|
Entrevista a Paco Jarana,
guitarrista:
"Un mudo puede grabar un disco de cante
y un manco otro de guitarra"
Alberto García Reyes
Su toque huele a Yerbabuena. Pero suena a Jarana. Su actitud anacoreta lo
ha relegado a las sombras del arte durante muchos años, mas el éxito
de su bailaora no es sólo fruto del baile. La música de este genio
de Dos Hermanas ha sacado los codos en medio del desdén para reivindicar
su sitio. Eva la Yerbabuena no para de agradecerle su maestría. Pero Paco
Jarana prefiere agachar la cabeza y seguir tocando.
Paco, en el mundillo se habla de ti como uno de los mejores guitarristas
flamencos de la actualidad. Sin embargo, no te decides a grabar un disco, prefieres
entregarte por entero a La Yerbabuena.
Estoy potenciando a una artista como Eva y, además, suelo acompañar
a maestros como Chocolate o El Lebrijano. Sólo con escucharlos respirar
me basta. No quiero más. Por suerte, ahora hago lo que siempre soñé,
aunque estar tan liado me quita mucho tiempo para estudiar y reconozco que estoy
viviendo de lo que estudié cuando tenía quince años.
¿Nunca has tenido ilusión por hacer tus propios conciertos?
Cuando empiezas en esto, sueñas con tocar solo y dar tus recitales.
En esos momentos corres como un gamo, estás sobrado de técnica.
Pero, por circunstancias, necesitas vivir y buscas otras alternativas. No hablo
de comer y ganar dinero, sino de la necesidad de formarte, porque tocar para el
baile y para el cante es fundamental.

Arcángel y Paco Jarana
¿Crees que hoy sobran los guitarristas que no han pasado por esa
escuela?
El gusano de querer tocar solo siempre está ahí pero, si no pasas
por el atrás, no te estás ayudando ni a ti ni a nadie. Cuando te
vas formando con gente que te dice "no corras" o "ese tono no es",
vas entrando en una dinámica muy positiva. No sé por qué
la gente no se preocupa hoy por acompañar bien y sólo pretende buscar
protagonismo. Como guitarrista, tienes que aceptar que estás detrás,
pero también tienes que tener claro que el cantaor o el bailaor no pueden
despuntar sin tu ayuda. Ahí está tu importancia. Yo no soy menos
por acompañar. Ahí están el Niño Ricardo, Paco de
Lucía, Sabicas o Melchor.
Pero tú ya tienes suficiente escuela como para grabar un disco si
te lo propones, ¿no?
Es mucha responsabilidad. Tengo mi material y hay mucha gente que empezó
conmigo, como Chicuelo o José Luis Montón, que tiene su disco. Pero
yo soy de otra manera, creo que no tengo la suficiente formación. Mucha
gente me dice que puedo grabar, pero no me lo creo porque yo sé hasta dónde
puedo llegar. Eso sí, puedo permitirme el lujo de decirle a uno con seis
discos que no es un buen guitarrista. Yo soy un simple artista de Sevilla, escucho
a B.B. King y a Melchor porque lo necesito, sé dónde estoy ubicado
y no tengo pretensiones de hacer cosas que no conozco. Hoy día, un mudo
puede grabar un disco de cante y un manco otro de guitarra. Eso es así.

Arcángel y Paco Jarana
Prefieres seguir componiendo y tocando para Eva la Yerbabuena...
El día que no le pueda dar lo que ella me pide me apartaré, eso
lo tengo claro. Pero hasta entonces, trataré de que mi música esté
a la altura de su baile. Yo he disfrutado mucho tocando para bailar. Con Mario
Maya me lo pasé tan bien que decidí que ahí es donde yo quería
estar.
| "Recuerdo que una vez le dije a Farruco: 'Maestro, vamos
a ensayar'. Y él me respondió: '¿Ensayar? ¿Tú sabes tocar por soleá?, pues ya
está' " |
|
| |
|
Aprendiste con tu padre, Luis Franco, y luego estuviste con Riqueni e Isidoro
Carmona. ¿Qué les debes?
A mi padre todo. Él ha querido lo mejor para mí siempre, me enseñó
a ser honrado y me puso por delante la guitarra de mi abuelo, una Santos Hernández.
Desde entonces, sé que hay que respetar al flamenco. A los trece años
me llevó con Riqueni y
entré a tocar con Mario. Allí conocí a Isidoro, y creo que
tanto él como Riqueni son dos genios que ahí quedarán, lo
que han hecho ya no se lo va a quitar nadie.
¿Y a ti que es lo que ya no te va a quitar nadie?
Los recuerdos. He estado con todos los bailaores de mi época, con Farruco,
Matilde... ¿Por qué Matilde es Matilde? Cuando le tocas, lo ves.
Es una pintura. ¿Y Farruco? Recuerdo que una vez le dije: "Maestro,
vamos a ensayar". Y él me respondió: "¿Ensayar?
¿Tú sabes tocar por soleá?, pues ya está". Y
nos subimos al escenario a lo que saliera. Eso me lo llevo yo, no me lo tiene
que contar nadie porque lo he vivido en mis propias carnes.
Hablando de recuerdos, tu nombre artístico forma parte del anecdotario
flamenco, ¿no?
Yo me llamo Francisco Franco y me crié en el barrio de la Jarana, uno
de los más antiguos de Dos Hermanas. Cuando era niño mi padre me
llevó a un concurso en Jerez y me clasifiqué para la final. Pero
cuando el presentador dijo mi nombre se escuchó un murmullo muy grande.
Lo de Francisco Franco llamaba la atención, así que mi padre decidió
cambiarme el apellido y a partir de entonces me quedé con el nombre de
mi barrio.
Ya ha llovido desde entonces, porque ahora hay quien va a los espectáculos
de La Yerbabuena con una grabadora en la mochila para cogerte falsetas...
Eso lo hemos hecho todos y creo que es buena señal. Que haya gente pendiente
de lo que tocas es algo que te ayuda mucho, porque muchas veces crees que estás
solo, que nadie te echa cuenta, y no es cierto.
Cómo cambia la vida. Tú lampabas para que tu padre te llevara
a casa de Riqueni y ahora son las nuevas generaciones las que quieren conocerte
a ti para aprender.
Pues aquí estoy para lo que quieran. A ellos es a quien más me
debo. Por ellos merece la pena coger la guitarra cada mañana y echártela
encima.
Aún así, eres muy exigente contigo mismo. ¿Te quedan
muchas cosas importantes por hacer?
En lo personal, lo que me queda es criar a mi hija. Y en lo artístico,
hacer mi disco, porque me veo obligado a dejar algo a las nuevas generaciones
para que, al menos, se sepa quién era yo. Por lo demás, con haber
conseguido ser guitarrista me sobra, sobre todo, porque además he nacido
en Sevilla y yo me quedo con la escuela de Quique Paredes, Manolo Franco... Esos
son los míos.
|