Paco Cepero, guitarrista
flamenco. Entrevista
“Ahora estoy descubriendo
lo que llevo dentro”
Fermín Lobatón. Jerez, noviembre de
2007
El guitarrista jerezano Paco
Cepero celebra en este año un doble aniversario.
De un lado, sus bodas de oro con el arte; de otro, su
sesenta y cinco cumpleaños, una edad simbólica
asociada a una jubilación que, por ahora, parece
quedarle lejos. Cepero acaba de publicar ‘Abolengo’
su tercer disco de concierto desde 2000, una obra que
se puede calificar de madurez y que muestra la serenidad
que luce el artista, regresado desde hace unos años
a su ciudad natal donde reside en la misma calle en que
nació del Barrio de San Miguel. Puede que la mejor
manera de comprender esa serenidad de su grabación
sea compartir una tarde en su residencia jerezana, de
la misma forma que, para entender la música y el
toque de Paco Cepero, lo mejor sea conversar con una guitarra
al lado, porque él no dudará en agarrarla
y mostrar los elementos que hacen del suyo un sonido único
y perfectamente reconocible.
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Paco Cepero (Foto Daniel
Muñoz) |
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En siete años ha grabado
tres discos de concierto, más de treinta composiciones
propias, algo que quizás no sea muy habitual entre
los guitarristas. ¿Supone eso que la fuente no
se agota?
Lo que supone es que ahora cojo más
la guitarra, tengo más tiempo, más serenidad
y he vuelto a reencontrarme con lo que a mí me
llega al alma, que es la guitarra. He tenido una trayectoria
muy amplia, con un paréntesis muy grande de producciones
y canciones, pero como yo estoy disfrutando ahora no lo
he hecho nunca. Ahora, a mis sesenta y cinco años.
Después de esa etapa que ha mencionado,
¿siente que en este regreso a la guitarra le ha
costado recuperar el sitio que tenía?
No es que me haya costado, es que me
está costando, porque en realidad yo estaba olvidado
y decir ‘estoy aquí, vivo’ ha sido
muy difícil. Pienso que he tenido bastante suerte
porque creo que en mi estilo de toque siempre he tenido
personalidad y tengo mis seguidores, sobre todo, entre
la gente joven, que siento que me está dando mi
sitio y me tienen como maestro.
¿Lamenta, quizás,
algo del pasado?
Yo estoy contento con mi vida. Y si hubiera
seguido con la guitarra no sé si habría
sido mejor. Pero, en esa etapa, no es que perdiera el
tiempo… Sí lo perdí con respecto a
la guitarra, pero es que cuando tuve un primer éxito,
que fue ‘Amor, amor…’ de Lolita, es
que me empieza a venir una lluvia de contratos millonarios
y, como comprenderá, con una canción me
llevaba más que en dos años tocando en Torres
Bermejas. Aquello me hizo ponerme en una nube y en eso
estuve muchísimos años porque era un éxito
tras otro. De Chiquetete, Julio Iglesias, Rocío
Jurado, La Pantoja, Manolo Escobar, El Fari, María
del Monte, María Jiménez, María Vidal,
Los Marismeños, Bordón 4… muchísima
gente. Me pedían, me pagaban y me dejaba querer.
Era una etapa de locura. Vivía en el estudio de
grabación. Diez, doce producciones en un año…
Yo es que ni veía a mis hijos. Y así, inconscientemente,
el sitio que tenía ganado a pulso acompañando
con la guitarra, cuando me vine a dar cuenta, lo había
perdido. Como compositor había ganado mucho nombre,
pero como guitarrista estaba olvidado. Y cuando me vengo
a mi tierra, me viene la reflexión y me doy cuenta
de que he hecho una barbaridad conmigo mismo. Entonces
empieza mi nueva etapa. El mundo del disco se ha venido
abajo y ya no te llaman para componer, y yo lo único
que sé hacer es tocar la guitarra. No tenía
cantaores, pues a la guitarra de concierto.
Una modalidad que se ha convertido
en una especie de refugio para usted, que siempre se distinguió
por el acompañamiento al cante.
Es que no tengo otra cosa. Antes tenía
muchísimos cantaores, pero han ido desapareciendo
y me encuentro solo. Tampoco los festivales flamencos
son lo mismo; así que por supervivencia me he tenido
que dedicar a la guitarra de concierto. Al principio no
me veía, la responsabilidad es grandísima
y, además, hay que estudiar. Acompañar al
cante es para mi algo muy hecho. Es de lo que puedo presumir
en la vida, de que he sido un aficionado al cante y de
haber acompañado bien al cantaor. Por lo pronto
de no molestarlo, porque yo cogía a un cantaor,
le tocaba dos o tres veces, se hacía a mí
y ya no había quien le tocara.
Paco Cepero (Foto Daniel
Muñoz)
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Curiosamente, en esta etapa tan
sólo tiene un disco de acompañamiento, el
celebrado ‘Morrongo’
junto a Santiago Donday (NM, 2003). A este cantaor sí
que no se le podía molestar, ¿verdad?
¡Que va! Era un cantaor que no
estaba muy acostumbrado a la guitarra. Él cantaba
mucho mejor con el soniquete, con los nudillos, y la guitarra
le incomodaba, le cohibía; pero me gustó
mucho grabar con él porque era uno de los pocos
cantaores que quedaban de fragua, con voces de bronce.
Otro parecido era Chocolate,
y es que he tenido la suerte de tocarle a Terremoto, a
La Perla, a Tío Borrico, a Sernita, a Sordera,
a Tía Anica la Periñaca… Fíjate
que hechuras de cantaores. Nací en la época
justa en que quedaban esas reliquias. Después vino
esa generación de gente más joven que luchábamos
por hacer algo nuevo. Ahí estuvo la siembra de
lo que hoy se está recogiendo. Camarón,
Pansequito, Turronero, Lebrijano, Juan Villar… yo
que sé. En esa época es que le tocaba a
todo el mundo.
¿Cuál considera
que fue su aportación al toque en la etapa de acompañamiento?
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| "Yo
creo que impuse el toreo despacio" |
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Yo abrí una brecha en esa época.
Cuando empieza el sonido y el estilo Paco Cepero a definirse
más fue con Turronero en aquella bulería
de Caballero Bonald “Olivaritos del campo/ quién
los varea”. Ahí creo que empiezo a poner
mucho más despacio la guitarra y la pongo dentro
de donde está más o menos hoy. Ese cambio
sorprendió mucho porque en esa época se
tocaba muy ligero. Yo creo que impuse el toreo despacio.
Y las falsetas…
Sí. Creo que soy de los primeros
guitarristas que le pegaban ovaciones en el acompañamiento.
Pero yo no iba a lucirme, nunca he sido así. A
mí el cantaor me daba mi sitio para él respirar
y yo hacía mi falseta. Lo que pasa es que yo tenía
una forma de tocar que le llegaba al público y
me aplaudían. Pero no es que yo le quisiera quitar
protagonismo al cantaor. A la vista está que todos
querían que les tocase.
Antes de esa etapa dorada de
los festivales, usted tenía ya a sus espaldas años
de tablao e, incluso antes, de fiestas y ventas en Jerez.
Yo me he llevado dieciocho años
de tablao. Y aquí en Jerez, buscando fiestas con
los señoritos, otros cuantos. Luego me sacó
La
Paquera en su mejor momento, y después Manolo
Caracol en su última compañía.
Es que cuando tú llevas tanta trayectoria, tienes
tantas vivencias, pues te tiene que salir si tienes algo
de sensibilidad. A mí, ahora mismo, sin esforzarme,
me está saliendo todo lo que me he empapado en
los más de cincuenta años de profesión.
Porque yo pongo esos años contando una actuación
en un teatro importante, que fue el Falla de Cádiz
en el mes de enero de 1958, pero tocando la guitarra llevo
más tiempo.

Paco Cepero (Foto Daniel Muñoz)
Bodas de oro con un disco, ‘Abolengo’.
¿Cómo describiría ese disco?
Yo digo que tiene dos vertientes, una
flamenca y la más musical. Es mi vida, lo que es
Paco Cepero. Si me he caracterizado por algo cuando he
hecho música es por que tengo una facilidad para
crear melodías. Y después, en el flamenco,
aunque esté mal que hable de mí, creo que
mi guitarra suena flamenca. Le ataco mucho a los bordones,
pongo el alma, y mi forma de rasguear… También
está la herencia de mi maestro, Rafael del Águila,
que me hizo escuchar mucha guitarra clásica.
Desde que ha regresado, ¿cómo
se ha encontrado a la guitarra?
Yo siempre he escuchado guitarra y he
admirado mucho a mis compañeros. Me acuerdo cuando
yo estaba con Camarón, que le tocaba todos los
días en Torres Bermejas, y apareció por
allí Paco
de Lucía y fui partícipe de que grabaran
juntos, porque yo era un admirador de Paco. Camarón
me preguntó si me importaba que le tocara Paco,
y a mí qué me iba a importar, si esa era
una pareja irrepetible…
Pero, ¿su opinión
de la guitarra flamenca actual?
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| "Solamente
le diría a la juventud que, aunque lo que
están haciendo es una maravilla de armonización,
que no se olviden del flamenco" |
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Pues yo creo que ya no se puede tocar
mejor que como está tocando la nueva generación.
Solamente le diría a la juventud que, aunque lo
que están haciendo es una maravilla de armonización,
que no se olviden del flamenco. No vaya a ser que con
tanta riqueza en armonías se vaya a perder lo que
es el flamenco. No podemos perder nuestras raíces.
Con tanta riqueza se corre el riesgo de que nos parezcamos
a los demás, llámese John Williams, Baden
Powell… cualquier guitarrista de los que puede meter
mil cambios de armonías y de transporte de cuerdas,
pero el flamenco tiene tanta riqueza… Es un legado
que nos han dejado nuestros mayores y que no podemos perder.
Evolucionar sí, pero sin salirnos del tiesto.
Y con respecto al flamenco en
general, ¿cuál es su opinión?
El cante, para que me pegue un pellizco
hoy, tengo que coger unos alicates. Hoy queda poca gente
que te pegue pellizco cantando. También aquí
se ha ganado en técnica, pero yo prefiero el corazón
y el alma, la voz desgarrá y que me llegue al alma
a que me digan muchas cosas y no me entere de na.
¿Un último mensaje?
Me gustaría añadir que
estoy encantado por el recibimiento que me han hecho a
mi nueva etapa y que espero que sepan considerar que siendo
un guitarrista de hace ya muchos años, pues que
todavía me aguanten. Porque hoy está la
guitarra en otro ambiente, pero veo que cuando se toca
flamenco también te admiran.
De toda su etapa de composiciones,
¿existe alguna canción talismán para
usted?
Hay una que me dio muchísimo y
que fue ‘Esta cobardía’, un éxito
mundial que la grabó El Puma, Julio Iglesias, Los
Panchos, además de Chiquetete, que fue quien la
dio a conocer. Está también la de Lolita
(‘Amor, amor’) que me abrió el camino,
aunque el primer tema que pega fue ‘Me tocó
el perder’ de Turronero. Era una época en
la que yo le daba canciones a la gente para que las cantara.
Ni estaba registrado en autores ni nada. Mi orgullo era
que otros las cantara.