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Pastora Galván. Tangos. Festival de Jerez 2006
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Pastora Galván
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“Que me identifiquen con Israel Galván me exige más, pues mi hermano está a un nivel al que poca gente llega”


Pastora Galván, bailaora. Entrevista de flamenco

“No busco que me vean como mi hermano
Israel ni como una Yerbabuena”

Carlos Sánchez. Sevilla, abril de 2006

De tal palo, tal astilla. Pastora Galván no podría dedicarse a otra cosa que no fuera a bailar. La hija de los bailaores José Galván y Eugenia de los Reyes, y hermana del también bailaor Israel Galván, da continuidad a una saga de artistas donde el baile está por encima de todo. Consciente de las dificultades que trae consigo pertenecer a una familia como la Galván, la joven artista sevillana lucha día a día por ser ella misma. No quiere copiar ni parecerse a nadie. Trabajadora incansable, trata de desligarse de las comparaciones infundadas que la rodean. Su baile conjuga la tradición con un aroma fresco de renovación. Admiradora de su padre y de su hermano, trata de aglutinar ambos conceptos de baile en unos planteamientos estilísticos plagados de personalidad, donde la cadera y el braceo cobran el protagonismo necesario.

 

Pastora Galván (Foto: Daniel Muñoz)
   

Provienes de una familia eminentemente bailaora, ¿estabas predestinada a serlo?

Mi padre me puso el nombre de Pastora para que fuese bailaora. Mi madre, cuando estaba embarazada de mí, bailaba. Eso ha podido influir. Con un año o dos ya estaba en la academia de mi padre. También desde muy pequeñita iba al tablao La Trocha a ver bailar a mis padres. Allí me quedaba dormida en los camerinos. Con todo este ambiente tenía que ser bailaora.

¿Se nace bailaora?

Creo que no. Pienso que puedes nacer con el arte y la garra, pero luego tienes que aprender la técnica. Puede que los genes te den más facilidad para bailar, pero no se nace sabiendo. La gente cuando me ve bailar me comenta que mis brazos se asemejan mucho a los de mi madre, y yo no he visto nunca bailar profesionalmente a mi madre porque lo dejó cuando yo nací. Tan sólo la he visto bailar en alguna fiesta que otra. Hay cosas que la propia naturaleza te da, pero hay que estudiar y aprender.

Y proceder de una familia así, ¿es una ventaja o una responsabilidad?

Por un lado es una ventaja, pero por otro es una desventaja. Ventaja porque lo tienes en casa. Tus padres te van guiando y te van diciendo lo que es mejor y peor. Pero desde la otra perspectiva, yo lo tengo bastante difícil porque todo el mundo me identifica con mi hermano Israel Galván. Y tú que me conoces sabes que no me parezco a él bailando. Puedo tener un aire, pero eso no quiere decir que baile igual que él. En algo nos tendremos que parecer porque eso está en los genes. Incluso hay gente que le dice a mi hermano que también tiene los brazos de mi madre. Me da mucho coraje que me digan que soy la hermana de o la hija de. Aunque también te digo que para mí, tanto mi padre como mi hermano son los mejores. Pero yo también estoy trabajando por mí misma, y me llamo Pastora.

¿Te está costando que te identifiquen con tu propio baile?

Sí. Mi baile no tiene nada que ver con el de Israel. Cuando la gente me ve, cambia de opinión. En más de una ocasión he ido a trabajar y la gente pensaba que yo bailaba igual que mi hermano. Luego han visto y han comprobado que eso no es así. Ahí es cuando ya me quedo más tranquila. El hecho de que me identifiquen con él me exige más. Mi hermano está en un nivel al que poca gente llega. Yo voy por mi camino. Antes de establecer comparaciones, hay que distinguir que soy una mujer y que tengo el baile de mujer, que es muy distinto al del hombre. No se nos puede comparar.


Pastora Galván
(Foto: Daniel Muñoz)
 
   

¿Te has sentido presionada en tu casa?

Sí. Mi padre siempre me exige y me controla mucho. Por ejemplo, cuando era pequeña mi padre no me dejaba patinar por temor a que me partiera un pie. Y ya sabes, todas las niñas de mi edad en esa época tenían patines. En el fondo se lo agradezco porque nunca me he partido un pie. Pero yo no he vivido la infancia como otra niña cualquiera. Con diez años ya me apuntaron al conservatorio sin saberlo. Es decir, que por las mañanas iba al colegio y por las tardes al conservatorio. No tenía tiempo ni para jugar con muñecas. Es muy complicado tener a una familia que está tan metida en esto. Siempre están encima de ti. Alguna vez que otra he bailado y mi madre ha sido la primera crítica conmigo. Yo se lo agradezco porque son los primeros que se sinceran conmigo. Pero es muy duro criarse en una familia de flamencos. Por lo menos, en mi caso.

¿Y eso ahora lo agradeces?

A mi padre le doy las gracias por todo lo que nos ha enseñado y nos ha dado. Pero también me hubiera gustado jugar un poquito más y no tener tantas responsabilidades desde tan pequeña. Sólo me relacionaba con la gente del conservatorio. Cuando terminé de estudiar allí no tenía amigas.

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