Pedro Ojesto
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores

 

"Intenté sentirme dentro del flamenco para poder mirar hacia fuera y ver qué podía aportar con toda la ensalada de información musical que tenía"

 

 


Pedro Ojesto, pianista. Entrevista

“La gente está apegada a la etiqueta ‘joven flamenco’ como lo moderno, pero han pasado treinta años”

Silvia Calado. Madrid, junio de 2004
Fotos: Daniel Muñoz

La toma de contacto de Pedro Ojesto con el flamenco fue temprana y de lo más particular. “Mi abuelo era otorrinonaringólogo y era el médico de Manolo Caracol, su ídolo. Yo lo conocí cuando era muy chico. Por aquélla casa veía pasar a muchos flamencos”. El abuelo le regaló una guitarra y fue aprendiendo las falsetas de Sabicas, a quien también conocía. “Ese fue mi primer contacto y ahí quedó como una isla, pero hizo mella”. Sin cerrarse a ninguna música y especialmente apegado al jazz, inició un camino cuyo destino era el flamenco. Compositor, intérprete, profesor, productor, arreglista... Pedro Ojesto es un polifacético trabajador de la música, curtido en mil batallas. La última es ‘Quiero’, un disco que comparte con su trío y con “una ensalada de invitados que representan mis fantasías”. El piano flamenco y el flamenco fusión son temas que analiza con cordura y una pizca de crítica.

 

Pedro Ojesto
   

El primer contacto serio con el flamenco fue con La Cuadra de Sevilla. “Hacía música para teatro y ahí vomitaba toda la mezcla que llevaba dentro. Hice obras como ‘Herramientas’ con Salvador Távora”. Y esto le abrió de nuevo la puerta. “Tuve el honor de conocer a Antonio Mairena que, con todo lo purista que era, aquello que hacíamos le entró. Veía tanto espíritu flamenco”. Ya entonces acompañaba a los guitarristas con el órgano... e incluso a Enrique Morente, “que antes de ‘Misa Flamenca’ ya metía alaridos encima del órgano, ya buscaba”.

A pesar de estas experiencias, Pedro Ojesto sentía que “había como una barrera para entrar en el flamenco, no como invitado, sino como si estuviera en mi casa”. Antes de tener esa ansiada llave, “lanzó una mirada al jazz desde la música española, con raíz flamenca, pues en aquella época yo lo veía como una analogía con todo el jazz europeo”. Definitivamente, quien le abriría la puerta sería El Bola, “guitarrista con el que he trabajado en todo lo que ha hecho”. A su lado, ha “tenido la suerte de ver iniciarse a flamencos tan nombrados como Bernardo Parrilla, que tenía un violín con unas cuerdas que parecían de tripa de gato y no sabía ni tocarlo. Los primeros ‘bolos’ los hacía con El Bola y conmigo; igual que Bandolero, que hizo su primera actuación con nosotros en La Cova del Drac de Barcelona”. Para entonces, Ojesto dice que “tocábamos ya flamenco, en un momento en el que se empezó a gestar toda esa fusión con el jazz”.

Una vez seguro de “el flamenco era mi eje”, fue intentando “sentirme dentro del flamenco para poder mirar hacia fuera y ver qué podía aportar con toda la ensalada de información musical que tenía”. Aquella preocupación se iba a ir plasmando en los primeros discos: “El primer trabajo que yo hice en solitario fue ya directamente flamenco. No había ni una batería, era de lo más purista, en el sentido de que el sonido fuera lo más flamenco posible. Huía de que en mi fraseo hubiera frases de jazz o de blues, eso me rompía, quería que fuera un desarrollo desde dentro del flamenco hacia otras cosas. Y así un poquito alemán estaba hasta hace unos años. Ya me he hartado y ahora me da igual”.

‘Quiero’, su último disco, lo demuestra. “Lo he hecho con la intención de grabar lo que hay. No he pretendido elaborar, sólo concentrarme mucho para hacerlo muy en serio, pero con una filosofía muy del jazz, que creo que es lo que siempre conservaré”. Y esa filosofía consiste en ser “muy libertaria, muy de interacción entre los músicos, de mucha madurez, más rodada que la filosofía de los músicos del flamenco”. Destaca que en este ‘know how’ jazzístico “se valora más lo auténtico que lo puro”. De ahí que afirme con rotundidad que “no me gustan los estilos, me gustan los artistas”. El pianista madrileño explica que “un jazzista abierto es capaz de valorar muchísimas cosas, no está atado a un estilo ni a un lenguaje. Y eso es lo que creo que me ha hecho entrar en el flamenco y sacar un pie fuera para al final ver que no me puedo ir pero, a la vez, estoy abierto a miles de cosas”.

Un disco clásico

Un adjetivo llama la atención en el libreto: clásico. Al calificar así el disco, Pedro Ojesto se refiere “a que es un disco en el que no hay un cable, es todo acústico, está tocado de una forma clásica, no hay muchos pinchazos, lo que hemos tocado en directo el grupo en el estudio es lo que está grabado y la gente va a escuchar”. Critica que “ahora mismo en todos los discos del flamenco está la fiebre del ‘Pro Tools’, todo el mundo retoca, pone, pincha, recorta, edita, lo repite mil veces hasta que la frase suena perfecta. Yo he huido de eso, hemos tocado lo que sabemos tocar y mañana lo podemos tocar aquí”. La estética, según matiza, es también clásica, “respecto a lo que era moderno hace veinte años. La gente se ha quedado apegada a la etiqueta joven flamenco como lo moderno, pero han pasado treinta años”.

A él le inquieta mirar más adelante: “Yo ahora mismo estoy pendiente de las nuevas tecnologías, de algunos ‘dj’s’ que me están dejando flipados. No todas las tendencias nuevas me gustan, pero algunas sí como las de algunos músicos de jazz que se han mezclado con productores de ‘drum and bass’ como James Scofield”. Y sentencia que “estamos en el siglo XXI y la cosa va muy de prisa. El flamenco pop que estaba de moda creo que hasta ha podido tocar fondo ya. En cuanto a música innovadora, la frescura que aportó al pop el flamenco ya está. Los brasileños dieron un paso muy grande, los cubanos también y los flamencos tardaron en incorporarse a ese tren, el tren ya se había ido y ahora hay otro. Los más listos lo que han hecho es tirar para atrás y ser más flamencos, que es lo que realmente tienen que hacer”. También Pedro Ojesto ha tirado para atrás, “pero me he mirado más a mí que al flamenco a ver qué llevo dentro, cuál es mi bagaje y creo que he ganado en autenticidad respecto al anterior disco”.

 
"El flamenco pop que estaba de moda creo que ha podido tocar fondo ya"

Además, hace referencia a la pureza del flamenco: “Si estoy tocando a Sabicas, más puro no se puede ser”. A ello se suma que “estoy tocando de una forma muy sobria”. En definitiva, “no he pretendido decir nada nuevo que no se hubiera dicho hace veinte o treinta años, sino hacerlo mejor, hacer un trabajo muy equilibrado, más limpio y con la máxima calidad”.

Todo ello perfuma un repertorio lleno de serenidad: “Hay seguiriya, soleá, unos temas de jazz que evocan mis añoranzas del sonido de Bill Evans; aunque no toco ningún tema que se le parezca, sí lo tengo como halo en un ambiente muy jazzero. El que toca Jorge Pardo tampoco es precisamente el más flamenco, puede ir en un compás parecido a la bulería pero lo hemos tratado más como un tres por cuatro del jazz, en la onda europea que se hacía hace veinte o treinta años”. Y es que el disco “tiene varias caras, una que va más hacia el jazz, otra va más hacia el flamenco”. En gran medida, las definen los invitados, “una ensalada de artistas que representan mis fantasías”. Ramón el Portugués “interviene en la seguiriya que es lo más arriesgado de todo, quizás lo que más pretensiones pueda tener, pues es un palo de raíz, un poema muy fuerte, cantado por un cantaor con mucha solera”. Curiosamente, el descendiente de Porrinas de Badajoz da una vuelta de tuerca al cante... “Sí, es que Ramón es un gran experimentador, le apasiona buscar cosas nuevas”. Y recuerda la experiencia de ‘Chanson Flamenca’: “Estaba entusiasmado con el proyecto, hizo una adaptación que le venía perfecta y para él eso era flamenco, pero un flamenco diferente”.

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