he querido recuperar esas bulerías que hacía
La Repompa, que eran de El Perchel, con una personalidad
más nuestra. Y, entrando en el campo de la música
clásica, he recurrido al compositor malagueño
Eduardo Ocón, que tuvo mucha influencia a finales
del siglo XIX y principios del XX. En sus ‘Cantos
españoles’ hace aportaciones al flamenco y
escribe unas primeras partituras de un polo, de una soleá...
También he recurrido a ese tipo de influencias. En
definitiva, he querido con este espectáculo mostrar
la importancia que tiene Málaga en el flamenco y
la aportación de Málaga hacia otros palos
del flamenco. Que se vea cómo Málaga está
capacitada para cantar, tocar y bailar cualquier tipo de
palo y no centrarnos exclusivamente en la malagueña
y los abandolaos.
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Paco Mora (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Y cuando hablas de esa singularidad
flamenca malagueña, ¿en qué se caracteriza?
Málaga ha tenido una actitud negativa
hacia el flamenco por ser zona turística. Hemos tenido
un flamenco más dirigido hacia el turismo y se ha
perdido ese empaque del flamenco de zonas como Sevilla o
Jerez. Pero en Málaga provincia encontramos festivales
muy importantes como el de Ardales, Torre del Cante de Alhaurín,
el de Estepona... que mantienen esa fuerza. Por caracterizar
un poco la singularidad de Málaga en el flamenco,
creo que la aportación principal son los cantes abandolaos,
esa forma de cantar letras por rondeñas, o los tangos
propios de Málaga, que se diferencian, sobre todo,
en las caídas de la voz, en esos cambios particulares
de ritmos y de tonalidades.
Intento sacar la personalidad que puede
aportar Málaga. Manuel Machado definió a Málaga
como “cantaora” y, efectivamente, los cantes
de Málaga son difíciles, pero también
hay que sacar esa fuerza que tiene de baile y de toque.
Tenemos buenos bailaores y buenos tocaores, pero ninguno
acaba comiendo en Málaga. Acaban teniéndose
que ir o limitados al terreno del turismo. Queremos sacarlos
del localismo, aportando algo más de modernidad y
actualidad dentro del flamenco. Y lo he querido hacer contrastando
la esencia del flamenco con la más rabiosa actualidad
de la puesta en escena de un espectáculo. No vamos
a llevar ningún instrumento dentro de la obra que
no sea propiamente flamenco. Hoy día todo es flamenco
y soy totalmente partidario de otros instrumentos, pero
queremos centrarnos en lo que le ha dado históricamente
personalidad: el cante, el baile, el toque y las palmas.
¿Cómo habéis
hecho la selección de artistas?
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| "Mucha
culpa de cómo se baila flamenco en Málaga
la tienen los conservatorios, pues no se forman artistas,
se forman futuros funcionarios" |
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Complicado. A mí me ha tocado hacer
muchos cástings en secreto, yendo a ver actuaciones
de artistas a diferentes pueblos. A veces me pasaba que
todo el mundo me veía raro, aparte mi estética
no es lo más flamenca del mundo. Y decían
este viene buscando algo. Ha sido buscar quiénes
son los que pueden aportar. Mi terreno de elección
real, en el cante y en el toque también, pero sobre
todo en mi terreno, el baile. La mayoría de los mejores
bailarines de Málaga no están en Málaga,
están fuera. La selección de los principales
bailaores como son Solera Chica, hija de Solera de Jerez,
y de Sergio Aranda ha sido tras ir a verlos en su propio
jugo, sin que supieran que lo estaban viendo, para comprobar
si están en el terreno en el que yo me muevo. Tengo
una visión distinta respecto a la concepción
de un espectáculo, pues en cuanto veo un cuadro en
el que yo veo la guasa que hay detrás, se me cae
el alma a los pies. A mí lo que me gusta es que un
señor se siente en un cuadro, aunque sólo
haga una ‘patá’ por bulerías,
diga “esto es lo que yo sé hacer” y lo
haga lo mejor posible. Y se parta ahí los pies en
minuto y medio, y respeta al que está sentado y paga
sus treinta euros para verle. Esa selección ha sido
la más dura. Hay muchos más que podrían
estar pero, evidentemente, hay que seleccionar. Después
hice audición para cuerpo de baile principalmente.
¿Y has hecho descubrimientos
en el cásting?
Me ha sorprendido que el flamenco en Málaga
en el tema del baile no esté como debiera estar.
Mucha culpa de cómo se baila flamenco en Málaga
la tienen los conservatorios, pues no se forman artistas,
se forman futuros funcionarios. Y se pierde mucho. Sacas
a una niña que está terminando y le pides
que baile por tarantos y, como no está en la carrera,
no sabe lo que es un taranto. Eso es lo malo. Y me ha sorprendido
que hay mucho más de lo que creía... pero
está fuera de Málaga.
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